Elara
☆
Owen lleva un par de minutos observándome.
Y no comprendo la razón. Tampoco entiendo por qué me hace sonreír saber que está ahí.
Ni las estrellas logran calmarme.
Y eso está mal…
Owen es amigo de Grant. No sé si su mejor amigo, pero definitivamente son mucho más que simples compañeros de equipo.
Y Grant lo admira muchísimo, como todos en la liga.
Quizá sólo quiere preguntarme algo del trabajo, ¿no?
Debe ser eso.
Bajo la mirada y me encuentro directamente con sus ojos azules, que destacan incluso entre las sombras.
Sonrío.
Él también y… empieza a caminar hacia mí con esos pasos largos que parecen acortar la distancia en cuestión de segundos.
Realmente es un hombre enorme.
Mi sonrisa se vuelve un poco tonta cuando se detiene a mi lado y toma asiento en el banco.
Estoy por saludarlo cuando suelta:
—Trabajas demasiado.
Mi sonrisa vacila.
Pues… sí quería hablar de trabajo.
—No pienso que trabaje demasiado… —contradigo con voz suave—. De verdad me gusta estar aquí.
—Mira la hora que es y sigues aquí.
Señalo hacia los juegos.
—June está jugando.
Owen suspira, como si la conversación no estuviera tomando el rumbo que esperaba.
—Sí, lo sé, pero creo que deberías delegar algunas asignaturas para tener más tiempo libre.
Suspiro hondo y giro un poco más hacia él.
—¿Y qué se supone que haré con ese tiempo libre? ¿Mirar el techo?
Él parece a punto de responder, pero no logra ordenar sus ideas, así que continúo:
»June casi nunca está conmigo y no pienso seguir viendo mi vida pasar mientras lavo las cortinas.
Mis palabras parecen desarmarlo.
—Elara… perdón.
Suspiro hondo y vuelvo a mirar a June.
—No pasa nada… No es tu responsabilidad solucionarme la vida, Owen.
Él permanece callado unos instantes antes de decir:
—Lo sé, Elara… sólo quiero que te sientas bien.
Hace una brevísima pausa, como si él mismo se sorprendiera de haber dicho aquello en voz alta.
Aquello me hace volver a mirarlo.
Y… un rubor tonto cubre mis mejillas.
Owen Morrison es un hombre muy atractivo. Según Grant, las admiradoras lo siguen con auténtica devoción. Es el soltero más codiciado de la liga.
¿En qué estoy pensando?
—Debo irme —musito, incorporándome—. June, vamos.
—¡Pero, mamá!
—Ven a saludar a tu tío y luego nos vamos.
June gira el rostro hacia nosotros y, cuando ve a Owen, ni siquiera se despide de los niños con quienes jugaba. Corre directamente hacia él con los brazos abiertos.
Owen se incorpora para cargarla. Luego la hace girar por los aires y, finalmente, la sienta sobre sus hombros como si June pesara lo mismo que una pluma.
Bueno, primero la levantó con una facilidad que me dejó impresionada… y, con el tamaño de sus bíceps, probablemente cualquiera pesaría lo mismo que una pluma.
¿Por qué estoy mirando sus bíceps bajo esa camisa ajustada de manga larga?
Levanto la mirada.
Owen me descubre… observándolo.
Ay, no.
Aparto la vista enseguida y comienzo a caminar antes que ellos.
No quiero que noten que… estoy sonrojada.
No puedo creerlo.
¿En serio me sonrojé mirando al capitán del mismo equipo de mi exesposo?
June le cuenta todo su día a Owen. Y cuando digo «todo», me refiero absolutamente a todo.
Al menos así… no tengo que hablar. Sólo caminar y concentrarme en no girar hacia el hombre que, por alguna extraña razón, está consiguiendo hacerme sonrojar.
June apenas va por la parte en la que explica exactamente cómo le gustan los hot cakes para la cena cuando llegamos al estacionamiento.
—Muchas gracias —le digo a Owen.
Él sonríe mientras baja a June de sus hombros.
Mi hija vuelve a abrazarlo antes de separarse unos centímetros.
—¿Cuándo vienes a visitarnos, tío Owen?
La vocecita de June es tan tierna e inocente que no puedo evitar sonreír.
—Cuando quieras —contesta él, inclinándose para quedar a su altura, aunque sigue siendo muchísimo más alto que ella—. ¿Cómo te está yendo en la escuela?