UNA MESA VACÍA
El segundo día en Hawkins comenzó mejor que el primero.
Solo un poco.
María se despertó temprano, se vistió y bajó a desayunar.
—¿Lista para otro día? —preguntó su abuela.
—No.
—Excelente actitud.
—Gracias.
Su abuelo soltó una carcajada.
María tomó su mochila y salió de la casa.
El autobús escolar llegó pocos minutos después.
Durante el trayecto observó los árboles pasar por la ventana.
Todavía no podía creer que ahora viviera allí.
Hawkins era tan diferente de Chicago.
Más pequeño.
Más tranquilo.
Y mucho más extraño.
***
Cuando llegó a la escuela, caminó por los pasillos intentando recordar dónde estaba cada salón.
Todavía se perdía un poco.
Y eso era frustrante.
Después de dos clases interminables, finalmente llegó la hora del almuerzo.
María tomó su bandeja y recorrió la cafetería con la mirada.
Todas las mesas parecían ocupadas.
Todos hablaban con alguien.
Todos tenían un lugar.
Menos ella.
Respiró profundamente.
Y comenzó a caminar hacia una mesa vacía cerca de una ventana.
Pero antes de sentarse...
Escuchó una voz.
—Oye.
María levantó la vista.
Era Tyler.
El chico rubio que había conocido el día anterior.
—Hola.
—¿Por qué estás sentada sola?
—Porque estoy sola.
—Buen punto.
María sonrió.
Tyler señaló una mesa al otro lado de la cafetería.
—Ven con nosotros.
—¿Nosotros?
—Mis amigos y yo.
María dudó.
—No quiero molestar.
—Créeme.
Nosotros molestamos más.
María soltó una pequeña risa.
Y por alguna razón decidió aceptar.
***
La mesa estaba llena de estudiantes.
Todos parecían conocerse desde hacía años.
—Chicos, ella es María.
—La chica nueva —dijo uno.
—El famoso rumor ya llegó hasta aquí.
—¿Famoso? —preguntó María.
—En Hawkins todos saben todo.
—Eso es aterrador.
—Lo es.
Todos comenzaron a reír.
Y poco a poco María empezó a relajarse.
La conversación fluía fácilmente.
Por primera vez desde que llegó al pueblo no se sentía completamente fuera de lugar.
Y eso era agradable.
Muy agradable.
***
Cuando terminó el almuerzo, caminaron juntos por el pasillo.
—¿Qué te parece Hawkins hasta ahora? —preguntó Tyler.
—Sigo decidiendo.
—Respuesta diplomática.
—Respuesta inteligente.
—También.
María sonrió.
Tyler abrió la puerta de una de las aulas.
—Nos vemos después.
—Nos vemos.
Por un segundo ambos se quedaron mirándose.
Y luego Tyler desapareció dentro del salón.
María continuó caminando.
Sin darse cuenta de que estaba sonriendo.
***
Esa tarde, cuando regresó a casa, se dejó caer sobre la cama.
Pensó en la escuela.
En Hawkins.
Y en Tyler.
No sabía exactamente por qué.
Pero sentía que conocerlo había hecho las cosas un poco más fáciles.
Mucho más fáciles.
Y aunque todavía no lo sabía...
Aquella amistad apenas estaba comenzando.
Y terminaría cambiando su vida para siempre.