Entre el este y el oeste:separados por el muro.

Capítulo 3

El viento se volvió más frío cuando llegó a la esquina de la calle. Las luces del tranvía aparecieron a lo lejos, pero Markus no se movió.

Miró el reloj de su muñeca y luego pensó en Klara.

Fue corriendo hacia el sitio donde se habían despedido; al localizarla, fue a su encuentro.

—El próximo tranvía tardará al menos quince minutos —dijo—. Hay un café pequeño al final de la calle. No es gran cosa, pero sirven algo caliente.

Klara dudó un instante. No solía salir con desconocidos, y menos por la noche. Pero Markus no parecía peligroso. Solo… cansado.

—Está bien —respondió finalmente.

El café era estrecho y oscuro, con las paredes cubiertas de humo de tabaco. Tres mesas estaban ocupadas por hombres que hablaban en voz baja mientras bebían café aguado. En un rincón, una radio sonaba muy baja con música instrumental.

Se sentaron cerca de la ventana empañada.

La camarera dejó dos tazas sobre la mesa sin decir mucho.

Durante unos segundos ninguno habló.

—No suelo invitar a gente a cafés —dijo Markus al fin, con una pequeña sonrisa.

—Yo tampoco suelo aceptarlos —respondió Klara.

Eso los hizo reír suavemente.

El vapor del café subía entre ellos.

—¿Siempre ha vivido en Berlín? —preguntó Markus.

—Sí. Nací aquí —respondió Klara—. Antes de la guerra, mi padre decía que la ciudad nunca dormía. Ahora parece que siempre está cansada.

Markus asintió.

—Yo nací cerca de Dresde. Vine a Berlín hace cuatro años para trabajar.

Klara lo observó con curiosidad.

—¿Y le gusta?

Él se encogió de hombros.

—Supongo que uno se acostumbra a cualquier sitio… aunque no siempre sea el lugar donde quiere estar.

Klara apoyó las manos alrededor de la taza para calentarse.

—¿Y dónde le gustaría estar?

Markus tardó unos segundos en responder.

—En el sur.

Ella levantó la mirada, sorprendida.

—¿El sur?

—Sí. Múnich, quizá. O Italia. Donde el invierno no dure medio año y la gente no parezca caminar siempre mirando al suelo.

Klara sonrió con suavidad.

—Mi padre hablaba mucho de Italia cuando yo era pequeña. Decía que el mar era azul como el cielo y que la gente cenaba fuera aunque fuera tarde.

—¿Lo ha visto alguna vez?

—No.

—Yo tampoco —dijo Markus—. Pero a veces imagino que algún día simplemente subiré a un tren y seguiré viajando hasta que el frío desaparezca.

El silencio que siguió no fue incómodo. Era el tipo de silencio que aparece cuando dos personas empiezan a sentirse cómodas.

Klara tomó un sorbo de café.

—Suena bonito.

—Quizá demasiado bonito para ser verdad.

Ella lo miró.

—A veces los sueños son lo único que tenemos.

Markus sostuvo su mirada durante un momento más largo que antes.

No había romance todavía. No había promesas. Solo la sensación tranquila de que, por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos estaba completamente solo.

Cuando salieron del café, el tranvía ya esperaba en la parada.

Antes de subir, Markus dijo:

—Me alegro de haberla invitado.

Klara dudó un segundo antes de responder.

—Yo también.

—Le gustaría que mañana domingo nos veamos de nuevo.

—Está bien, hasta mañana entonces.

—Bis morgen.

El domingo por la tarde Berlín parecía más tranquila.

Las calles estaban menos llenas y el ruido de los tranvías se mezclaba con el eco lejano de una banda que tocaba en algún parque.

Klara caminaba junto a Markus por la orilla del Spree.

—Un compañero mío se fue ayer —dijo Markus de pronto.

—¿A otra ciudad?

Él negó con la cabeza.

—Al oeste.

Klara frunció el ceño.

—Pero eso no es tan raro.

—No —respondió Markus—. Lo raro es que dijo que no piensa volver.

Klara guardó silencio.

En Berlín, muchas personas cruzaban de un lado a otro todos los días. Era algo normal. Pero la forma en que Markus lo había dicho hacía que sonara diferente.

—¿Y por qué?

Markus miró el río unos segundos.

–Dice que las cosas van a cambiar.

—¿Cambiar cómo?

Él se encogió de hombros.

—Nadie lo sabe exactamente. Pero todos lo sentimos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.