Al día siguiente, Marcos apareció con dos cafés en la mano.
—He decidido algo importante —dijo con seriedad.
Elena lo miró mientras tomaba el café.
—¿Qué cosa?
—Voy a ganar al chico misterioso.
—¿Ganar? —repitió ella.
—Sí. En popularidad. En presencia. En… todo.
Elena soltó una carcajada.
—¿Esto es una competencia ahora?
—La vida es una competencia, Elena. Yo solo juego para ganar.
—Estás loco.
—Loco pero encantador.
Siguieron caminando, pero Elena notó algo.
Marcos reía.
Hacía bromas.
Saludaba a todo el mundo.
Pero cada vez que mencionaba a Daniel, su sonrisa se tensaba apenas un segundo.
Y Elena lo veía.
Siempre lo veía.
—Marcos… —dijo ella de repente.
—Dime.
—No tienes que competir con nadie.
Él se quedó callado un momento.
Luego sonrió, esta vez más suave.
—Lo sé.
Pero no dijo nada más.
Y por primera vez, Elena sintió que había cosas en su amigo que aún no conocía.