Los primeros días fueron agotadores.
Marcos le enseñó la ciudad, las estaciones del metro y algunos lugares donde podría buscar trabajo.
Pero también aprovechaba cualquier momento para hacer el ridículo.
Una tarde, mientras caminaban por un parque, decidió perseguir a una paloma.
—¡Ven aquí! ¡Quiero ser tu amigo!
La paloma salió volando.
—Te rechazó —dijo Elena entre risas.
—No me rechazó... solo se hizo la difícil.
En ese momento otra paloma pasó volando... y dejó un recuerdo sobre el hombro de Marcos.
Elena no pudo contener la carcajada.
—¡Eso fue un ataque planeado!
—¡Las palomas me odian!
Los dos terminaron riendo hasta que les dolió el estómago.
Sin embargo, al llegar al apartamento, todo cambió.
Elena vio una fotografía de su familia en el celular.
Las lágrimas aparecieron sin pedir permiso.
Marcos se acercó sin decir una palabra.
Solo la abrazó.
—Los vas a volver a ver —susurró.
Ella asintió.
Aunque, en el fondo, el miedo seguía acompañándola.