Entré dos tiempos

10

LA PUERTA PROHIBIDA

María no dejó de pensar en la respuesta de Tyler.

O mejor dicho...

En la falta de respuesta.

Después de preguntarle quién era realmente Madison, él tardó varios minutos en contestar.

Y cuando finalmente lo hizo, la respuesta fue demasiado simple.

Tyler: Es una vieja amiga.

Nada más.

Sin explicaciones.

Sin detalles.

Como si quisiera terminar la conversación.

Y eso solo hizo que María tuviera más preguntas.

***

Al día siguiente regresó de la escuela más temprano de lo normal.

La casa estaba silenciosa.

Sus abuelos habían salido al pueblo.

Otra vez.

María dejó la mochila sobre la cama.

Intentó hacer tareas.

No funcionó.

Intentó leer.

Tampoco.

Y entonces volvió a pensar en la fotografía.

La fotografía de la habitación.

La puerta misteriosa.

La puerta que aparecía en el álbum.

Y que ella jamás había visto abierta.

—Solo voy a mirar.

Se dijo a sí misma.

Nada más.

Mirar.

***

Subió al segundo piso.

El pasillo estaba completamente vacío.

Las tablas de madera crujían bajo sus pies.

Todo parecía más silencioso de lo normal.

Más antiguo.

Más extraño.

Finalmente llegó al final del pasillo.

La puerta seguía allí.

Inmóvil.

Como si hubiera estado esperando.

María se acercó lentamente.

Observó la cerradura.

Volvió a intentar abrirla.

Nada.

Cerrada.

Suspiró.

Y justo cuando iba a rendirse...

Algo llamó su atención.

Debajo de una pequeña mesa cercana había una caja.

Una caja vieja.

Cubierta de polvo.

—¿Qué es esto?

Se arrodilló.

La abrió.

Dentro había periódicos antiguos.

Cartas.

Y una pequeña llave de bronce.

María la observó.

Su corazón comenzó a latir más rápido.

No.

No podía ser tan fácil.

¿Verdad?

Tomó la llave.

Se puso de pie.

Y caminó hacia la puerta.

***

—Esto es una mala idea.

Murmuró.

Pero aun así introdujo la llave en la cerradura.

Encajó perfectamente.

María se quedó congelada.

—No puede ser.

Giró la llave.

CLIC.

El sonido resonó en el pasillo.

La puerta estaba abierta.

Por primera vez.

María tragó saliva.

Y empujó lentamente.

La puerta se abrió con un chirrido.

El aire frío salió de la habitación.

Como si nadie hubiera entrado allí durante años.

Muchísimos años.

***

El cuarto estaba oscuro.

Cubierto de polvo.

Había estanterías llenas de libros.

Herramientas antiguas.

Cajas.

Y una enorme tela blanca cubriendo algo en el centro.

María avanzó lentamente.

Su respiración era cada vez más rápida.

No sabía por qué.

Pero sentía que estaba descubriendo algo importante.

Algo que nunca debió permanecer oculto.

Se acercó a la tela.

Dudó.

Y finalmente tiró de ella.

La tela cayó al suelo.

Y María abrió los ojos de par en par.

Frente a ella había una máquina.

Una máquina enorme.

Llena de cables.

Relojes.

Palancas.

Y extraños mecanismos de metal.

Parecía salida de una película.

O de un sueño.

O de una locura.

—¿Qué demonios...?

María dio un paso atrás.

No entendía nada.

Absolutamente nada.

Pero en una pequeña placa metálica, casi cubierta por el polvo, había unas palabras grabadas.

"PROYECTO CRONOS"

Y debajo...

Una fecha.

1957.

María sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Porque por primera vez...

Comenzaba a sospechar que el secreto de sus abuelos era mucho más grande de lo que jamás imaginó.




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