Entre el este y el oeste:separados por el muro.

Capitulo 48

El 14 de mayo amaneció con un cielo azul limpio, casi insolente. El aire olía a hierba recién cortada y a pan caliente. Klara salió de casa con el cabello suelto, sintiendo por primera vez en meses que no necesitaba bufanda.

Su madre la miró desde la puerta.

—Disfruta el día, hija. Hoy hace un sol que parece de mentira.

Klara sonrió.

—Lo haré.

Caminó hacia el puente y allí estaba Markus, con su moto: una moto negra, brillante, con el asiento gastado y el manillar un poco torcido. Pero para Klara… era la cosa más emocionante que había visto en su vida.

Markus se quitó el casco y sonrió.

—¿Lista?

Klara abrió los ojos.

—¿Para qué?

—Para tu primera lección de moto.

Klara se llevó una mano al pecho.

—¿Estás loco?

—Sí —respondió Markus—. Pero tú también, así que estamos empatados.

Klara rio.

—No sé si puedo…

—Puedes. Y yo estaré detrás de ti.

Klara sintió un calor dulce en el pecho; en ese momento, Anna llegó corriendo, con una bolsa de galletas y el pelo revuelto.

—¡No empecéis sin mí! ¡Quiero ver cómo te matas!

Klara la miró horrorizada.

—¡Anna!

—Es broma —respondió ella—. Más o menos.

Erik y Sofie llegaron detrás. Jonas, el primo de Markus, también iba con ellos. Erik silbó al ver la moto.

—¡Qué belleza! ¿Puedo conducirla después?

—No —respondió Markus.

—¿Por qué no?

—Porque la romperías.

Sofie rió.

—Tiene razón.

Erik puso cara de ofendido.

—¿Por qué todos asumís que soy un desastre?

Anna levantó la mano.

—Porque lo eres.

Luego miró a Jonas.

—¿Y tú quién eres?

Jonas sonrió.

—Jonas, primo de Markus. Tú debes ser Anna. Me han hablado mucho de ti.

Anna miró a Markus.

—Espero que sean cosas buenas.

Markus sonrió al ver la forma en que Anna lo miraba; se acercó a Klara.

—Sube.

Klara tragó saliva.

—¿Así… sin más?

—Así, sin más.

Klara se sentó en la moto. El asiento estaba tibio por el sol. Markus se colocó detrás de ella, muy cerca, y puso sus manos sobre las de ella en el manillar.

—Respira —susurró.

Klara lo hizo.

—Ahora inclínate un poco hacia delante.

Ella obedeció.

—Y cuando yo te diga, giras suavemente.

Anna gritó desde atrás:

—¡Si te caes, yo no te levanto!

Sofie le dio un codazo.

—Déjala tranquila.

Erik aplaudió.

—¡Vamos, Klara!

—Venga, Klara, no tengas miedo —le dijo Jonas.

Klara cerró los ojos un instante. Sintió el pecho lleno de nervios y emoción.

—Estoy lista —dijo.

Markus sonrió.

—Entonces vamos.

Encendió la moto. El motor vibró bajo ellos y Klara sintió que el corazón se le aceleraba.

—Sujétate —dijo Markus.

Ella apretó el manillar.

—No, a mí —corrigió él, riendo.

Klara se sonrojó y lo abrazó por los brazos.

—Así está mejor.

La moto avanzó despacio, muy despacio, pero para Klara… era como volar; el viento le golpeaba el rostro, el sol le calentaba la piel y Markus estaba detrás de ella, firme y seguro.

—Lo estás haciendo muy bien —susurró él.

Klara rió.

—¡No estoy haciendo nada!

—Exacto. Y aun así lo haces bien.

Después de unos minutos, Markus tomó el control y aceleró un poco más. Klara gritó, pero de emoción, no de miedo.

—¡Markus!

—¿Sí?

—¡Esto es increíble!

Él rió.

—Te lo dije.

Anna, Erik, Sofie y Jonas corrían detrás, intentando alcanzarlos.

—¡No es justo! —gritó Erik—. ¡Yo también quiero subir!

Sofie se detuvo, riendo.

—Déjalos. Están felices.

Anna cruzó los brazos.

—Sí, sí… muy bonito. Pero si se caen, yo me quedo con la moto.

Markus frenó suavemente bajo un árbol grande. Klara bajó de la moto con las piernas temblando.

—¿Estás bien? —preguntó él.

—Creo que sí… Creo que no siento las piernas, pero sí estoy bien.

Markus rió.

—Lo has hecho muy bien.

Klara lo miró.

—Gracias por confiar en mí.

—Siempre.

Anna llegó jadeando.

—¡Sois unos salvajes! ¡Unos inconscientes! ¡Unos…!

Sofie la abrazó por detrás.

—Estás celosa.

—¡No estoy celosa!

Erik intervino:

—Sí lo estás.

Anna lo empujó.

—¡Cállate!

Pero sonreía; Sofie sacó su cámara.

—Quiero una foto de Klara en la moto.

Klara abrió los ojos.

—¿Yo sola?

—Sí —respondió Sofie—. Es tu día.

Klara se sentó en la moto. Markus se colocó detrás, apoyando una mano en su hombro. Anna se puso a un lado, con una pose dramática. Erik se subió a una piedra para salir más alto y Jonas se colocó al lado de él.

Sofie rió.

—Sois imposibles. A la de tres. Una… dos… tres.

El clic sonó como un pequeño latido.

—Haré copias para todos —dijo Sofie—. Quiero que recordéis este día.

Klara sintió un nudo dulce en la garganta.

Durante toda la tarde, los seis lo pasaron muy bien. Anna bromeaba con Jonas y, para sorpresa de todos, congeniaron enseguida. Erik no dejó de hacer el payaso, Sofie hizo fotografías y Markus y Klara disfrutaron de cada momento juntos. Por unas horas, no hubo preocupaciones.

Solo amigos, solo risas, solo juventud.

Esa noche, al volver a casa, Klara abrió su cuaderno azul y pegó la fotografía del día.

Ella estaba sobre la moto, con Markus detrás. Anna hacía el payaso a un lado, Erik y Jonas posaban como héroes y Sofie sonreía detrás de la cámara.

Debajo escribió:

14 de mayo de 1961.

Hoy volé.

Hoy sentí el viento en la cara y la vida en el pecho; hoy Markus me enseñó a no tener miedo. Hoy estuvimos todos juntos, hoy fuimos felices.

Cerró el cuaderno; la primavera estaba en su punto más dulce. Klara pensó que, por un instante, solo un instante…

Todo era eterno.

Markus llegó a su casa. Jonas le había dicho que Anna le había caído bien, a pesar de estar un poco loca.




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