Te observo
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Querido diario:
Llevo semanas pasando tras noches. No me siento la misma persona; tengo una sensación en el pecho, como un vacío profundo, como si todo a mi alrededor estuviera cambiando. Cada día se vuelve más extraño. Es como si todo lo que tuviera a mi alrededor me estuviera observando, como si en cada esquina, en cada pared, hubiera una sombra mirándome, algo que quisiera atraparme entre su red. Es algo que no puedo explicar, pero tengo el presentimiento de que todo esto que estoy soñando va a pasar.
No puedo dejar de pensar en lo sucedido la otra noche. Me sigo preguntando quién era ese hombre llamado Kaemon, el que me miró con esos ojos tan fijos que me dejaron paralizada con solo verlo, que me miraba como si me quisiera comer con una sola mirada.
Escuché el sonido de mi teléfono; era mi mejor amiga, Rose, que me estaba llamando. Tomé el celular y le contesté.
—Hola, ¿cómo estás? —¿Bien, y tú? —¿Cómo te sientes después de lo que pasó la otra Bien? —¿Estás segura? —Sí —contesté con los ojos casi llorosos, con la garganta ronca y la piel erizada. —¿Quieres ir al centro comercial hoy? —Ok, a las 5:00 p. m. nos vemos. —Perfecto.
Colgué el teléfono y me recosté en la cama por un minuto; cerré los ojos por un momento y, sin darme cuenta, me quedé dormida.
Desperté toda sudada; no aguantaba el calor. Me levanté para tomarme una ducha y alistarme para cuando llegara Rose. Me senté en la orilla de la cama, estiré el cuerpo y me paré. Después de un largo rato, sentí una brisa rozarme la espalda. Me volteé y miré hacia atrás, pero no había nada. Sin embargo, cuando miré hacia la ventana de mi habitación, había un hombre parado observándome, vestido con una chaqueta larga de cuero negro, con el cabello despeinado y los ojos entrecerrados. Estaba allí, quieto.
Y me dije a mí misma: ¿no es ese el hombre que vi en mis sueños aquella noche? Abrí los ojos de repente, sorprendida, y corrí rápidamente hacia fuera de la casa para verlo más de cerca, pero cuando salí ya no había nadie allí.
Comencé a buscar por todos lados como loca, pero no vi a nadie. Estaba totalmente sola. Me quedé un momento parada ahí y después volví a entrar a la casa. Me trancé en mi habitación y me fui a tomar el baño que tenía pendiente antes de que se me hiciera tarde.
Inicié rápidamente a vestirme, ya que se me había hecho muy tarde; Rose estaba en camino. Me puse un vestido blando con flores rojas y unas zapatillas blancas, con el pelo ondulado. Justo ahí llegó Rose pitando con la bocina de su coche. Agarré mi bolso y salí; me subí al auto y nos fuimos.
Después de una hora en camino, por fin llegamos. Teníamos hambre, así que fuimos a comer algo. Pedimos una pizza y después de un rato entramos a las tiendas a comprar ropa. Rose se compró un vestido largo azul con un corsé ajustado; en cambio, yo me compré un vestido victoriano verde claro y unos guantes blancos cortos. Lo quiero usar para el baile que se hace cada año en representación de nuestros fundadores y de la comunidad. Terminamos de elegir nuestros vestidos, pagamos, salimos de ahí y fuimos a una tienda de zapatos a comprar zapatillas para nuestros respectivos vestidos. Las encontramos y nos fuimos.
Tomamos un descanso y nos sentamos a conversar. Le conté lo que había sucedido hace varias horas y le dije:
—Rose, creo que me estoy volviendo loca. Vi a ese hombre de nuevo, pero esta vez estaba parado al frente de mi ventana. Salí a verlo más de cerca, pero cuando salí ya no había nadie allí.
—¿Estás segura de lo que viste? —preguntó.
—Claro que estoy segura. De lo que vi, era ese hombre que te conté que apareció en mi sueño aquella noche. Era idéntico a él, estaba bien vestido y tenía esa mirada que me daba miedo.
—Darmira, ya ni sé qué pensar. Esto que me cuentas es raro. Nunca había escuchado algo así.
Después de hablar con Rose y contarle todo lo que había pasado, regresé a mi casa aún con el corazón temblando. Mientras caminaba por el pasillo de la casa, sentía que algo no estaba bien. Las luces comenzaron a parpadear como si se fueran a apagar. Respiré hondo y seguí caminando, aunque mi corazón latía tan fuerte que pensé que se me iba a salir.
Volví a mi habitación, me paré frente al espejo para arreglarme un poco y por un segundo, vi un rostro reflejado detrás de mí; juraría que se parecía a Kaemon. Parpadeé varias veces y desapareció, como si nunca hubiera estado ahí. Me quedé mirando mi reflejo, tratando de convencerme de que solo era mi imaginación jugando conmigo, pero en el fondo sabía que no era así.
Comencé a prepararme para el baile. Abrí la caja donde había guardado el vestido victoriano verde claro que había comprado. Cuando lo saqué, algo cayó al suelo: era un sobre dorado. Lo levanté lentamente sentía cómo la piel se me erizaba. Me senté en la cama y abrí el sobre. Encontré mi nombre escrito con una letra antigua y elegante. Solo decía:
"Esta noche, no corras."
Me quedé sorprendida. ¿Quién había puesto eso ahí? ¿Cómo sabía mi nombre? ¿Por qué esa advertencia? Intenté tranquilizarme, respiré profundo, pero ese vacío en mi pecho seguía creciendo, como si algo quisiera salir de mí.
Terminé de arreglarme con las manos todas temblorosas. Me puse el vestido, luego los guantes blancos cortos, y me hice un peinado medio recogido con el cabello ondulado elegante. Miré la hora; ya estaba oscureciendo. Rose no tardaría en llegar en cualquier momento. Justo en ese instante, escuché la bocina de su coche afuera. Tomé mi bolso y salí rápido antes de que mi mente comenzara a inventarse más cosas.
El camino hacia el baile se estaba haciendo largo. Rose intentaba distraerme, trataba de hacerme reír, pero yo no podía sacarme de la cabeza esa nota. Algo en mí me decía que algo iba a pasar esta noche.
Cuando llegamos al salón del baile, me quedé sin palabras. Las luces colgaban del techo como si fueran pequeñas estrellas; la música era suave, elegante, y la gente iba vestida como en otra época.