MENSAJES A MEDIANOCHE
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la casa.
María estaba acostada sobre su cama.
Con una manta cubriéndole las piernas.
Y el teléfono en la mano.
Había intentado leer.
Había intentado ver una serie.
Incluso había intentado dormir.
Pero nada funcionaba.
Suspiró.
Y justo en ese momento su teléfono vibró.
Tyler.
María sonrió sin darse cuenta.
Tyler: ¿Estás despierta?
María: No.
Tyler: Increíble respuesta para alguien que acaba de responder.
María: Estoy practicando para ser un fantasma.
Tyler: Vas por buen camino.
María soltó una pequeña risa.
Tyler: ¿Qué haces?
María: Nada.
Tyler: Qué emocionante.
María: Lo sé.
Tyler: Yo estoy muriendo de aburrimiento.
María: Trágico.
Tyler: Gracias por tu apoyo.
María: Siempre estoy para ayudar.
Durante los siguientes minutos continuaron enviándose mensajes.
Sobre cualquier cosa.
Películas.
Música.
Profesores.
Comida.
Incluso discutieron durante diez minutos sobre cuál era el mejor sabor de helado.
Tyler estaba equivocado.
Claramente.
Y María se lo hizo saber.
Tyler: Chocolate.
María: Fresa.
Tyler: Ya entiendo por qué sacaste mala nota en matemáticas.
María: Eso ni siquiera tiene sentido.
Tyler: Para mí sí.
María negó con la cabeza mientras reía.
Era extraño.
Muy extraño.
Porque normalmente odiaba hablar por mensajes durante tanto tiempo.
Pero con Tyler era diferente.
Las horas parecían pasar más rápido.
Mucho más rápido.
***
Eran casi las once de la noche cuando María se levantó para buscar agua.
La casa estaba completamente oscura.
Silenciosa.
Todos dormían.
Bajó las escaleras con cuidado.
Llegó a la cocina.
Tomó un vaso.
Y justo cuando iba a volver a subir...
Escuchó un ruido.
Un golpe.
Seco.
Lejano.
María se quedó inmóvil.
Miró hacia el pasillo.
Nada.
El silencio volvió a llenar la casa.
—Seguramente fue el viento.
Intentó convencerse.
Pero algo no terminaba de cuadrar.
La lluvia seguía cayendo afuera.
Y por un instante juró haber escuchado el ruido provenir del segundo piso.
Del lugar donde estaba la habitación misteriosa.
La misma habitación de la fotografía.
La misma que nunca había visto abierta.
Un escalofrío recorrió su espalda.
María decidió regresar a su cuarto.
Rápidamente.
Muy rápidamente.
***
Ya en su habitación volvió a tomar el teléfono.
Tyler seguía conectado.
Tyler: ¿Sigues viva?
María: Creo que sí.
Tyler: Respuesta preocupante.
María: Acabo de escuchar un ruido raro.
Tyler: ¿Un asesino?
María: Tyler.
Tyler: Tenía que preguntar.
María: Probablemente fue el viento.
Tyler: Probablemente.
María observó la pantalla.
Dudó unos segundos.
María: ¿Alguna vez te ha pasado que sientes que algo raro está por ocurrir?
La respuesta tardó un poco más de lo normal.
Tyler: Sí.
María: ¿Y qué haces?
Tyler: Esperar.
María: Qué ayuda tan increíble.
Tyler: Lo sé.
María sonrió.
Pero aquella sensación seguía allí.
La extraña sensación de que algo estaba cambiando.
De que algo la estaba esperando.
Muy cerca.
Mucho más cerca de lo que imaginaba.
Sin saberlo...
El misterio de la casa de sus abuelos estaba a punto de abrir la primera puerta.
Y nada volvería a ser igual.