Entre el este y el oeste:separados por el muro.

Capitulo 49

El 16 de julio amaneció con un sol brillante que parecía decidido a quedarse todo el día. El aire olía a hierba seca, a agua tibia y a verano.

Klara caminaba hacia el punto de encuentro con el vestido más ligero que tenía, el cabello recogido en una trenza suelta y una sonrisa que no podía esconder.

Markus la esperaba junto al puente, con una cesta y una toalla al hombro.

—Estás preciosa —dijo él, sin exagerar.

Klara se sonrojó.

—Es solo un vestido.

—No. Eres tú.

Ella rió, nerviosa y feliz.

—¿Y los demás?

—Vienen en camino.

Anna llegó con un sombrero enorme que parecía robado de una película francesa.

—No pienso quemarme —anunció—. Mi piel es demasiado valiosa.

Erik apareció cargando tres toallas, dos cestas y una pelota.

—¡Hoy vamos a nadar hasta el centro del lago!

—No —respondió Sofie detrás de él—. Tú no. Tú te ahogas hasta en la bañera.

Erik puso cara de indignación.

—¡Eso fue una vez!

Sofie lo besó en la mejilla.

—Y suficiente.

Klara rio. Markus también; al rato llegó Jonas con una toalla, una cesta y muchas ganas de pasarlo bien.

—Vamos —dijo—. El lago nos espera.

El agua brillaba como un espejo azul. Las familias se bañaban cerca de la orilla, los niños corrían y los jóvenes reían; era un día perfecto. Extendieron las toallas bajo un árbol grande. El sol filtraba la luz entre las hojas, creando sombras suaves sobre sus rostros.

—¡Al agua! —gritó Erik, quitándose la camisa.

—¡No! —gritó Sofie—. ¡Primero crema!

Erik se detuvo, derrotado.

—Odio la crema.

—La crema te ama —respondió Sofie—. Y yo también, así que póntela.

Anna rio.

—Eres como una madre joven.

—Y tú como una abuela gruñona —respondió Sofie.

Anna abrió la boca para protestar, pero terminó riendo. Klara se acercó al agua con los pies descalzos; el agua estaba tibia, suave, perfecta. Markus se metió detrás de ella.

—¿Lista?

—Creo que sí.

—No te preocupes. Estoy aquí.

Klara entró despacio. El agua le llegó a las rodillas, luego a la cintura. Markus la tomó de la mano.

—Ven.

Ella se dejó llevar.

Cuando el agua les llegó al pecho, Klara cerró los ojos.

—Hace calor y frío al mismo tiempo —dijo.

—Es verano —respondió Markus—. El verano siempre es así.

Klara rió.

Erik apareció nadando como un pato descontrolado.

—¡Mirad! ¡Mirad lo que puedo hacer!

Se hundió y no volvió a salir; Sofie suspiró.

—Un segundo…

Se metió bajo el agua y lo sacó tirando de la oreja.

—¡Erik!

—¡Estaba practicando! —protestó él.

—Estabas muriéndote —respondió Sofie.

Anna, que estaba con Jonas cerca de la orilla, gritó:

—¡Si se muere, me quedo con su cesta!

Erik levantó un puño.

—¡Ni lo sueñes!

Cuando los demás se alejaron jugando, Markus se acercó a Klara.

—¿Te gusta?

—Mucho —respondió ella—. Nunca había estado en un sitio así.

—¿En un lago?

Klara negó con la cabeza.

—En un día así.

Markus la miró con una ternura que casi dolía.

—Ojalá pudiera darte muchos más.

Klara bajó la mirada.

—Ya me los das.

Él tomó su rostro entre las manos y la besó, un beso suave y cálido; volvieron a la toalla.

Anna ya estaba comiendo sandía y bromeando con Jonas.

—He decidido que este es mi día favorito del año —anunció.

—¿Por qué? —preguntó Jonas.

—Porque estoy guapa, tengo comida y no estoy trabajando.

Jonas rió.

—Eres fácil de complacer.

—Y tú difícil de soportar —respondió Anna.

Klara se tumbó sobre la toalla. El sol le calentaba la piel y el viento le movía la trenza. Markus se tumbó a su lado, con un brazo bajo la cabeza.

—¿En qué piensas? —preguntó él.

—En que no quiero que este día termine.

Markus sonrió.

—No terminará. Lo guardaremos.

Klara lo miró y sintió un nudo dulce en la garganta.

Sofie sacó su cámara.

—¡Foto! ¡Ahora mismo!

—¿Otra? —protestó Erik.

—Sí —respondió Sofie—. Esta es especial.

Los seis se sentaron juntos. Klara quedó en el centro, Markus a su lado, Anna apoyada en Klara, Jonas junto a Anna y Erik detrás, con la pelota. Sofie colocó la cámara frente a ellos y activó el temporizador.

—Sonreíd.

El clic sonó como un pequeño latido.

—Haré copias para todos —añadió Sofie—. Quiero que tengáis este día.

Klara sintió que el corazón se le llenaba de luz; aquel día Klara supo que jamás lo olvidaría.

Cuando llegó a su casa, abrió su cuaderno azul, pegó la fotografía del lago: los seis juntos, sonriendo bajo el sol de julio.

Debajo escribió:

16 de julio de 1961.

Hoy el mundo fue agua, sol y risa.

Hoy Markus me besó en el lago.

Anna y Jonas estuvieron bromeando.

Hoy Erik casi se ahoga y Sofie tuvo que salvarlo.

Hoy fuimos jóvenes, hoy fuimos libres.

Cerró el cuaderno.

El verano estaba en su punto más dulce.

16 de julio de 1961

Markus apoyó el lápiz un momento.

Recordó el brillo del agua, el sol sobre la piel de Klara, la risa de Anna cuando bromeaba con Jonas, la torpeza de Erik y la calma de Sofie.

Volvió a escribir:

Hemos pasado el día en el lago; Klara llevaba un vestido ligero, con el cabello recogido en una trenza que el viento no dejaba de mover.

Cuando la vi llegar… pensé que el verano había empezado solo para ella.

Anna apareció con un sombrero ridículo. Erik cargaba con media casa. Sofie traía su cámara y Jonas venía con ganas de pasarlo bien; parecíamos un grupo extraño, pero feliz.

Markus respiró hondo. El recuerdo le calentaba el pecho; el agua estaba tibia. Klara entró despacio, como si el lago fuera un secreto que no quería romper. Yo la tomé de la mano. Temblaba un poco, pero sonreía.

Cuando el agua nos llegó al pecho, cerró los ojos y dijo que sentía calor y frío al mismo tiempo; le respondí que eso era el verano.




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