Marcos
Juro que he intentado prestar atención a todo lo que Alejandro me está diciendo.
Al proyecto.
Pero no puedo.
El "solo amigos" no a dejado de torturarme toda la mañana.
Nunca un rechazo me había golpeado de esa manera.
-¿Te parece si paramos a comer algo?
-preguntó Alejandro al ver un humilde puesto de comida junto al camino.
El aroma de la carne asada inundaba el aire.
-Huele delicioso, pero no tengo hambre.
Alejandro soltó una carcajada.
-¿Espera? ¿Tú no quieres probar comida?
Lo miró con incredulidad.
-De verdad que Sofía está haciendo estragos en ti, amigo.
Marcos decidió mirar hacia otro lado.
-Te conozco demasiado bien. No puedes esconderlo.
Hizo una pausa.
-Te tiene completamente flechado.
-y ?,ya la escuchaste.
Marcos apretó la mandíbula.
-Solo somos amigos.
Bajó la mirada.
-Y me pareció bastante segura cuándolo dijo.
-Me encantaría saber qué siente este galán ante su primer rechazo.
-No te burles.
La respuesta salió más seca de lo que pretendía.
-Ella... ella sí me importa.
La sonrisa de Alejandro desapareció.
Sin decir nada más, pidió dos platos de chicharrón de cerdo acompañados de un tubérculo típico de la región.
Sabía que Marcos necesitaba comer.
-¿Qué piensas hacer? -preguntó Alejandro.
-Nada.
Alejandro lo miró sorprendido.
-Si te fijas, ella es como una pequeña oruga.
Marcos sonrió al pensar en Sofía.
-Tal vez aún es muy niña para algunas cosas.
Hizo una pausa.
-Creo que no está lista, y lo peor que puedo hacer es presionarla.
-Estoy de acuerdo.
Alejandro asintió.
-Las mujeres piensan diferente. Si se sienten presionadas, pueden mandar todo por la borda y adiós.
Ambos concentraron su atención en la comida durante unos minutos.
-Amigo, ¿tu viaje a Italia sigue en pie?
-Por supuesto. En cuanto termine el trimestre.
Lo miró de reojo.
-¿Quieres venir?
-Si me dejas fuera, eres hombre muerto.
Ambos sonrieron.
-Eres mi apoyo entre la jauría de lobos que es mi familia.
Marcos soltó una pequeña risa.
-Solo no te asustes.
-Claro que no. Sobre todo si voy a conocer un verdadero viñedo italiano.
-¿Y cómo se llama el viñedo de tu familia? Nunca me lo has dicho.
Marcos negó con la cabeza.
-Prefiero mostrártelo cuando lleguemos.
Lo señaló con el tenedor.
-Te conozco. No quiero que empieces a investigar a mi familia antes de tiempo.
-Entonces dame una pista.
-Si buscas a los Fernández, seguro me encuentras.
Alejandro arqueó una ceja.
-¿No es un apellido bastante común en Italia?
-Oh, sí. Bastante común.
Una sonrisa divertida apareció en los labios de Marcos.
-Pero Fernández con viñedos...solo nosotros.
-¿Vamos a comer con las chicas? Clara me escribió para que la llamara.
-Clara y tú se entienden bastante bien.
-Más de lo que crees, amigo.
Alejandro sonrió.
-Y te puedo asegurar que ella no es ninguna niña.
Ambos soltaron una carcajada.
-No hacía falta que lo aclararas -respondió Marcos con una sonrisa.
-Aunque, si me preguntas, no sabría decir quién dio el primer paso.
Hizo una pausa teatral.
-Aunque, como todo caballero, debo decir que fui yo.
-Ajá.
Marcos levantó una ceja.
-Claro que sí.
Volvieron a reír.
Después de unos segundos, Marcos lo observó con seriedad.
-Disfrútalo amigo.
Alejandro lo miró extrañado.
-¿Qué cosa?
-Esto, Clara, ustedes.
Se encogió de hombros.
-Te lo mereces.
Hizo una breve pausa.
-Y si Sofía es amiga de Clara, entonces estoy seguro de que es una gran persona.
-Estaba pensando que, si nos vamos mañana, todo va a quedar un poco enredado entre tú y Sofía.
Marcos levantó una ceja.
-¿Y qué propones?
-¿Qué te parece si nos quedamos unos días más?
Marcos sonrió.
-Suena bien, pero ¿con qué excusa?
-Pues te perdimos a ti y a Sofía durante todo un día.
Alejandro se dio un trago de un jugo de fruta que se tomaba.
-Y aunque Clara y yo avanzamos bastante, ellas no saben que ya estamos prácticamente al día con el proyecto.
Marcos soltó una carcajada.
-Tienes una mente maquiavélica.
-Creo que Clara me está contagiando.
Ambos rieron.
-Claro, veremos qué pasa.
-Hoy terminaremos todo el trabajo pendiente.
Alejandro le dio una palmada en el hombro.
-Así que el resto serán vacaciones.
Marcos sonrió.
-Ya sabía que había una razón para que me cayeras tan bien, Alejandro.
Cayó la tarde y los jóvenes se dedicaron a buscar opciones para la reserva.
Folletos y promociones se acumulaban sobre la mesa.
-Este me encanta -dijo Marcos.
Alejandro observó la fotografía.
-Es solo para parejas.
Levantó una ceja.
-Y no hace ni cinco horas que me dijiste que Sofía aún era una niña.
-No lo tomes tan literal, amigo. Sabes a lo que me refería.
Alejandro cruzó los brazos.
-Algo me dice que vas a proponérselo.
-Si lo dudas es porque no me conoces lo suficiente.
-¿Y si te vuelve a rechazar?
Marcos sonrió.
No parecía preocupado.
-Amigo, si ella escoge este lugar, te aseguro que no estará pensando en rechazarme.
Hizo una pausa.
-Aunque lo niegue.
Alejandro soltó una carcajada.
-Qué fe tan grande tienes.
Marcos sonrió mientras descartaba una a una las demás opciones.
Hasta dejar solamente dos sobre la mesa.
-Estas dos opciones son perfectas.
Marcos señaló los folletos que habían dejado sobre la mesa.
-Desde que las escuchamos llegar, comenzamos a discutir cuál mostrarles.
-Si Clara se imagina esto, nos mata.
-¿Por qué?
Marcos levantó una ceja.
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Editado: 01.07.2026