Entre Dos Mundos Temp 1

Una Mañana Complicada

Capítulo 5

La mansión Blackwell despertó antes del amanecer.

Y, por primera vez en mucho tiempo, el problema no era una reunión.

Era Noah.

—No quiero ir a la escuela.

Ethan levantó la vista del desayuno.

—¿Por qué?

—Me duele la garganta.

Arthur se acercó.

—También tiene algo de fiebre, señor.

Ethan frunció el ceño.

Eso explicaba por qué Noah estaba tan callado aquella mañana.

Emma observó a su hermano.

—Te dije que dejaras de correr bajo la lluvia.

—Valió la pena.

—No valió la pena.

—Sí valió.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Niños —interrumpió Ethan.

Ambos guardaron silencio.

Una hora después, Noah se quedó en casa.

Emma fue a la escuela.

Y Ethan canceló varias reuniones de la mañana.

Daniel casi se cae de la silla cuando recibió la noticia.

—¿Cancelaste reuniones?

—Sí.

—¿Por voluntad propia?

—Daniel.

—Perdón.

Es que estoy viviendo un momento histórico.

Noah pasó la mañana descansando.

Pero cerca del mediodía ya parecía sentirse mejor.

Demasiado mejor.

—Estoy aburrido.

—Hace tres horas estabas enfermo.

—Ahora estoy aburrido.

Arthur sonrió.

—Eso significa que se está recuperando.

Por la tarde, Ethan decidió salir con Noah a dar un paseo corto.

Nada importante.

Solo para despejarse.

Después de varias cuadras, Noah señaló un local.

—Conozco ese lugar.

Ethan siguió la dirección de su dedo.

La cafetería Bennett.

—¿Podemos entrar?

—¿No estabas enfermo?

—Estoy enfermo.

Pero también tengo hambre.

Ethan suspiró.

—Cinco minutos.

—¡Sí!

La puerta se abrió.

Y el sonido de una campanilla anunció su llegada.

Sofía levantó la vista desde el mostrador.

—Buenas tardes.

Noah sonrió inmediatamente.

—Hola.

—Hola.

¿Y tu hermana?

—En la escuela.

—Entonces hoy viniste solo.

—Con papá.

Ethan hizo un pequeño gesto de saludo.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes.

No había muchos clientes.

Por lo que Noah comenzó a conversar mientras esperaba su pedido.

—Hoy falté a la escuela.

—¿Estabas enfermo?

—Un poco.

—¿Y ahora?

—Mucho mejor.

—Eso es bueno.

—Arthur dice que porque ya estoy molestando otra vez.

Sofía soltó una risa.

—Arthur parece inteligente.

—Lo es.

Mucho.

Mientras hablaban, Ethan observaba desde la mesa.

Algo curioso estaba ocurriendo.

Noah, que normalmente era reservado con desconocidos, parecía sentirse cómodo allí.

Y Sofía trataba al niño exactamente igual que cualquier otra persona.

Sin saber quién era.

Sin intentar impresionarlo.

Sin buscar nada.

Simplemente siendo amable.

Unos minutos después apareció Emily.

Y al ver a Ethan, sonrió.

—Mira quién volvió.

Sofía cerró los ojos.

—Emily.

—¿Qué?

Solo estoy saludando.

—Ajá.

Noah observó a Emily.

—Tú eres la hermana.

—Y tú eres el niño que hace muchas preguntas.

—¿Cómo lo sabes?

—Instinto.

—Interesante.

Emily se volvió hacia Sofía.

—Definitivamente me agrada.

Cuando llegó el momento de irse, Noah tomó su bolsa de galletas.

—Adiós.

—Adiós.

—Nos vemos pronto.

Sofía sonrió.

—Tal vez.

—No.

Seguro.

De regreso al automóvil, Noah observó por la ventana.

—Me gusta ese lugar.

—Lo sé —dijo Ethan.

—Y me agrada Sofía.

Ethan no respondió.

—¿A ti te agrada?

El silencio duró unos segundos.

—Parece una buena persona.

Noah sonrió.

—Eso significa que sí.

Y aunque Ethan no lo admitió, el niño no estaba equivocado.

Por tercera vez en pocas semanas, el destino había vuelto a cruzar sus caminos.

Y la sensación de familiaridad comenzaba a crecer lentamente.

Sin prisas.

Sin forzar nada.

Exactamente como ocurre en la vida real.




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