Entre el amor y el miedo

No me hagas llorar más

A medida que el sol descendía lentamente hacia el horizonte, el cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y rosados, creando una atmósfera mágica sobre el Lago Verde.

El grupo había pasado el día caminando y tomando notas para su proyecto.

Clara y Sofía visitaron los puntos más afectados de la zona, mientras Alejandro y Marcos realizaron largos recorridos hablando con los lugareños.

Las jóvenes decidieron detenerse en una pequeña área de descanso cerca del lago para contemplar el atardecer.

El aire fresco de la tarde acariciaba sus rostros, refrescando el ambiente después de un día largo pero productivo.
Sofía se sentía revitalizada por la belleza del paisaje.

Se encontraba a pocos metros de la orilla, observando cómo el agua reflejaba colores casi mágicos.

-Amiga, eres tan despistada que ya no me aguanto y tengo que preguntar.
Sofía la miró extrañada.

-¿Qué pasa?

-¿Notaste cómo le rompiste el corazón a Marcos?

-¿Yo? ¿A qué hora?.

Clara puso los ojos en blanco.

-Ay, amiga. ¿Cómo vas a sobrevivir cuando me vaya a hacer mi maestría a Europa?

Sofía sonrió.

-No tendré que hacerlo. Me llevarás en tu maleta y nunca nos separaremos.

Ambas rieron.

-Pero hablando en serio, ¿de verdad crees que lo ofendí?.

-Amiga, lo enviaste a la friend zone sin anestesia.

-Ah, eso.

Sofía se encogió ligeramente de hombros.

-Pero él estuvo de acuerdo.

Clara se llevó una mano a la frente.

-Ay, amiga. Tan lista para las asignaturas de la universidad y tan inocente para todo lo demás.

Sofía volvió a encogerse de hombros.

-No fue mi intención herirlo ni decirlo de forma cruel. Es solo que me tomaste por sorpresa.

-Lo sé.

Clara observó el lago unos segundos antes de continuar.

-Y sé que nunca has querido una relación. Pero la verdad es que la mayoría llegan cuando menos las esperas.

Sonrió.

-Por eso suelen ser especiales.
Sofía guardó silencio.

-No te cierres a eso.

Clara la observó de reojo.

Sé que suena tonto, pero no quiero decepcionar a mis padres. Mi madre se fue de casa a los quince años embarazada y...

Clara la interrumpió.

-Tu madre fue víctima de tu padrastro. Salió embarazada y tu abuelo no la defendió. Se fue de casa por circunstancias que jamás buscó.

La miró fijamente.

-Amiga, no es lo mismo y nunca lo será.

-Pero la realidad es que sufrió mucho.
Primero por lo que pasó y después por la pérdida del embarazo. Aunque ella misma me ha contado que pensaba darlo en adopción cuando naciera.

-¿Sabes por qué todo el pueblo respeta a tu familia, Sofía? -preguntó sin apartar la mirada de ella.

Sofía negó con la cabeza.

-Porque tu madre es un ejemplo de resiliencia. Nunca ha permitido que su pasado le impida seguir adelante y estoy segura de que jamás ha querido que tú vivas atada al suyo.

Sofía sintió cómo los ojos se le llenaban de lágrimas.

-Sé de primera mano todo lo que ha vivido mi madre, todo lo que ha pasado mi familia. Por eso quiero ir con pies de pluma para no lastimarlos.

Su voz se quebró ligeramente.

-Quiero que mis padres estén orgullosos de mí.

-Mi dulce amiga, a veces olvido que tenemos la misma edad -dijo Clara con una sonrisa.

Sofía soltó una pequeña risa.

-¿Crees que tus padres se habrían endeudado para pagar la universidad si no sintieran orgullo por su niña?

Sofía le sonrió, aún sintiendo las lágrimas recorrer sus mejillas.

-No quiero que pienses que te estoy sermoneando. Solo quiero que te des la oportunidad.

Hizo una pausa.

-Es innegable que babeas por Marcos.

Sofía abrió la boca para protestar.

-Y él, sorprendentemente, es muy tierno contigo porque sabe el valor que tienes.

Sofía bajó la mirada.

-Él... él me dijo que le gusto.

Clara abrió los ojos como platos.

-¡¿Amiga?!

Sofía asintió lentamente.

-¡Lo tienes comiendo de tu mano!

Se tapó la boca con ambas manos.
Y entonces recordó algo.

-¡Ay, no!

Miró a Sofía horrorizada.

-¿Él se te declaró y aun así lo mandaste a la friend zone?

Negó con la cabeza.

-Sí que eres cruel.

-Ay, no, Clara. ¿Qué debo hacer?

Clara sonrió.

-Amiga, solo se tú, ni tu mamá, ni tu papá, ni nadie más.

Tomó una de sus manos entre las suyas.

-Vive.

-Sé tú, repitió, poniendo énfasis.

Hizo una breve pausa.

-Sin la sombra de lo que vivió tu familia o de lo que otros puedan sentir.
Miró el lago por un instante antes de volver a verla.

-Al fin y al cabo, es tu vida.

Se quedaron contemplando el atardecer hasta que los vibrantes colores desaparecieron y la luna se reflejó sobre el lago, dándole una apariencia de cuento de hadas.

-Creo que ya deberíamos volver al hotel. Hace horas que tendríamos que haber regresado.

Marcos y Alejandro deben estar preocupados -dijo Clara mientras recogía sus cosas de la grama.
Sofía asintió en silencio.

-Tranquila. Marcos sabe que necesitas tiempo, amiga.

Cuando llegaron al hotel, encontraron a Alejandro y Marcos discutiendo frente a varios folletos.

-Este lugar tiene las habitaciones más cómodas.

-Sí, pero este es más económico. Señor, usted tiene dinero de sobra. El resto de nosotros apenas sobrevivimos.

Marcos levantó las manos en señal de rendición.

-Chicas, qué bueno que llegan.
Se puso de pie y acomodó una silla para cada una.

-Nuestra reserva es hasta el desayuno de mañana, pero creemos que necesitamos más tiempo para terminar el proyecto.

Sofía bajó la cabeza.

-Lo lamento.

-La verdad, te lo agradecemos -respondió Alejandro-. Ahora tenemos una excusa para seguir disfrutando de la zona.

Marcos les mostró varios folletos.

-Estamos discutiendo entre estas opciones.

Señaló una de las imágenes.




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