Capítulo 3
La cafetería estaba tranquila aquella tarde.
Algunas mesas ocupadas.
Música suave.
El aroma constante del café recién preparado.
Nada fuera de lo normal.
Ethan entró acompañado por Emma y Noah.
Arthur caminaba detrás de ellos.
Sofía se acercó con una sonrisa profesional.
—Buenas tardes. ¿Mesa para cuatro?
—Sí, gracias —respondió Arthur.
Sofía tomó unos menús.
—Por aquí.
Emma observó el lugar con curiosidad.
Era mucho más pequeño que cualquier restaurante al que estaban acostumbrados.
Pero también se sentía más cálido.
Más familiar.
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Una vez sentados, Noah ya estaba mirando el menú.
—Quiero todo.
—No puedes pedir todo —dijo Emma.
—¿Y la mitad?
—Tampoco.
Arthur ocultó una sonrisa.
Ethan revisó el menú en silencio.
Cuando Sofía regresó para tomar la orden, Noah habló primero.
—¿Cuál es el mejor postre?
—Depende.
—¿Depende de qué?
—De cuánto te guste el chocolate.
Noah sonrió.
—Muchísimo.
—Entonces ya tengo una recomendación.
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Minutos después, Sofía llevó los pedidos.
Noah observó el pastel como si hubiera encontrado un tesoro.
—Esto se ve increíble.
—Gracias.
—¿Lo hiciste tú?
—Con ayuda de mi mamá.
—Entonces también debes agradecerle a ella.
Sofía soltó una pequeña risa.
—Lo haré.
Ethan observó la escena.
No estaba acostumbrado a ver a sus hijos hablar tan fácilmente con desconocidos.
Especialmente Emma.
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Mientras comían, Emily salió de la cocina con una caja.
Al ver a Sofía junto a la mesa, se acercó.
—¿Necesitas ayuda?
—Todo bajo control.
Emily miró discretamente hacia Ethan.
Luego hacia Sofía.
Luego otra vez hacia Ethan.
—Interesante.
—¿Qué?
—Nada.
Sofía ya conocía esa mirada.
Y decidió ignorarla.
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Después de terminar la comida, Noah levantó la mano.
—Tengo una pregunta importante.
Emma cerró los ojos.
—Ya empezó.
—¿Cuántos pasteles comes al día?
Sofía intentó no reírse.
—No tantos como imaginas.
—Porque si yo trabajara aquí comería diez.
—Y por eso no administras una cafetería.
—Tiene sentido.
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Cuando llegó el momento de pagar, Ethan se acercó al mostrador.
Sofía revisó la cuenta.
—Aquí tiene.
—Gracias.
Ella tomó la tarjeta sin siquiera mirar el nombre.
Algo que llamó la atención de Ethan.
La mayoría de las personas reconocían inmediatamente quién era.
O al menos el apellido Blackwell.
Pero Sofía parecía completamente ajena.
Para ella era simplemente un cliente más.
Y, sorprendentemente, Ethan encontró eso agradable.
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Antes de salir, Noah se acercó nuevamente al mostrador.
—Adiós.
—Adiós.
—Volveremos.
—Eso espero.
Emma también se despidió con un pequeño gesto.
Más discreta.
Más tímida.
Pero sincera.
Luego los tres salieron junto a Arthur.
La puerta se cerró.
Y la cafetería volvió a la normalidad.
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Emily apareció de inmediato.
—¿Quién era?
—Un cliente.
—Sí, claro.
—¿Qué?
—Nada.
Solo parecía importante.
Sofía negó con la cabeza.
—Emily.
—¿Qué?
—Ve a trabajar.
—Siempre arruinas mi diversión.
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Mientras tanto, en el automóvil, Noah miraba por la ventana.
—Me gustó ese lugar.
—A mí también —dijo Emma.
Ethan observó a sus hijos.
Y por alguna razón, recordó la tranquilidad de aquella cafetería.
Era algo extraño.
Un lugar sencillo.
Sin reuniones.
Sin periodistas.
Sin llamadas constantes.
Solo personas normales viviendo su vida.
Y aunque no podía explicarlo, aquella sensación permaneció con él durante todo el camino a casa.