UN LUGAR SECRETO
El lunes llegó más rápido de lo que María esperaba.
Cuando bajó del autobús escolar aquella mañana, todavía tenía sueño.
Ajustó la correa de su mochila y comenzó a caminar hacia la entrada.
—Buenos días, Hawkins.
—Eso sonó deprimente.
María levantó la vista.
Tyler.
Apoyado contra una columna.
Como siempre.
Sonriendo.
—Buenos días, Tyler.
—Mucho mejor.
—No sabía que supervisabas saludos.
—Ahora sí.
María puso los ojos en blanco.
Y ambos comenzaron a caminar hacia sus clases.
***
La mañana pasó lentamente.
Matemáticas.
Historia.
Biología.
María juraba que el reloj avanzaba más despacio dentro de la escuela.
Cuando finalmente sonó la campana del almuerzo, salió disparada del aula.
—Nunca había visto a alguien correr tan rápido.
—Tengo hambre.
—Motivación válida.
Tyler abrió la puerta de la cafetería.
—Gracias.
—De nada.
Mientras almorzaban, Tyler parecía distraído.
Como si estuviera pensando algo.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Mentiroso.
—Tal vez un poco.
—Habla.
Tyler suspiró.
—Quería enseñarte algo.
María arqueó una ceja.
—¿Algo raro?
—Posiblemente.
—¿Peligroso?
—Probablemente.
—Perfecto.
Tyler soltó una carcajada.
—Sabía que dirías eso.
***
Después de clases caminaron por una parte del pueblo que María todavía no conocía.
Las calles se fueron volviendo menos transitadas.
Las casas comenzaron a desaparecer.
Y pronto quedaron rodeados de árboles.
—¿A dónde vamos?
—Paciencia.
—Eso nunca es una buena señal.
—Confía en mí.
—Todavía estamos trabajando en eso.
Tyler fingió estar ofendido.
—Qué cruel.
María sonrió.
Después de varios minutos llegaron a un sendero escondido.
La vegetación era tan espesa que casi no se veía.
—Por aquí.
—¿Seguro?
—Sí.
—Si aparece un asesino, te culparé.
—Justo.
Caminaron unos minutos más.
Hasta que finalmente llegaron.
María se quedó inmóvil.
Frente a ellos había un pequeño lago.
El agua reflejaba el cielo azul.
Los árboles rodeaban todo el lugar.
Y no había nadie más.
Absolutamente nadie.
—Wow.
Tyler sonrió.
—Lo sé.
—Es hermoso.
—Mi lugar favorito de Hawkins.
María observó el paisaje.
Por primera vez desde que llegó al pueblo, sintió una tranquilidad extraña.
Como si el mundo hubiera decidido quedarse en silencio.
—¿Cómo encontraste este lugar?
—Mi papá me traía cuando era niño.
—Entonces es especial.
—Sí.
Lo era.
Durante un momento ninguno habló.
Simplemente observaron el lago.
Escucharon el viento.
Los pájaros.
El agua moviéndose suavemente.
***
—¿Extrañas Chicago?
La pregunta tomó a María por sorpresa.
Pensó unos segundos.
—A veces.
—¿Mucho?
—Al principio sí.
—¿Y ahora?
María observó el lago.
Luego a Tyler.
—Ahora un poco menos.
Tyler sonrió.
Y por alguna razón, ella sintió algo extraño en el estómago.
Algo que decidió ignorar.
Inmediatamente.
***
Cuando comenzó a atardecer, regresaron al pueblo.
Las calles estaban teñidas de naranja.
Las luces empezaban a encenderse.
Y el aire se había vuelto más fresco.
—Gracias por traerme.
—No hay problema.
—Me gustó.
—Lo sé.
—Qué confiado.
—Es uno de mis defectos.
—Tienes muchos.
—Oye.
María se echó a reír.
Y por primera vez desde que llegó a Hawkins...
Sintió que tal vez aquel lugar podía convertirse en un hogar.
Sin saberlo, mientras ella caminaba hacia la casa de sus abuelos, el destino ya estaba moviendo sus piezas.
Porque muy pronto...
Una puerta olvidada.
Un secreto escondido.
Y una máquina imposible.
Cambiarían su vida para siempre.