Entré dos tiempos

6

SECRETOS DE FAMILIA

La mañana siguiente a la feria, María despertó más tarde de lo normal.

La luz del sol atravesaba las cortinas de su habitación y por un momento olvidó dónde estaba.

Luego vio las paredes color crema, el viejo armario de madera y las fotografías antiguas sobre la cómoda.

Hawkins.

Seguía en Hawkins.

Se estiró lentamente y tomó su teléfono.

Había un mensaje.

De Tyler.

Y por alguna razón, sonrió antes siquiera de abrirlo.

Tyler: Sobreviviste a la rueda de la fortuna. Estoy impresionado.

María soltó una pequeña risa.

María: Casi no.

Tyler: Dramática.

María: Dice el que perdió todos los juegos de la feria.

Tyler: No hace falta recordar los momentos difíciles.

María: Muy tarde.

Tyler: Cruel.

María siguió sonriendo mientras guardaba el teléfono.

Pasaron varios minutos enviándose mensajes.

Era extraño.

Llevaban poco tiempo conociéndose y aun así hablar con él se sentía natural.

Como si fueran amigos desde hacía mucho tiempo.

Finalmente bajó a desayunar.

El olor a pan recién hecho llenaba toda la cocina.

Su abuela estaba preparando café mientras su abuelo leía el periódico.

—Buenos días, cariño —dijo su abuela.

—Buenos días.

—¿Qué tal la feria? —preguntó su abuelo.

María tomó asiento.

—Estuvo bien.

—¿Solo bien?

—Sí.

—¿Y Tyler?

María casi se atragantó.

—¿Qué pasa con Tyler?

Sus abuelos intercambiaron una mirada divertida.

—Nada.

—Abuelo...

—Solo preguntaba.

—Claro.

Su abuela soltó una carcajada.

María decidió cambiar de tema.

—¿Siempre han vivido aquí?

—Casi toda nuestra vida —respondió su abuelo.

—Hawkins era muy diferente cuando éramos jóvenes.

—¿Mejor?

—Más pequeño.

—Y mucho más aburrido —añadió su abuela.

Los tres rieron.

Después del desayuno, María decidió ayudar a ordenar algunas cajas que estaban almacenadas en una habitación del segundo piso.

La habitación parecía no haber sido abierta en años.

Había muebles cubiertos con sábanas blancas.

Libros viejos.

Maletas antiguas.

Y decenas de cajas llenas de recuerdos.

María comenzó a revisar algunas.

Fotografías.

Cartas.

Recortes de periódicos.

Objetos que parecían pertenecer a otra época.

Todo resultaba fascinante.

Mientras buscaba entre las cajas, encontró un álbum de fotos.

El cuero de la portada estaba desgastado.

Lo abrió con cuidado.

Las primeras imágenes mostraban a sus abuelos cuando eran mucho más jóvenes.

María sonrió.

Era raro verlos así.

Llenos de energía.

Con ropa completamente distinta.

Pasó varias páginas.

Vacaciones.

Cumpleaños.

Fiestas.

Momentos congelados en el tiempo.

Hasta que algo llamó su atención.

Una fotografía vieja.

En ella aparecía una parte de la casa.

Pero había algo extraño.

Una puerta.

Una puerta que María nunca había visto.

Frunció el ceño.

Volvió a observar la imagen.

No.

Definitivamente no conocía esa habitación.

Guardó la foto aparte.

Tal vez después podría preguntarles.

Siguió revisando el álbum durante varios minutos.

Hasta que escuchó la voz de su abuela desde abajo.

—¡María!

—¡Ya voy!

Cerró el álbum.

Pero antes de irse volvió a mirar la fotografía.

La misteriosa puerta seguía allí.

Silenciosa.

Como si estuviera esperando.

Y aunque no podía explicarlo...

Algo le decía que aquella fotografía era importante.

Muy importante.

Sin saberlo, María acababa de encontrar la primera pista de un secreto que llevaba décadas escondido dentro de la casa de sus abuelos.




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