3 de Abril
Querido diario:
Sofía ha dejado de intentar sentarse conmigo en el almuerzo. Ayer pasé por su lado y me miró con una mezcla de confusión y lástima que me dolió más que un insulto. Sabe que rechacé ir a su fiesta de quince años la semana pasada. ¿Cómo explicarle que para mí no es solo una fiesta, sino una línea roja que divide la aprobación de Dios de la destrucción mundial?
Me duele perderla, pero lo que más me aterra es que me estoy acostumbrando al dolor. Me estoy volviendo fría. En el Salón nos enseñan que el corazón es traicionero y que debemos protegernos de los sentimientos del viejo mundo. Pero si para salvar mi vida tengo que arrancar la empatía que siento por mis amigos, ¿quién va a salvar a la persona que realmente soy?