Entre Dos Mundos Temp 1

El Hombre Más Rico del Mundo

Capítulo 1

La ciudad apenas despertaba cuando las luces del piso más alto de la Torre Blackwell ya estaban encendidas.

Mientras millones de personas seguían durmiendo, Ethan Blackwell revisaba informes financieros frente a una pared de cristal que mostraba el amanecer.

—Señor Blackwell, su reunión comienza en veinte minutos —informó Daniel Carter.

—Lo sé.

—Lleva aquí desde las cuatro de la mañana.

—También lo sé.

Daniel suspiró.

—Algún día voy a descubrir quién te enseñó a trabajar tanto.

—Mi padre.

—Cierto. Olvida lo que dije.

Por primera vez aquella mañana, Ethan estuvo cerca de sonreír.

A varios kilómetros de allí, la mansión Blackwell comenzaba a llenarse de vida.

—¡Emma, apúrate!

—¡Ya voy!

—¡Dijiste eso hace diez minutos!

—¡Porque hace diez minutos también iba!

Arthur Whitmore observó la escena con tranquilidad.

Después de treinta años trabajando para la familia Blackwell, pocas cosas lograban sorprenderlo.

Noah apareció corriendo por las escaleras.

—¡Arthur!

—Buenos días, joven Noah.

—¿Sabías que los tiburones existen desde antes que los árboles?

Arthur parpadeó.

—No lo sabía.

—Yo sí.

—Eso es evidente.

Minutos después, Ethan llegó a la mesa del desayuno.

—Buenos días, papá —saludó Noah.

—Buenos días.

Emma levantó la vista de su cereal.

—Buenos días.

Ethan tomó asiento.

Aquellos pocos minutos antes de la escuela eran, muchas veces, los únicos momentos tranquilos de todo su día.

—¿Tienen algo importante hoy?

—Exposición de ciencias —respondió Noah.

—Examen de matemáticas —añadió Emma.

—Les irá bien.

—Lo sabemos —dijo Emma.

Noah asintió.

—Sí.

Ethan miró a sus hijos.

A veces le sorprendía lo mucho que habían crecido.

Y lo rápido que pasaba el tiempo.

Mientras tanto, en una pequeña cafetería al otro lado de la ciudad, Sofía Bennett terminaba de acomodar las mesas.

—¿Dormiste algo? —preguntó Emily.

—Sí.

—Mentira.

—Un poco.

—Mentira más pequeña.

Sofía soltó una risa.

—Necesito trabajar.

—Necesitas vacaciones.

—Necesito clientes.

Su padre apareció desde la cocina.

—Y yo necesito que ambas empiecen a trabajar en lugar de discutir.

—Buenos días para ti también, papá —respondió Emily.

Las puertas de la cafetería se abrieron.

Los primeros clientes comenzaron a llegar.

Era un día normal.

Un día cualquiera.

Uno de esos días que parecen no tener nada especial.

Sin embargo, sin que ninguno de ellos lo supiera, el destino ya había comenzado a mover las piezas.

Porque muy pronto, dos personas de mundos completamente distintos estarían a punto de cruzar sus caminos.

Y nada volvería a ser igual




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