24 de Octubre
Querido diario:
Se acerca "la temporada". Así le llamo yo a estos meses donde el resto del mundo se llena de luces, colores y música. En la escuela ya empezaron a organizar el intercambio de regalos para Navidad y las decoraciones de Halloween están por todos lados. Hoy tuve que entregarle una carta formal a la directora, firmada por mis padres, explicando por qué no participaré en ninguna de estas actividades.
Sentí todas las miradas clavadas en mi espalda cuando salí del salón durante el ensayo del festival. Es una soledad extraña. No es la soledad de estar encerrada en un ático, como la de Ana, pero es una especie de aislamiento invisible. Estoy físicamente en el aula, pero moral y socialmente a kilómetros de distancia.
Por la tarde, fuimos a la reunión de entre semana. El discurso principal hablaba sobre "mantenerse separados del mundo". Mientras el hermano hablaba, miré a los jóvenes de la congregación. Se ven tan pacíficos, tan seguros de tener la verdad absoluta. Los envidio. Yo sigo llena de preguntas que no me atrevo a hacer en voz alta. ¿Por qué celebrar el día en que nacimos está mal si la vida es un regalo divino? Si pregunto esto, pensarán que mi fe está flaqueando, o peor, que el orgullo me está ganando. Así que sonrío, asiento y guardo mis dudas en estas hojas, que son mi único escondite.