Elara
☆
Existen miles de razones por las que estar aquí, cenando con Owen, sea una pésima idea.
Por ejemplo, el comentario que Grant hizo cuando encontró a Owen en mi casa.
La tal Marissa.
No sé quién es, pero una parte de mí está convencida de que Grant sólo intentó hacerme daño con ese comentario.
Y, aun así… no puedo evitar preguntarme quién será. Aunque... tampoco es asunto mío.
Tengo el cárdigan beige y los botines del mismo color porque juraba que haría frío, pero ahora mismo siento muchísimo calor.
¿Acaso serán los nervios?
Pero… ¿por qué?
Owen no es un desconocido.
Y sí, es guapo, pero llevo muchos años sabiendo que lo es. Incluso algunas de las novias y esposas de los chicos del equipo solíamos bromear con eso. Nada que pasara de una mirada cómplice cuando Owen estaba cerca o algún comentario inocente.
Entonces no entiendo por qué mi cuerpo está reaccionando de esta manera.
Debe ser porque hace tantos años que no salía a cenar con un hombre.
Lo que sí sé es que… hace muchísimo tiempo que no me sentía tan consciente de mí misma.
Ni siquiera puedo concentrarme en el menú.
Mi atención se escapa constantemente hacia Owen, sentado al otro lado de la mesa. Y es como si a él le ocurriera exactamente lo mismo, porque varias veces lo descubro observándome.
Entonces ambos reímos por lo bajo y volvemos a bajar la vista al menú.
O, mejor dicho… fingimos leerlo.
«Vamos, Elara. Pudiste sobrevivir a las ecuaciones de campo de Einstein. También puedes con un menú», me recuerdo.
—¿Ya sabes qué vas a pedir? —inquiere Owen.
Bajo la mirada a toda prisa hacia el menú y digo lo primero que encuentro.
—No sé… si el guacamole o las papas a la francesa…
Pero apenas las palabras salen de mi boca sé que he dicho una completa tontería.
Estoy leyendo la sección de «Entradas».
«Ayúdame, Dios».
—Yo creo que podríamos pedir las papas a la francesa para compartir mientras esperamos la comida —propone Owen sin imaginar que estoy a punto de desmayarme de los nervios—. ¿Te parece?
Levanta esos ojos azules hacia mí y yo sólo puedo hacer un pequeño asentimiento.
Él llama a la mesera para pedir las papas a la francesa mientras seguimos mirando el menú.
Sólo tengo que elegir entre una hamburguesa y un hot dog.
Nada más.
Sé que puedo hacerlo o… eso espero.
Owen eligió un lugar precioso para cenar. Y no me refiero a que sea un restaurante costoso o algo parecido.
Todo lo contrario.
Es un pequeño puesto de comida rápida con mesas al aire libre. Sólo tengo que levantar la vista para encontrarme con las estrellas.
Y adoro sitios como éste.
Con Grant jamás podía ir a un lugar así. Lo primero que decía era que no se veía bien que Grant Walker llevara a su familia a cenar a un lugar tan barato.
Por supuesto, durante esas cenas yo sólo servía para atender a June mientras Grant conversaba con ella y le repetía cuánto la quería.
Al menos sé que mi hija tiene un buen padre. Y que le ha puesto el estándar muy alto. No caerá con cualquier tonto que le diga dos palabras bonitas.
Espero que nunca tome como referencia la forma en que su padre me trataba. Sólo la forma en que la trata a ella.
—Será la hamburguesa con queso —decido.
Una elección sencilla.
Aparentemente mi cerebro pudo sobrevivir a las ecuaciones de campo de Einstein, pero no a un simple menú de comida rápida frente a Owen Morrison.
—Yo también —decide con un suspiro.
—¿No es muy poco para ti? —inquiero. Sé lo mucho que comen estos hombres.
—Será sólo para empezar —responde con una sonrisa.
Y… también consigue hacerme sonreír.
Él vuelve a llamar a la mesera para que tome nuestra orden. Luego volvemos a quedarnos solos.
—No conocía este lugar —confieso.
—Yo suelo pasar por algo cuando me canso de seguir la dieta del nutriólogo.
—Oh… un rebelde.
—Me descubriste…
Nos miramos y… reímos.
Pero, poco a poco, esa risa se apaga.
No sé qué decir.
He pasado tantos años guardándome las palabras que ahora simplemente no sé cómo dejarlas salir.
Todo me parece forzado.
Owen levanta la mirada hacia el cielo.