Entre Dos Mundos

Capítulo I – El inicio del todo.

Capítulo I – El inicio del todo.


     ¡Comencemos desde el inicio!


     Me encontraba trabajando en un proyecto de mucha importancia, hablamos de un Centro Comercial lo bastante amplio y de mayor relevancia, constituido en 400.000m^2 – Una verdadera maravilla – el cual contaría con espacio para aparcamiento, parque y su punto central: las tiendas, bancos, restaurantes y centros de recreación pequeños como un gimnasio, un bar o una biblioteca. Tenía muchas expectativas a futuro de lo que podría ser mi gran obra, soy Ingeniero Civil, pero me ofrecieron la oportunidad de trabajar diseñando el espacio en el cual se elaboraría la estructura, era la oportunidad de mi vida, un sueño hecho realidad.


     Siempre me he desempeño muy bien en lo que hago, para lo cual me prepare, y cada día crezco profesionalmente según lo que siempre he aspirado. Tengo una familia estable económicamente, mi padre es presidente de una Compañía de Seguros, la más importante de la zona, y mi madre trabaja con él como vicepresidenta, mientras que yo, su único hijo, Santiago Castillo, me dedico a evadir los negocios familiares. Una noche muy importante llego a mi vida, la noche de mi compromiso, se suponía que todo debía salir estupendo, me comprometería con mi novia Susana Jones, llevábamos cuatro años juntos y creí que era el momento justo para anunciar un compromiso, para tirar las cartas sobre la mesa. 
Había pensado mucho ese asunto sobre nuestra relación y definitivamente estaba haciendo lo correcto, ella era una mujer muy hermosa, una modelo – No esperaba menos de ella – conformábamos la pareja ideal, ¿Qué más se podría pedir?


     Llegado el medio día es hora de mi almuerzo, como de costumbre me marcho a casa de mis padres y comparto una hora con ellos, ni más ni menos, mi padre suele ser muy controlador y siempre tiene una oposición rotunda a lo que hago.


    - ¿Santiago, cómo marcha el Centro Comercial?
    - ¡Formidable! Es un excelente proyecto mamá.


     Allí nos encontrábamos, solo mi madre y yo hablando de temas que me convenían, mientras que otros se dedicaban a escuchar y esperar el momento indicado para añadir comentarios de mal gusto.


   - Dada la circunstancia de que el majestuoso Centro Comercial abra sus puertas antes de la fecha tope, ¿Qué piensas hacer después?
    - Pienso que no trabajare contigo Miguel, si eso era lo que querías saber.
    - Santiago el negocio familiar es importante, ¿No piensas recapacitar?


     Mi padre siempre tan evidente y particular, ¡Miguel Castillo! El típico jefe poderoso, incorruptible y admirable, para quien no lo conocía. Nuestro almuerzo lamentablemente fue interrumpido con mi inoportuna partida, era triste por mi madre, pero estimulante para mí.  En la construcción me esperaban personas que admiraba, una de ellas era el dueño de dicho Centro Comercial, Daniel Mora, magnate e importante hombre de negocios, esta tarde hablaríamos sobre el futuro nombre y la distribución correcta de las áreas recreativas dentro de la estructura.


    - Se llamará Club Real, quiero que su nombre sea visible, distribuye tu ahora el espacio correcto, sé que puedo confiar en ti Santiago.
    - No lo defraudare Señor – Le afirme con toda seguridad.


     Era mucho más que evidente, el C.C. Club Real, quedaría a la historia, lograría ser tan famoso como el “Titanic” pero no por su hundimiento, sino por su majestuoso tamaño y lujosa edificación. Al terminar la reunión con los empresarios y el Señor Daniel, recibí la llamada de mi novia y futura prometida, debo admitir que me encantaba hablar con ella, su voz me calmaba de cualquier angustia o problema. Habíamos acordado reunirnos en la noche, en la cena que cambiaría nuestras vidas. La tarde paso más rápido de lo esperado y la noche llego, todo marchaba estupendamente según el plan, mis padres sentados en el comedor, un anillo al fondo de la copa que le servirían, y una cena esplendida. 


    - Muchas gracias por invitarme a cenar hoy, señora Isabel, Señor Miguel.
   - Siempre serás bienvenida a nuestra casa Susana, mi esposa y yo somos realmente felices con la unión que existe entre ustedes, tú eres la hija que no tuvimos, eres parte de nuestra familia.


     Mi padre tenía toda la razón con sus comentarios, Susana era el motivo de mi felicidad, y la felicidad de nuestro hogar, gracias a ella los días más oscuros se convirtieron en claridad y sonrisas indestructibles. El champán se sirvió a las 9:00 pm, me gusta ser puntual, lo cual todo para mi debe hacerse en el momento correcto y pautado, y así se dio todo. Mientras ella sonreía yo miraba la copa nervioso, me encontraba sudando frio literalmente, esperando ansiosamente el momento en el que ella notara el anillo, y de pronto cuando lo miró, su cara de sonriente cambio a sorprendida.



joseillys

Editado: 12.07.2019

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