Entré dos tiempos

9

LA CHICA PELIRROJA

El martes comenzó como cualquier otro día.

O al menos eso pensó María.

Se levantó temprano.

Desayunó con sus abuelos.

Y tomó el autobús rumbo a la escuela.

Todo parecía normal.

Hasta que llegó al pasillo principal.

—María.

Ella se giró.

Tyler venía caminando hacia ella.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Dormiste?

—Más o menos.

—¿Sigues pensando en el ruido?

—Un poco.

Tyler abrió la boca para responder.

Pero alguien se adelantó.

—Tyler.

Ambos se giraron.

Una chica pelirroja se acercaba por el pasillo.

Era bonita.

Muy bonita.

Tenía el cabello largo.

Los ojos claros.

Y una sonrisa que parecía demasiado perfecta.

—Hola —dijo ella mirando a Tyler.

—Hola, Madison.

María notó algo inmediatamente.

Tyler parecía incómodo.

Muy incómodo.

—No respondiste mis mensajes.

Madison cruzó los brazos.

—Estuve ocupado.

—¿Demasiado ocupado para responder?

—Madison...

—Solo pregunto.

La sonrisa de la chica desapareció.

Y por primera vez María sintió una tensión extraña.

Como si hubiera llegado en medio de una discusión que llevaba mucho tiempo ocurriendo.

Madison finalmente la observó.

—¿Y tú eres?

—María.

—La chica nueva.

—Supongo.

Madison sonrió.

Pero aquella sonrisa no llegó a sus ojos.

—He oído hablar de ti.

—¿En serio?

—Hawkins es pequeño.

Aquí todos hablan.

María no supo qué responder.

Por suerte sonó la campana.

—Nos vemos luego —dijo Tyler.

Y prácticamente salió de allí.

Madison observó cómo se alejaba.

Luego volvió a mirar a María.

—Nos veremos.

Y se marchó.

María la observó desaparecer entre la multitud.

Algo le decía que aquella chica iba a traer problemas.

Muchos problemas.

***

Durante el almuerzo volvió a encontrarse con Tyler.

—¿Quién era?

Tyler soltó un suspiro.

—Madison.

—Eso ya lo sé.

—Es una amiga.

María levantó una ceja.

—No sonó como una amiga.

—Es complicado.

—Ajá.

—De verdad.

María decidió no insistir.

Pero la curiosidad permaneció.

Y bastante.

***

Cuando terminaron las clases, María caminó hacia su casillero.

Estaba guardando unos libros cuando escuchó una voz.

—Así que tú eres María.

Otra vez.

Madison.

—Hola.

—Hola.

La pelirroja sonrió.

—Tyler habla mucho de ti.

María sintió algo extraño.

—¿Sí?

—Sí.

Muchísimo.

—No creo.

—Créeme.

Lo hace.

Madison cerró el casillero de al lado.

—Solo ten cuidado.

—¿Con qué?

—Con Tyler.

María frunció el ceño.

—No entiendo.

—No importa.

Madison volvió a sonreír.

La misma sonrisa extraña de aquella mañana.

—Nos vemos.

Y se marchó.

***

Esa noche, mientras estaba acostada en su habitación, María no podía dejar de pensar en aquella conversación.

Madison.

Tyler.

Los mensajes.

Las miradas.

Todo era raro.

Muy raro.

Tomó su teléfono.

Justo en ese momento llegó un mensaje.

Tyler: ¿Cómo va tu noche?

María sonrió.

María: Tranquila.

Tyler: Me alegro.

María observó la pantalla unos segundos.

Dudó.

Y finalmente escribió.

María: ¿Quién es realmente Madison?

La respuesta tardó más de lo normal.

Mucho más.

Y por primera vez...

María tuvo la sensación de que Tyler estaba ocultando algo.

Algo importante.




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