Entre el Hielo y las Estrellas

Capítulo 9

Owen

❄︎

Extrañaba el hielo.

Odio admitirlo, pero es la verdad.

Tengo años haciendo esto y… unas semanas lejos me pesan.

Mis últimas semanas de agosto transcurrieron entre eventos con patrocinadores y la boda de Poppy y Jase.

No había vuelto a poner un pie sobre el hielo. Así como tampoco había podido pasar demasiado tiempo en el centro de estudios.

Bueno, siendo sinceros, sólo pude pasar una noche para una junta improvisada con Judith.

Me puso al tanto de varios pormenores y eso fue todo. Apenas si pude hablar con ella unos cuarenta minutos antes de salir a toda prisa para no perder mi vuelo.

Pero me dijo algo interesante.

Sí.

O sea, interesante porque favorece al centro de estudios, por supuesto.

Nada más por eso.

Pero el punto es que… las clases de la doctora Hawthorne tienen lista de espera. Se ha convertido en todo un fenómeno dentro del centro de estudios.

Me recargo en la valla mientras el equipo continúa lanzando algunos pucks a la portería.

Y trato de no pensar en lo que, obviamente, estoy pensando.

Elara pasa toda la mañana, parte de la tarde y, a veces, hasta la noche dando clases. Está sumamente comprometida con enseñar el universo a sus alumnos de… todas las edades.

No soy profesor. Nunca lo he sido. Pero hasta en el hockey sé que no es lo mismo dar instrucciones a un novato de veinte años que a un veterano de casi mi edad.

No me imagino lo agotada que debe terminar con esos horarios.

Y, conociéndola, seguramente ni siquiera se ha detenido a pensar que también necesita descansar.

Deberé hablar con ella. No quiero que se sienta presionada, sino que disfrute esta nueva etapa sin terminar agotándose antes de tiempo.

Y yo no debería pensar en ella de esa forma, como una amiga, sino ser imparcial y objetivo con todos los empleados del centro de estudios.

Pero Elara…

Involuntariamente levanto la mirada hacia la silla que siempre solía ocupar antes de su divorcio de Grant.

Es extraño.

Pero no me gusta verla triste.

—¡Todavía no lo puedo creer! —exclama Jon, el portero, prácticamente estrellándose a mi lado contra la valla—. ¿Doctora en astrofísica?

Sonrío.

Los chismes vuelan.

Varios de los chicos pudieron asistir a la fiesta de bienvenida. No todos; algunos todavía estaban de vacaciones.

Grant no fue porque estaba a cargo de June. Y no sé más. No he hablado con él.

—Sí —respondo—. Yo tampoco tenía idea.

—¡Nadie tenía idea! —confirma Jon—. Alicia la conoce mucho más que yo y tampoco lo sabía. ¡Nunca le contó!

Jon menea la cabeza.

»¿Cómo no presumes algo así? Yo me lo tatuaría en la frente.

Su comentario me hace reír.

Jon es unos centímetros más bajo que yo, pero sigue siendo uno de los mejores porteros de la liga.

—Creo que Elara no hablaba demasiado con ninguno de nosotros —comento con un ligero encogimiento de hombros—. Yo mismo he hablado muy poco con ella.

—Maldición… —Jon mira en todas direcciones—. ¿Y Grant?

—No sé —admito—. Si el entrenador todavía no ha empezado a maldecir, es porque sabe que llegará tarde.

Steve nos ve a lo lejos y, aprovechando que el entrenador está distraído con los dos jugadores nuevos, se apresura a reunirse con nosotros.

—No entiendo cómo Grant jamás nos contó —dice como si llevara días dándole vueltas al asunto—. En cambio, Roy nos ha contado toda la vida de Hannah, ¿no es verdad?

—Sí. Todos sabemos que casi termina gastronomía, pero que el último semestre decidió que lo suyo era la medicina —recuerdo—. Y ahora es cirujana.

—¡Exacto! —señala Steve—. ¿Cómo nunca nos dijo que su esposa era doctora? Y, de paso… ¿cómo no presumes que está casado con una mujer tan inteligente y que, además, está buenísima?

Antes de darme cuenta, ya estoy girando hacia él.

Y sólo entonces caigo en la cuenta de que reaccioné demasiado rápido.

Todo empeora cuando Jon asiente con entusiasmo.

—Estás casado —le recuerdo.

—Alicia también dice que Elara es guapísima —se defiende Jon—. No es algo que se pueda disimular, ¿o no piensas igual?

Ambos me miran.

Esperando una respuesta.

Y yo…

Siento… ¿que mis mejillas se están ruborizando?

¡¿Qué demonios?!

Lo peor no es que tengan razón.

Lo peor es que, desde hace semanas, cuando pienso en Elara, ya ni siquiera lo primero que recuerdo es lo guapa que es. Me acuerdo de la forma en que hablaba del universo.




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