Entre el amor y el miedo

La caperuza y el lobo.

Sofía

¿En serio pasó?

¿No me lo soñé?

¿No lo imaginé?

Después del beso volvieron a envolverse en un dulce abrazo, pero ninguno dijo nada.

A pesar de que Marcos la acompañó hasta su habitación, Sofía seguía sin procesar lo ocurrido.

Clara y Alejandro la vieron entrar al baño en silencio.

Segundos después, escucharon el agua de la ducha.

-Un espectro de Sofía acaba de entrar al baño -bromeó Alejandro.

Clara le dio un golpe en el hombro.

-No te burles de mi amiga. Solo yo puedo hacerlo.

Hizo una pausa.

-Y no es un espectro. Es un fantasma, bobo.

Ambos rieron.

-Voy a ver qué le pasó. No puede ser algo peor que la friend zone.

-¿Y si sí? -preguntó Alejandro, pensativo.

-¿Qué cosa?

-Que acabaron por completo todo.

Ambos se quedaron mirándose, alarmados.

-Iré con Marcos -se apresuró a decir Alejandro mientras recogía los folletos.

-Yo con Sofi. Mañana reunimos información.

Clara golpeó suavemente la puerta del baño.

-¿Sofi? ¿Amiga? ¿Pasó algo malo?

No obtuvo respuesta.

Sofía solía ducharse con la música tan alta que apenas escuchaba el mundo exterior.

Clara comenzó a morderse las uñas.

Esperó unos segundos más.

Y decidió que no podía aguantar la curiosidad.

Se dirigió a la habitación de Marcos.

-¿Clara?

Alejandro abrió la puerta.

-¿No pudiste hablar con Sofía?

-No. Sigue encerrada en el baño.

Se asomó al interior.

-¿Me dejan pasar?

Alejandro abrió más la puerta.

Dentro, Marcos estaba sentado sobre la cama leyendo un libro como si nada extraordinario hubiera ocurrido.

-¿Y? -preguntó Clara.

-Nada -respondió Alejandro en voz baja-. No me dice nada, pero esa cara la conozco.

Sonrió.

-Está feliz. Solo intenta ocultarlo.

-Si ya terminaron de conspirar contra mí -interrumpió Marcos sin apartar la vista del libro-, quiero informarles que no les diré nada.

Por fin levantó la mirada.

-A ninguno de los dos.

Cerró el libro con tranquilidad.

-La curiosidad los está matando, lo veo a leguas.

Los señaló con el dedo.

-Y son tal para cual.

Ambos se miraron con los brazos cruzados.

-Con amigos así, ¿para qué quiero enemigos? -dijo Clara mientras le sacaba la lengua.

Luego se acercó a Alejandro.

-Intenta sacarle algo -le susurró al oído.

Antes de marcharse, le dejó un beso en la mejilla.

Después señaló a Marcos.

-Y solo te advierto una cosa.
Entrecerró los ojos.

-Si le hiciste algo a mi amiga, te las verás conmigo.

Marcos sonrió mientras le hacía una exagerada reverencia un tanto burlona.

Clara se arremangó el suéter de forma amenazante.

Marcos ya no pudo contener la risa.

Alejandro la rodeó por la cintura con ambos brazos para impedir que avanzara.

-Sí que eres tierna.

-¡Suéltame, Alejandro!

Clara intentó zafarse.

-Ya le enseñaré quién es tierna.

Alejandro terminó cargándola sobre sus hombros.

La cabeza de Clara quedó colgando por su espalda.

Mientras la alejaba hacia la puerta, ella le hizo una seña nada elegante a Marcos.

-Nos vemos mañana, mi pequeña fierecilla, Te juro que si me cuenta algo, serás la primera en enterarte.

-Bueno.

Clara señaló a Marcos por última vez.

-Hoy me caes peor que ayer.

Marcos soltó una carcajada que hizo reír a Alejandro.

El nuevo hotel en realidad, era más una villa privada que un hotel.

Y también era mucho más hermosa de lo que habían imaginado.

La pequeña casa de campo contaba con dos habitaciones, un jardín lleno de rosas de distintos colores, flores de sangre de Cristo y otras variedades que Clara no supo identificar.

También tenía una pequeña piscina.

Tan pequeña que parecía más un jacuzzi enorme que una piscina de verdad.

Clara observó los alrededores.

-Pensé que este lugar tenía jacuzzi en las habitaciones.

Hizo un puchero.

-Pues tres de mis amigos escogieron la opción barata -respondió Marcos.

Clara giró lentamente la cabeza para lanzarle una mirada asesina.

Marcos soltó una carcajada.

-De verdad pareces un hobbit.

Hizo una pausa.

-El hobbit enojón.

Sofia terminó riéndose.

Pero al notar la expresión de Clara volvió a apretar los labios.

-Creo que voy a explorar un poco la zona- dijo tímidamente Sofía.

-Voy contigo -se apresuró a decir Marcos.

-Mi vida corre peligro dentro de esta casa.

Sofía rió y ambos salieron prácticamente corriendo de la villa.

-¿Tu amiga siempre ha tenido ese carácter? -preguntó Marcos.

Sofía soltó otra carcajada.

-La verdad, sí.

Sonrió al recordar.

-Desde niñas era ella quien me defendía del bullying de los otros niños.

Marcos la miró extrañado.

-¿Y por qué te hacían bullying?

Hizo una pausa.

-¿Eras muy lista?

-No.

Sofía negó con la cabeza.

-La verdad, tenía bastante sobrepeso.

Miró hacia adelante mientras caminaban.

-Fue durante la adolescencia cuando mi cuerpo decidió tenerme un poco de compasión.

Marcos se detuvo un instante.

-¿O sea que después de la adolescencia tu cuerpo se volvió completamente psicópata?

Sofía lo miró confundida.

-¿Qué?

-Es que así como te ves ahora...

Marcos se encogió de hombros.

-Cualquiera mataría por tí, aunque trates de esconderlo.

Sofía estalló en carcajadas.

-Creo que te has vuelto miope.

Marcos sonrió y fijó la vista en un pequeño acantilado.

Desde allí podía verse gran parte de la ciudad.

Tomó la mano de Sofía con naturalidad.

Y su sonrisa volvió a brillar cuando ella le correspondió el gesto sin dudar.

-Si algún día muero, esparzan mis cenizas aquí.

Sofía lo miró horrorizada.

Marcos soltó una risa.




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