Entre el odio y el amor

Primer capítulo

Ankara, Turquía 2017

 

El potente y ensordecedor sonido del balazo, hizo eco en todo el campo.

—¡Justo en el blanco, hermano! ¡Ya estoy listo! Celebró el muchacho, en tono eufórico.

— Todavía no lo estás, y aunque lo estuvieras, no te dejaría ir conmigo. Replicó el hombre al que le habló, mientras lo miraba, indignado.

—¡Pero Sasha! Reclamó entre pataletas.

—Pero nada, si te estoy enseñando a disparar es exclusivamente para defensa personal, que te quede claro. Y ya, deja de comportarte como un niño, tienes dieciocho años como para que todavía estés haciendo escenitas vergonzosas y más vale que te apresures, nuestra madre nos espera. Espetó, en tono de graznido. Sasha había empezado hace cinco meses a enseñarle de armas a su hermano menor, Selim Meier. Se lo había prometido desde que era un niño, enseñarle solo cuándo cumpliese la mayoría de edad y, así lo hizo. A Sasha, la idea no le agradaba del todo, temía que la inmadurez de su hermano lo llevase a cometer alguna que otra locura en contra de cualquiera que se le cruzara por el camino, pero, era un hombre de palabra y debía cumplir su promesa a toda costa. 

—¿Y si no quiero irme en la camioneta, qué harás?

Sasha torció sus labios e hizo un movimiento con la cabeza: —Me subiré a la camioneta, la encenderé y luego me iré. Y tú, tendrás que caminar unos veinte kilómetros hasta la carretera más cercana, ¿Te apetece la idea? El muchacho torció los ojos y, a paso arrastrado y con la resignación en él, se condujo a la Mercedes de color negro. Lamentándose para sus adentros la intransigente decisión de Sasha. Ya dentro de la camioneta, empezó otra ráfaga de reclamos.

Sasha era un hombre de roble, al menos así lo llamaban todos. Tanto en sus decisiones, cómo en su sus convicciones era determinante y no retrocedía al momento de condenar alguna decisión, Selim no tenía la mínima oportunidad de convencer a su hermano, lo sabía, pero su terquedad podía más. Su madre, la señora Azra, lo crió de una manera en la que sus sentimientos y emociones no interfirieran en sus planes, lo ocultó al mundo desde su nacimiento, restringiendo socialisara con cualquiera que no fuese su familia. Aquello, lo alejo de los amoríos y amistades, siendo su única fraternidad, su familia. 

—No es justo que, todos en la mansión vayan a acompañarte y, yo no. Renegó, cruzado de brazos. El jovencito quería participar en el ataque a los yilmaz, que, según el infiltrado de los Meier, estarían inaugurando su nueva fábrica en Estambul. Sería un ataque directo a sus hijos y a la fábrica de combustible. Pero, Sasha se rehusaba en cederle el permiso a su hermano y él no podía hacer otra cosa que reclamar cuántas veces estuviese en sus manos.

Sasha suspiró hondo y rascó su ceja. Le era frustrante aunque ya estuviese acostumbrado a los comportamientos inmaduros de su hermano, cada día, hacía alguna gracia infantil.

— Esa gente es muy peligrosa, ni siquiera podrías poner un pie sobre su mansión, sin que antes te hayan asesinado. Te acabarían de inmediato. Explicó de forma tajante.

—¿Y, a ustedes acaso no?

— Nosotros llevamos mucho tiempo entrenando, tú, no llevas el tiempo que nosotros sí. Y ya basta de ser tan infantil y renegón. Aquí acaba la discusión. Reprendió. 

El muchacho maldijo para sus adentros y recostó su cabeza al vidrio de la camioneta. 

Sasha nunca imaginó que el pequeño y dulce niño al que tanto protegía, se convertiría en un inmaduro e infantil adulto. Si hubiese sabido eso, aquella promesa tan apresurada de enseñarle a manejar un arma no hubiese ni siquiera pasado por su mente. Lo quería, y, por lo tanto, protegía su bienestar. Pero, presentía que algo grande, algo arrasador llegaría a sus vidas y ya no podría cuidar de Selim. El día del atentado hacia sus mayores enemigos se acercaba y con él, muchos cambios repentinos que, sin duda alguna, haría que las vidas de cada miembro de la familia Meier, corriera peligro. Pero no sé detendría, aquello no estaba en sus planes, solamente dar el golpe más fuerte a los Yilmaz, el asesinato de sus hijos y explosión de su fábrica. Faltaba poco para empezar aquella venganza que siempre añoró que siempre lo sedujo y empalagó.

 




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