Entré dos tiempos

2

El chico del casillero 214

El primer día de escuela llegó demasiado rápido.

María llevaba despierta desde las seis de la mañana.

No porque estuviera emocionada.

Todo lo contrario.

Estaba nerviosa.

Muy nerviosa.

Se quedó varios minutos mirando el techo de su habitación mientras escuchaba los sonidos de la casa.

Su abuela preparando café.

Su abuelo leyendo el periódico.

La madera crujiendo bajo sus pies.

Todo parecía demasiado tranquilo.

Y eso no ayudaba.

—Vamos, María —se dijo a sí misma—. Solo es una escuela.

Mentira.

Era una escuela nueva.

En un pueblo nuevo.

Donde no conocía a nadie.

Y eso era mucho peor.

Una hora después iba sentada en el auto de su abuelo rumbo a Hawkins High.

La escuela estaba al otro lado del pueblo, a unos quince minutos de la casa.

Por suerte.

Porque si hubiera estado justo al lado de la casa habría sido todavía más raro.

—Respira —dijo su abuelo.

—Estoy respirando.

—Parece que vas camino a una ejecución.

—Gracias por el apoyo moral.

Él soltó una carcajada.

—Te irá bien.

—Eso espero.

Cuando el edificio apareció a lo lejos, María sintió que el estómago se le retorcía.

Hawkins High era enorme.

Mucho más grande de lo que esperaba.

Había estudiantes entrando por todas partes.

Autos en el estacionamiento.

Personas riéndose.

Gente abrazándose.

Todos parecían saber exactamente dónde debían estar.

Menos ella.

—Nos vemos a las tres —dijo su abuelo.

—Si sobrevivo.

—Sobrevivirás.

María tomó aire.

Abrió la puerta.

Y bajó.

Comenzaba oficialmente su primer día.

Los pasillos estaban llenos.

Demasiado llenos.

María caminaba sujetando su horario mientras intentaba encontrar el salón correcto.

—Biología... Biología...

Miró el número de aula.

Luego el mapa.

Luego el número otra vez.

Nada tenía sentido.

—Perfecto.

Giró una esquina.

Y chocó contra alguien.

Otra vez.

—¡Ay!

Los papeles salieron volando.

—Lo siento, lo siento...

María se agachó rápidamente.

Otra persona hizo lo mismo.

Durante unos segundos ambos intentaron recoger la misma hoja.

Sus manos chocaron.

—Perdón.

—No, perdón yo.

María levantó la mirada.

Y se encontró con unos ojos oscuros.

Un chico.

Cabello negro ligeramente despeinado.

Sudadera gris.

Sonrisa tranquila.

Muy guapo.

Muy, muy guapo.

Pero lo suficientemente normal como para parecer real.

—Creo que gané el premio a la persona más torpe de Hawkins —dijo ella.

El chico soltó una pequeña risa.

—No tan rápido. Yo tengo experiencia en eso.

María sonrió sin querer.

—Entonces estamos empatados.

—Supongo.

Le entregó una de las hojas.

—Eres nueva.

No era una pregunta.

—¿Se nota mucho?

—Un poco.

—Genial.

—No es algo malo.

—Lo dices porque no eres la nueva.

El chico volvió a reírse.

—Buen punto.

Hubo un pequeño silencio.

Entonces extendió la mano.

—Tyler.

María la estrechó.

—María.

—Mucho gusto, María.

—Igualmente.

Por alguna razón, aquella conversación era mucho menos incómoda de lo que esperaba.

—¿Qué buscas? —preguntó Tyler.

—Biología.

—Estás en el edificio equivocado.

María cerró los ojos.

—Claro que sí.

—Ven.

—¿Qué?

—Yo voy para allá.

—¿En serio?

—Sí.

—Acabas de salvarme.

—Lo sé.

Comenzaron a caminar juntos por el pasillo.

Y mientras avanzaban, María descubrió algo.

Tyler conocía a todo el mundo.

Literalmente a todo el mundo.

Personas lo saludaban constantemente.

Profesores.

Estudiantes.

Entrenadores.

Hasta el conserje.

—¿Eres famoso o algo así?

Tyler sonrió.

—No.

—Entonces explícamelo.

—Llevo aquí toda la vida.

—Ah.

—Ventajas de vivir en un pueblo pequeño.

—Creo que todavía me estoy acostumbrando.

—¿De dónde vienes?

—Chicago.

Tyler silbó.

—Eso sí es un cambio.

—No tienes idea.

Cuando llegaron al salón, Tyler abrió la puerta.

—Aquí.

—Gracias.

—De nada.

María dudó un segundo.

—Bueno... supongo que nos vemos.

—Probablemente.

Y entonces él se alejó.

Sin dramatismo.

Sin coqueteos.

Sin nada raro.

Solo una conversación normal.

Pero por alguna razón...

María se encontró observándolo unos segundos más de lo necesario.

Y cuando se dio cuenta de ello, entró rápidamente al salón.

Sin saber que aquella no sería la última vez que se cruzaría con Tyler Harper.

Ni mucho menos.




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