La lluvia caía sobre las ventanas del salón mientras los estudiantes esperaban el timbre de salida. Algunos platicaban, otros revisaban sus teléfonos y unos cuantos fingían prestar atención a la clase.
Francely pertenecía al último grupo.
Sentada cerca de la ventana, observaba cómo las gotas resbalaban por el cristal formando caminos irregulares. El profesor explicaba algo sobre historia, pero ella apenas escuchaba.
Cuando finalmente sonó el timbre, todos salieron casi corriendo.
Ella guardó sus cuadernos y caminó hacia la biblioteca de la escuela. Tenía que devolver un libro que había pedido prestado la semana anterior.
La biblioteca estaba casi vacía.
El silencio era tan profundo que se podía escuchar el ruido de las páginas al pasar.
La bibliotecaria le sonrió.
—Buenas tardes, Francely.
—Buenas tardes.
Entregó el libro y comenzó a caminar entre los estantes. Le gustaba ese lugar. Había algo tranquilo en estar rodeada de miles de historias.
Mientras recorría una sección poco visitada, notó algo extraño.
Uno de los libros sobresalía ligeramente del estante.
Intentó acomodarlo, pero al moverlo escuchó un pequeño golpe.
Algo había caído detrás.
Frunció el ceño.
Movió varios libros y metió la mano.
Sus dedos tocaron una superficie dura.
Sacó lentamente el objeto.
Era una libreta.
No parecía pertenecer a la biblioteca.
La cubierta era negra, antigua y estaba desgastada por el tiempo.
No tenía título.
Ni nombre.
Ni etiquetas.
Solo una pequeña figura grabada en la portada: una luna rodeada por estrellas.
—Qué raro…
Miró alrededor.
No había nadie cerca.
Abrió la libreta.
Las primeras páginas estaban completamente en blanco.
Luego encontró una hoja escrita.
La letra era elegante, como si hubiera sido hecha con pluma.
Sin embargo, lo que más llamó su atención fue la fecha.
Era la del día siguiente.
Francely sintió un escalofrío.
Comenzó a leer.
“Mañana, a las 10:17 de la mañana, una maceta caerá frente al edificio principal. Nadie resultará herido.”
Parpadeó.
Volvió a leer.
Después soltó una pequeña risa.
—Quién escribió estas tonterías…
Cerró la libreta.
Seguramente era alguna broma.
La guardó en su mochila y salió de la biblioteca.
No tenía idea de que aquella decisión cambiaría por completo su vida.
Esa noche apenas pensó en la libreta.
Cenó con su familia.
Terminó algunas tareas.
Escuchó música.
Y finalmente se acostó.
A las dos de la madrugada se despertó.
No sabía por qué.
La habitación estaba oscura.
Todo parecía normal.
Entonces escuchó un ruido.
Un leve rasguño.
Como si alguien estuviera escribiendo.
Se incorporó de golpe.
Miró alrededor.
No había nadie.
El sonido volvió.
Ras…
Ras…
Ras…
Su corazón comenzó a acelerarse.
La libreta estaba dentro de la mochila.
Y el ruido venía exactamente de ahí.
Editado: 15.06.2026