La tarde estaba tibia para ser marzo; el sol caía sobre la plaza del Este, donde la gente paseaba entre los puestos del mercado de primavera. Klara esperaba junto a un puesto de pan dulce, mirando hacia el puente. Anna llegó tarde, con el abrigo abierto y el pelo revuelto.
—Perdón, perdón —dijo—. Había una cola enorme en la panadería y, además —la miró con los ojos entrecerrados—, ¿por qué estás tan nerviosa?
Klara se mordió el labio. —Porque hoy Markus quiere que conozcas a alguien.
Anna levantó una ceja. —¿A quién? ¿A su tía? ¿A su prima? ¿A su perro imaginario?
—A sus amigos, Erik y Sofie.
Anna se detuvo; la expresión se le suavizó un poco. —Ah, los famosos amigos que me mostraste en la foto.
Klara asintió. —Sí.
Anna suspiró: —Bueno, vamos; si no me caen bien, lo sabrás enseguida.
Klara rió.—Eso ya lo sé.
Markus apareció entre la gente, con Erik a su lado; Sofía caminaba detrás, con su bufanda amarilla y una sonrisa cálida. —¡Ahí están! —dijo Markus.
Klara sintió que el corazón se le aceleraba. Anna cruzó los brazos, lista para evaluar a aquellos desconocidos. Erik, en cambio, los saludó con entusiasmo.
—¡Hola! Tú debes ser Anna; Markus nos ha hablado también de ti.
Anna lo miró con sospecha. —¿Para bien o para mal?
Erik rió. —Para bien, creo.
Sofie dio un paso adelante; su sonrisa era tan suave que incluso Anna pareció desarmarse un poco. —Hola, Anna, soy Sofie, tenía ganas de conocerte.
Anna la observó de arriba abajo: bufanda amarilla, ojos brillantes, sonrisa amable.
—Tú eres Sofie —dijo Anna—. La amiga perfecta.
Klara se llevó una mano a la frente.—Anna…
Pero Sofie sonrió. —Me gustas.
Anna abrió los ojos. —¿Qué?
—Sí, eres directa, me gusta la gente directa.
Anna se quedó sin palabras, por primera vez en mucho tiempo.
Markus susurró a Klara: —Creo que se van a llevar bien.
Klara sonrió.—Yo también.
Erik señaló un puesto de chocolate caliente. —¿Tomamos algo?
Anna respondió antes que nadie: —Sí, tengo frío y curiosidad.
Se sentaron los cuatro alrededor de una mesa pequeña; el vapor del chocolate subía en espirales. Sofie miró a Anna con interés genuino.
—Klara me ha hablado mucho de ti.
Anna bebió un sorbo. —¿Ah, sí? ¿Y qué ha dicho?
Sofie sostuvo la taza entre las manos antes de responder.
—Que eres fuerte y divertida, que siempre la proteges.
Anna se quedó quieta, luego miró a Klara.
—¿Has dicho eso?
Klara se sonrojó. —Bueno, sí.
Anna carraspeó, incómoda. —Pues gracias.
Sofie sonrió. —Me alegra que seas su amiga; Klara necesita gente como tú.
Anna la miró fijamente. —Tú también pareces buena amiga.
Sofie bajó la mirada, tímida. —Lo intento.
Erik intervino: —Sofie es la mejor amiga del mundo y la mejor novia, la mejor persona.
Sofie le dio un codazo. —Erik, por favor.
Anna rio: —Me caes bien, Sofie, eres demasiado buena para este desastre.
Erik puso una mano en el pecho. —¡Oye!
Sofie sacó una cámara pequeña. —¿Puedo haceros una foto? A vosotras dos.
Anna abrió los ojos. —¿A nosotras?
—Sí —respondió Sofie—. Quiero recordar este día.
Klara sonrió. —Vamos, Anna.
Anna suspiró, resignada. —Está bien, pero si salgo mal, la quemas.
Sofie rio. —Prometido.
Klara y Anna se colocaron juntas; Anna puso un brazo alrededor de ella como siempre hacía cuando se hacían fotos.
Sofie ajustó la cámara. —Sonreíd.
El clic sonó como un pequeño latido. —Haré tres copias —dijo Sofie—. Una para cada una.
Anna la miró con una mezcla de sorpresa y cariño. —Gracias.
Los cinco caminaron por la plaza; Anna y Sofie hablaban animadamente como si se conocieran de años.
—¿Te gusta leer? —preguntó Sofie.
—Sí —respondió Anna—. Pero no poesía; la poesía es para gente que tiene tiempo para sufrir.
Sofie rió.—Entonces te prestaré novelas.
—Vale, pero si son aburridas, te las devuelvo con notas.
—Acepto el riesgo.
Klara miró a Markus.
—Se llevan bien.
—Demasiado bien —respondió él, riendo.
Se despidieron prometiendo quedar para el día siguiente; durante el trayecto a su casa, Anna iba comentando con Klara que le habían caído bien Sofie y Erik.
—Sabes, Klara, ahora soy yo la que le toca conocer a un chico para no ser la única soltera de la pandilla —dijo entre bromas.
—Si quieres, le digo a Markus que te presente a su primo —dijo riendo.
Anna la miró como si quisiera matarla; al llegar a su edificio, se despidieron con un abrazo.
Klara, al llegar a su casa, le contó todo a su madre, que la escuchaba atentamente. Cuando se metió en su dormitorio, se sentó en la mesa y abrió su cuaderno azul; pegó la foto que Sofie le había dado antes de despedirse.
Ella y Anna juntas, sonriendo felices.
Debajo escribió:
20 de marzo de 1961:
Hoy Anna ha conocido a Sofie y ha sido como juntar fuego y luz; creo que serán amigas, creo que se necesitan y eso me hace feliz. Cerró el cuaderno.
Se acostó feliz, pensando en la suerte que tenía de conocer a Sofie y feliz de que su mejor amiga Anna y Sofie se llevaran bien.