Entre Dos Lunas

La Primera Luna

Eran exactamente las 12:30 del día, Juan Antonio había salido de forma apresurada de su departamento, así que optó por vestir de forma casual, ansioso como se encontraba no pensó mucho en qué combinación elegir, ciertamente cualquiera que hubiese elegido le hubiera sentado bien, era un hombre de complexión media, si bien no era atlético, se mantenía en forma gracias a la actividad física que demandaba su trabajo y a la alimentación balanceada que acostumbró desde niño, con 1.80 mts. de estatura y de tez morena, mucho se asemejaba a los guerreros azteca de los cromos que su madre acostumbraba coleccionar, siempre destacó del resto de sus compañeros por su galanura.

Ansioso, se encontraba sentado en una de las mesas del Café La Condesa, muy cerca del Centro Histórico, había acordado reunirse con Luna en punto de las 12:30, -¿cómo la reconoceré?- le preguntó al acordar la cita, -yo lo conozco, pero sin duda cuando usted me vea, sabrá que soy yo- le contestó.

Miró su reloj, eran las 12:30 en punto, y la vió entrar, tal como le había dicho, sabía que era ella, una joven mujer de rasgos indígenas y de exquisita belleza, de cuerpo menudo y tez morena, con grandes y profundos ojos oscuros, caminaba con tal delicadeza que parecía flotar, mientras su pelo negro azabache, que caía suelto hasta su cintura, se mecía suavemente con el movimiento, llevaba la vestimenta tradicional de la mujer milpaltense, blusa blanca decorada en punto de cruz rojo, verde y azul marino, una faja tejida de color rojo, falda azul marino y rebozo verde, de no ser porque sentía que el corazón se le salía del pecho y le faltaba el aire, hubiera pensado que se encontraba soñando.

Cuando ella llegó a su mesa, él se levantó para ofrecerle una silla, una vez instalados uno frente a otro, la mujer se presentó, -como le dije me llamo Luna, pertenezco a la comunidad de Milpa Alta, somos gente de antiguas tradiciones, usted es alguien a quien hemos estado esperando-, -un momento, me prometió que si nos veíamos me diría que es lo que me está pasando, he llegado a pensar que estoy enloqueciendo- dijo Juan Antonio poniendo la mano derecha sobre la mesa, -¿ha escuchado hablar de los Tlacatecolotl?-, preguntó ella bajando el volumen de la voz, -sí claro, he estudiado algo de antropología social, son seres malévolos, mágicos, mitad hombre, mitad animal- contestó él queriendo resumir en pocas palabras todo lo que había leído acerca de aquellos enigmáticos seres, -son servidores del mal, los hombres búho son los maestros de la oscuridad, su sola presencia es el presagio de las peores desgracias- dijo ella haciendo una mueca de preocupación, -¿quiere decir que lo que he estado viendo es un hombre búho, que me ha estado acechando?....tengo entendido que son mitos, son leyendas, son……….el fruto de un intento por explicar lo inexplicable- dijo él resistiéndose a creer lo que escuchaba, entonces inesperadamente ella tomó su mano, y como en tropel llegaron a su mente una serie de imágenes incomprensibles, se veía a sí mismo transformándose en un enorme jaguar y correr por el bosque a la luz de la luna llena, pero no estaba solo, junto a él veía a otros seres iguales, con quienes se comunicaba sin hablar, instintivamente Juan Antonio retiró su mano con brusquedad y las imágenes mentales cesaron, -¿¡qué me hizo, qué fue eso!?- exclamó sin entender lo que ocurría, -le permití ver en su interior, lo que no acepta….no es usted cualquier persona, lo hemos estado buscando por muchas lunas, se acerca el momento marcado en el tiempo para despertar a nuestra gente, yo sola no puedo hacerlo, usted me tiene que ayudar, usted es el único que puede pelear por nuestra gente, no tenemos mucho tiempo, ellos están cada vez más cerca-, Juan Antonio se levantó de súbito de la silla, y exclamó tratando de no llamar la atención -discúlpeme señorita, pero no entiendo porque se quiere burlar usted de mí-, se dió media vuelta y abandonó el lugar, dejándola sola.

La incertidumbre lo estaba matando, caminó sin rumbo varias cuadras tratando de aclarar su mente, en vano buscaba darle forma a todo lo que estaba pasando, de una cosa sí estaba seguro, todo lo que experimentaba era tan real que de solo recordarlo se le erizaba la piel, de pronto recordó los relatos sobre seres mitad hombre y mitad animal que su abuelo le contaba cuando niño; lo dudó un momento, sin embargo sacó su celular y le marcó, -¿abuelo?, ¿tienes tiempo para vernos?, necesito preguntarte algo-.

Eran cerca de las 5 de la tarde cuando, Juan Antonio, llegó a la propiedad de su abuelo, era una bonita casa blanca estilo campirano en la zona del Ajusco, una edificación bastante antigua pero muy sencilla y bien cuidada, para llegar a la casa se tenía que atravesar un amplio jardín, en el que, desde que se tenía memoria, se habían cultivado diversas hortalizas, las cuales fueron pasando de generación en generación, también en la parte trasera el lugar contaba con 2 pozos de los cuales el lugar se abasteció de agua por muchas generaciones, pero que ahora yacían secos completamente, además, por raro que pareciera, el lugar era alegrado, y, porqué no decirlo, resguardado, por dos diminutos perros chihuahua, Tata y Nene, que parecían vivir eternamente, ante la obligada pregunta al abuelo del porque la longevidad de los canes, él se limitaba a decir que no eran los mismos, si no que eran las crías, de las crías…..realmente no era un tema que ameritara la inversión de tiempo y Juan Antonio prefería no ahondar en ello.

Entró sin tocar, Tata y Nene, salieron alegres a su encuentro y, tras ellos el abuelo, quien lo recibió con un abrazo al tiempo que lo conducía a la biblioteca, tomó 2 copas de vino y se sentó junto a él en un viejo sofá, mientras los chihuahua se acurrucaban en un cojín frente a la chimenea que chisporroteaba y llenaba el lugar de una agradable calidez, -¿y bien hijo, que quieres saber?-, -no sé por dónde comenzar, todo es tan confuso, tan raro, te sonará extraño abuelo, pero creo que estoy volviéndome loco….-, -esperaba, hijo mío, que nunca tuviéramos esta plática...pero hay que comenzar..., los orígenes de nuestra familia se remontan al señorío de Malacachtepec Momoxco, lo que hoy es Milpa Alta, cuando gobernaron el gran guerrero mexica Hueyitlahulli y su hijo, hace más de 500 años, éramos una comunidad muy especial, estábamos conectados con la madre naturaleza, la cual nos daba su sabiduría y poder, algunos desarrollaron la habilidad de vestirse de la naturaleza misma, eran lo que la gente hoy llama “nahuales”, teníamos el poder de entender a la naturaleza y ella nos regalaba sus beneficios, con ella curábamos, de ella nos alimentábamos y vivíamos, pero así como había quienes la usaban para el bien, también había quienes la usaban para el mal, los llamados Tlacatecólotl, ellos eran muy sanguinarios y cometieron toda clase de barbaridades….- los ojos del abuelo se detuvieron viendo fijamente a Juan Antonio, -así que hubo la necesidad de destruirlos, un día aprovechando los levantamientos y la confusión causada por la toma de la ciudad de Tenochtitlán, se sacó de Malacachtepec a todos los jóvenes nahuales que habían caído bajo la influencia de los Tlacatecolotl, con el pretexto de que debíamos pelear por nuestro pueblo, y así lejos del poder de los viejos fueron exterminados y sepultados en una fosa bajo toneladas de piedra y de un fuerte hechizo de encierro en un socavón de la ciudad de los dioses…..-, Juan Antonio escuchaba atentamente, realmente sentía como si su abuelo le estuviera contando una vez más aquellas leyendas que le contaba cuando niño antes de dormir, -allí no acabó todo- continuó don Pedro, -los conquistadores estaban destruyendo todo lo nuestro, estaban también matando a nuestra gente tratando de inculcar sus creencias y costumbres, mucha de nuestra gente fue asesinada por ellos, por esa razón los sabios del pueblo acordaron proteger a nuestro linaje y nuestra herencia adormeciendo su doble naturaleza, pero debíamos asegurarnos de que a su debido tiempo ese poder pudiera despertar…. y tu tiempo ha llegado hijo mío- dijo el abuelo mirando fijamente a un Juan Antonio que no conseguía articular palabra, y por fin cuando pudo hacerlo, preguntó, -¿quieres decir que es remotamente posible que nuestros ancestros hayan sido nahuales?, ¿de verdad lo crees, nahuales?, -así es hijo, nahuales, solo que nuestra doble naturaleza ha estado dormida, no obstante, es posible que la tuya haya despertado de la peor forma…-, -¿por qué lo dices?-, -hijo, de acuerdo a lo pactado puede despertar con un ritual de avivamiento que puede ser realizado por los sabios de Malacachtepec, pero había otra forma…- Juan Antonio escuchaba incrédulo aún, se puede despertar causando la muerte de otra persona-, -quieres decir abuelo, que es posible que la muerte que causé, haya provocado que me convirtiera en nahual?- preguntó Juan Antonio casi sin creer que esas palabras estuvieran saliendo de su boca; -así es hijo, debes saber además que estas marcado desde tu nacimiento, eres poderoso entre los nahuales, tu nacimiento se dió en una noche de luna azul, eso hijo mío, es una protección poderosa, eres hijo de la luna, estás marcado como el guerrero que el pueblo estaba esperando-, dicho esto don Pedro se levantó del sillón y se acercó a un ventanal, mientras veía hacia el oscuro jardín dijo casi para sus adentros -lo que no entiendo es porqué los Tlacatecolotl te han estado acechando-, -y, ¿en nuestra familia ha habido otros….?- preguntó Juan Antonio, -claro- contestó don Pedro, -mi padre, tu bisabuelo también lo era, hace mucho tiempo cuando las tropas de mi general Zapata llegaron a esta zona me enrolé con ellos y nos fuimos para el sur, muchas veces vi a un enorme perro xoloitzcuintle negro acechándome y siguiéndonos en el camino, cuando regresé lo veía de vez en cuando sobre todo en las noches con luna llena...dejé de verlo cuando murió mi padre- dijo con un profundo suspiro.




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