Capítulo 4
La semana continuó con normalidad.
O al menos, con la normalidad que podía existir en la vida de Ethan Blackwell.
Reuniones.
Contratos.
Videoconferencias.
Más reuniones.
Y todavía más reuniones.
Daniel observó la agenda y negó con la cabeza.
—Algún día voy a esconder tu teléfono.
—No lo harás.
—Correcto.
Porque me despedirías.
—Correcto.
—Qué amistad tan hermosa tenemos.
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Mientras tanto, en la cafetería Bennett, Sofía servía desayunos desde temprano.
Emily acomodaba unas cajas.
—¿Crees que volverán?
—¿Quiénes?
—La familia de la cafetería.
—Emily…
—Solo pregunto.
—Eran clientes.
—Ajá.
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Aquella tarde, la Academia Saint Katherine organizó una pequeña actividad para los alumnos de primaria.
Padres y familiares estaban invitados.
Ethan había prometido asistir.
Y para sorpresa de todos, cumplió.
—¡Papá vino! —dijo Noah emocionado.
—Lo prometió —respondió Emma.
Aunque en el fondo también estaba feliz.
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La actividad terminó cerca de las cinco.
Cuando los alumnos comenzaron a salir, Noah se detuvo frente a un puesto benéfico instalado por pequeños negocios locales.
Había flores.
Artesanías.
Postres.
Y café.
Mucho café.
—¿Podemos mirar? —preguntó Noah.
—Cinco minutos —respondió Ethan.
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En ese mismo instante, Sofía terminaba de acomodar algunos productos.
La cafetería había participado en el evento escolar como apoyo a la comunidad.
—Creo que nos fue bien —comentó Emily.
—Sí.
Mucho mejor de lo que esperaba.
Entonces una voz infantil llamó su atención.
—¡Es ella!
Sofía levantó la vista.
Y reconoció inmediatamente al niño.
—Hola.
—¡Volvimos!
—Eso veo.
Emma apareció detrás de él.
—Hola.
—Hola, Emma.
La niña pareció sorprendida.
—¿Recuerdas mi nombre?
—Claro.
Emma no respondió, pero parecía satisfecha.
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Segundos después, Ethan se acercó.
Por un momento ambos se quedaron en silencio.
Era la segunda vez que se veían.
Nada especial.
Nada extraordinario.
Simplemente otra coincidencia.
—Buenas tardes —dijo Sofía.
—Buenas tardes.
—¿Los niños disfrutaron la actividad?
—Sí —respondió Noah antes que nadie.
—Mucho.
—Especialmente él —añadió Emma.
—También eso.
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Emily apareció junto a Sofía.
Miró a Ethan.
Luego a Sofía.
Luego a Ethan otra vez.
Sofía ya conocía esa expresión.
Y sabía exactamente lo que estaba pensando.
—Hola —saludó Emily.
—Buenas tardes.
—Soy Emily.
—Ethan.
—Mucho gusto.
Sofía sintió que algo iba a salir mal.
Y efectivamente ocurrió.
—¿Ethan qué?
—Emily.
—¿Qué?
—Ve a ayudar a mamá.
—Ya me voy.
Pero se fue sonriendo.
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Después de unos minutos más, Ethan y los niños continuaron su camino.
Noah levantó una bolsa con galletas que había comprado.
—Fue una buena tarde.
—Sí —dijo Emma.
Arthur observó a los mellizos.
Luego miró discretamente a Ethan.
Algo le decía que aquella no sería la última vez que visitarían aquel lugar.
Y rara vez se equivocaba.
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Mientras recogían el puesto, Emily se acercó nuevamente a Sofía.
—Qué coincidencia.
—Sí.
—Dos veces en una semana.
—La ciudad no es tan grande.
—Claro.
Y yo soy astronauta.
Sofía soltó una risa.
—Estás imaginando cosas.
—Tal vez.
Pero por primera vez en varios días, Emily notó algo.
Cuando Sofía sonrió al recordar la conversación con aquella familia, parecía un poco más feliz de lo normal.
Y eso le llamó la atención.
Porque Sofía casi nunca sonreía así.