Esa tarde, Elena volvió a la cafetería.
No por casualidad… sino porque algo dentro de ella la empujaba.
Y lo vio.
El mismo chico.
Sentado solo.
Mirando por la ventana como si el mundo no le perteneciera.
Cuando ella entró, él levantó la mirada.
Un segundo.
Dos segundos.
—Otra vez tú —dijo él con calma.
Elena se acercó con timidez.
—Parece que sí.
—El café de este lugar tiene la costumbre de atraer choques humanos.
Ella soltó una risa pequeña.
—Prometo intentar no chocar más.
—No prometas eso —respondió él—. Sería aburrido.
Elena se quedó en silencio.
Había algo extraño en él.
No era arrogante.
No era frío.
Era… distante.
Como alguien que aprendió a no esperar nada de nadie.
—No te he dicho mi nombre —dijo él finalmente.
—Elena.
—Daniel.
El nombre quedó suspendido entre los dos.
Desde la distancia, Marcos los vio otra vez.
Y esta vez no sonrió.
Solo apretó los puños… sin entender por qué le dolía tanto verla con él. 💔