Entre el amor y el miedo

Una noche Loca

Llegaron a la discoteca del hotel.

Sofía llevaba una minifalda que Clara le había prestado.

-Te ves bien. Deja de esconderte detrás de mí.

-Es que está muy corta.

-Es una lástima que te hayas negado a usar la blusa escotada que venía con esa falda. Era para dejar a todos boquiabiertos.

Se dirigieron a la mesa donde los chicos las estaban esperando.

-Ay, papacito, amiga... ¿viste a Alejandro? No me esperes despierta esta noche.

-¡Clara! -la regañó Sofía.

-¿Qué? Déjame vivir.

-Amiga, ve paso a paso. Recuerda que debes hacerlo memorable.

Clara suspiró y levantó una mano.

-No prometo nada, pero al menos déjame darle un beso.

-Ahh, no tienes solución.

-Chicas, están hermosas -dijo Marcos mientras se ponía de pie.

-Pareces una diosa -añadió Alejandro, tomando la mano de Clara para besar el reverso de su palma.

Ella sonrió con picardía mientras se sentaba a su lado. La abertura de su vestido dejó ver parte de sus piernas y Alejandro pareció olvidarse por un momento de cómo respirar.

Sofía tomó asiento sintiéndose un poco fuera de lugar.

-¿Te sientes bien? -preguntó Marcos.

-¿Por qué no lo estaría? -intervino Clara.

-No sé. La veo un poco pálida.

-Estoy bien -respondió Sofía rápidamente-. Solo estoy un poco cansada por el viaje y todo lo que hemos hecho hoy.

Poco después, Alejandro invitó a Clara a bailar.

Mientras ellos se dirigían a la pista, Marcos y Sofía se quedaron conversando mientras esperaban las bebidas.

Pero apenas dio unos sorbos a su piña colada, un extraño malestar comenzó a recorrerle el cuerpo.

-Debo ir al baño un momento.

Se levantó intentando actuar con normalidad.

A cada paso el mareo parecía empeorar.

Cuando llegó al baño sintió que iba a vomitar.

Y así fue.

Después de varios minutos intentó incorporarse.

Pero sus piernas apenas respondían.

Un dolor punzante le atravesó el estómago.

Sofía se apoyó contra la pared, tratando de recuperar el aliento.

---

Marcos interrumpió a Clara y Alejandro en medio de la pista de baile.

-Clara, Sofía lleva mucho tiempo en el baño. ¿Puedes ir a ver si está bien?

Los dos se miraron.

La preocupación en el rostro de Marcos era evidente.

-Claro.

Sin discutir, Clara se dirigió hacia los baños.

Marcos y Alejandro la siguieron, quedándose cerca de la entrada.

No tardó en encontrarla.

Los sonidos de las arcadas resonaba en las paredes.

Al encontrar a Sofía recostada contra la pared, Clara intentó ayudarla a ponerse de pie.

-Sofi, mírame.

Pero sus piernas no respondían.

Y cada vez parecía más ausente.

-¡Marcos! ¡Alejandro!

Clara salió apresurada del baño.

Los jóvenes entraron sin pensarlo dos veces al escuchar el tono de su voz.

-¿Qué pasó? -preguntó Alejandro alarmado.

-No lo sé. Se puso muy mal de repente.

Marcos se arrodilló junto a Sofía.

-Sofía.

Le apartó algunos mechones de cabello del rostro.

-Sofía, mírame.

Pero ella apenas reaccionó.

Su respiración era débil y sus ojos comenzaban a cerrarse.

-Tenemos que llevarla a un hospital.

Sin perder más tiempo, Marcos la tomó en brazos.

Entre los tres salieron apresuradamente y abordaron uno de los taxis que esperaba frente a la entrada.

-Al hospital más cercano, por favor -pidió Alejandro con urgencia.

El conductor asintió y arrancó de inmediato.

Durante el trayecto, Marcos no dejó de intentar que Sofía reaccionara.

-Vamos, Sofía.

Le acariciaba suavemente la mejilla mientras hablaba.

-Abre los ojos.

Pero ella ya había perdido el conocimiento.

Clara permanecía en silencio.

Las lágrimas corrían por sus mejillas sin que pudiera detenerlas.

Aquello la aterraba.

Alejandro apretó su mano con fuerza.

-Estará bien.

Su voz sonó más firme de lo que realmente se sentía.

Miró por la ventana.

Las luces del hospital aparecieron al final de la avenida.

-Ya estamos llegando.

Entraron por emergencia y seguido la pasaron a una habitación, aislada, todos esperaron, mientras Clara no podía parar de temblar.

- Alejandro no había soltado su mano.
Aúnque no dudaba que Clara con el estallido de nervios que tenía, no lo estuviese notando.

Al final le realizaron un lavado de estómago y varios análisis para descartar cualquier otra afección.

Todo parecía apuntar a una intoxicación alimentaria.

-Es algo relativamente frecuente cuando se viaja y se cambia de alimentación -explicó una doctora de unos sesenta años-. Pero queremos mantenerla en observación el resto de la noche por precaución.

Clara soltó el aire que llevaba horas conteniendo.

-Muchas gracias, doctora -alcanzó a decir con la voz quebrada.

La mujer le dedicó una sonrisa tranquilizadora antes de retirarse.

-Yo me quedaré con ella esta noche -anunció Clara.

-En la habitación donde está podemos quedarnos los tres, si es necesario.

Alejandro respiró profundamente y apretó los labios.

Marcos lo observó unos segundos antes de hablar.

-Amigo, sé que no puedes quedarte. Ve al hotel y descansa. Mañana te avisamos si se necesita hacer relevo.

Alejandro asintió en silencio.

Parecía querer discutir.

Pero sabía que Marcos tenía razón.

Se marchó sin hacer ruido.

Tan discretamente que Clara ni siquiera lo notó.

Estaba demasiado preocupada por Sofía.

-Ella nunca ha estado sola en un hospital -murmuró mientras observaba la puerta de la habitación-. Debe estar asustada.

Marcos apoyó una mano sobre su hombro.

-Tranquila.

Miró hacia la misma puerta.

-Pronto podremos entrar.

Cuando por fin les permitieron entrar, Sofía estaba dormida.

Los medicamentos que le habían administrado eran bastante fuertes.




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