Entre Dos Mundos Temp 1

El Día Más Ocupado

Capítulo 16

El jueves comenzó mal.

Muy mal.

—Señor Blackwell, tenemos un problema.

Ethan acababa de entrar a su oficina.

—¿Cuál?

—Tres problemas.

—Empieza por el más pequeño.

—Una reunión fue adelantada.

—Eso no es un problema.

—Entonces el segundo.

—Dos directivos quieren cambiar el proyecto internacional.

—Tampoco es un problema.

—Bien.

Entonces pasemos al grande.

Daniel colocó una carpeta sobre el escritorio.

—Los periodistas están esperando abajo.

—Como siempre.

—Esta vez son más.

Ethan suspiró.

Aquello tampoco era nuevo.

Mientras tanto, en la cafetería Bennett, la mañana era igual de ocupada.

Clientes entrando.

Pedidos acumulándose.

Teléfonos sonando.

—Necesitamos más manos.

—Necesitamos más café —dijo Emily.

—Necesitamos ambas cosas —respondió Sofía.

Por primera vez en semanas, la cafetería estaba completamente llena.

Y todos corrían de un lado a otro.

A mediodía, Noah tuvo una idea.

Una idea peligrosa.

—Papá.

—No.

—Todavía no pregunté.

—Te conozco.

Emma comenzó a reír.

—Yo también sé lo que va a decir.

—¿Qué?

—La cafetería.

Noah sonrió.

—La cafetería.

Ethan negó con la cabeza.

—No podemos ir hoy.

—¿Por qué?

—Porque tengo trabajo.

—Siempre tienes trabajo.

Aquella respuesta golpeó más de lo que Noah imaginaba.

El niño no lo dijo con mala intención.

Simplemente estaba siendo sincero.

Por unos segundos, Ethan permaneció en silencio.

Luego cerró la carpeta.

—Daniel.

—¿Sí?

—Mueve la reunión de las cinco.

Daniel abrió mucho los ojos.

—¿Perdón?

—La reunión.

—¿Por una cafetería?

—Por mis hijos.

Daniel sonrió.

—Mucho mejor respuesta.

Dos horas después, el automóvil negro se detuvo frente a la cafetería Bennett.

—¡Lo logró! —celebró Noah.

—No puedo creer que funcionara —dijo Emma.

—Yo sí.

Cuando entraron, Sofía los reconoció inmediatamente.

—Buenas tardes.

—Hola.

Pero aquella vez ocurrió algo diferente.

La cafetería estaba llena.

Completamente llena.

—Lo siento.

No quedan mesas libres.

Noah observó alrededor.

Era verdad.

Ni una sola.

—No importa —dijo Ethan.

—Podemos volver otro día.

Entonces ocurrió algo inesperado.

—Esperen.

Sofía señaló una mesa pequeña junto a la ventana.

—Estoy terminando de limpiar esa.

Si quieren, pueden usarla.

—Gracias.

—No hay problema.

Minutos después, todos estaban sentados.

La luz de la tarde entraba por la ventana.

La cafetería seguía llena.

Y por primera vez, Ethan observó realmente el lugar.

La gente hablaba.

Reía.

Compartía tiempo con sus familias.

Era sencillo.

Normal.

Y extrañamente agradable.

—¿En qué piensas? —preguntó Sofía al pasar cerca de la mesa.

Ethan la miró.

Luego observó el local.

—En que aquí todos parecen felices.

Sofía sonrió.

—Eso intento.

Por un segundo, ambos se quedaron en silencio.

No fue incómodo.

Fue tranquilo.

Y aunque ninguno lo notó, desde la calle un fotógrafo acababa de tomar una imagen.

No una foto de un CEO.

No una foto de negocios.

No una foto para una revista financiera.

Una foto de Ethan Blackwell sonriendo dentro de una pequeña cafetería.

Y muy pronto, esa fotografía comenzaría a generar preguntas.

Preguntas que ni Ethan ni Sofía estaban preparados para responder.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.