Durante unos segundos, Francely pensó que estaba soñando.
Tenía que estar soñando.
Las grietas no aparecían en el aire.
El cielo no se abría como un espejo roto.
Y mucho menos una libreta advertía sobre ello.
Pero allí estaba.
La grieta flotaba a pocos metros de distancia.
Brillaba con una luz azulada que iluminaba parte del parque.
Las personas que caminaban cerca parecían no verla.
Seguían avanzando normalmente.
Hablando.
Riendo.
Como si nada estuviera ocurriendo.
Como si aquella cosa solo pudiera ser vista por Francely y Adrián.
—¿Qué es eso? —preguntó ella.
Adrián no apartó la vista de la grieta.
—Un portal.
—¿Un portal a dónde?
—A otro mundo.
—Claro.
—No estoy bromeando.
Francely observó nuevamente la abertura.
Definitivamente tampoco parecía una broma.
La grieta comenzó a ensancharse.
Lentamente.
Algo oscuro se movía dentro.
Una silueta.
Alta.
Delgada.
Extrañamente humana.
Pero no del todo.
El miedo recorrió el cuerpo de Francely.
—¿Qué está saliendo de ahí?
Adrián respondió casi en un susurro.
—Espero estar equivocado.
—Eso no responde mi pregunta.
—Porque no quiero responderla.
Aquello no le gustó nada.
La figura dio un paso hacia afuera.
Luego otro.
Y otro más.
Ahora podía verse mejor.
Parecía una persona.
Sin embargo, su piel era completamente negra, como una sombra sólida.
No tenía ojos.
Ni boca.
Ni rasgos definidos.
Solo una forma humana hecha de oscuridad.
Francely sintió un escalofrío.
—No me gusta.
—Créeme, a mí tampoco.
La criatura giró lentamente la cabeza.
Como si estuviera buscando algo.
O a alguien.
Y después apuntó directamente hacia Francely.
—Corre —dijo Adrián.
Esta vez no discutió.
Salió corriendo.
Ambos atravesaron el parque a toda velocidad.
Las zapatillas golpeaban el pavimento.
El corazón de Francely parecía querer escapar de su pecho.
—¡¿Qué es esa cosa?!
—Se llaman Sombras.
—¡¿Y por qué nos sigue?!
—¡Porque te encontró!
—¡Eso tampoco explica nada!
—¡Lo sé!
Detrás de ellos se escuchaba un ruido extraño.
Como un susurro interminable.
Miles de voces hablando al mismo tiempo.
Francely miró hacia atrás.
Error.
La criatura estaba más cerca.
Mucho más cerca.
No parecía correr.
Simplemente aparecía cada vez más adelante.
Como si la distancia no significara nada para ella.
—¡Adrián!
—¡Ya la vi!
Doblaron una esquina.
Llegaron a una calle vacía.
Y entonces Adrián se detuvo.
—¿Estás loco?
—Confía en mí.
—La libreta literalmente me dijo que no confiara en ti.
—Dijo que no confiaras demasiado rápido.
—Buen punto.
Por alguna razón, eso tenía sentido.
Lo cual era preocupante.
Adrián sacó un pequeño objeto metálico de su bolsillo.
Parecía un reloj antiguo.
Presionó algo.
El objeto emitió un destello.
La sombra se detuvo de golpe.
Por primera vez.
Parecía confundida.
Después retrocedió.
Un paso.
Dos pasos.
Y finalmente desapareció.
Como humo arrastrado por el viento.
El silencio regresó.
Francely tardó varios segundos en recuperar el aliento.
—Necesito respuestas.
—Lo imaginé.
—Todas.
—No puedo darte todas.
—¿Por qué?
Adrián bajó la mirada.
—Porque ni siquiera yo las conozco.
Se sentaron en una banca cercana.
La ciudad parecía completamente normal otra vez.
Autos pasando.
Luces encendidas.
Personas caminando.
Nadie imaginaba lo que acababa de ocurrir.
Adrián respiró profundamente.
—Existen muchos mundos.
Francely lo observó en silencio.
—Más de los que puedes imaginar. Durante siglos han permanecido separados. Pero algo empezó a romper esa separación.
—¿Las grietas?
—Sí.
—¿Y las Sombras?
Adrián asintió.
—Son criaturas que atraviesan esos portales.
—¿Qué quieren?
Por primera vez, pareció dudar.
—Aún no lo sabemos.
—Eso suena terrible.
—Porque lo es.
Francely sacó la libreta.
La abrió.
Una nueva frase apareció lentamente.
Los dos la observaron.
“La primera puerta ya se ha abierto.”
Debajo apareció otra línea.
“La segunda se abrirá en tres días.”
Y una tercera.
Esta vez más inquietante.
“No todos tus amigos seguirán siendo tus amigos.”
El estómago de Francely se encogió.
—No me gusta esa última.
—A mí tampoco —dijo Adrián.
Las páginas continuaron escribiéndose.
Palabra por palabra.
Hasta formar una frase final.
Una frase que hizo que ambos se quedaran en silencio.
“La persona que más peligro corre todavía no sabe quién es.”
Y debajo apareció un nombre…
Valeria
Editado: 15.06.2026