Entre el odio y el amor

Capitulo catorce: En las manos de Sasha

"La muerte no es la mayor pérdida de la vida. La mayor pérdida es la que muere dentro de nosotros mientras vivimos"

                                     —Norman Cousins 

 

Laia cerró con fuerzas sus ojos esperando el impacto al oír el potente disparo y un silencio perpetuo y cortante se adueñó del ambiente. Su corazón seguía latiendo y no entendía por qué y en ese momento su ser se calentó al oír un grito aguerrido que por más que intentaba descifrar de quién venía, no pudo hacerlo. 

—¡No te atrevas, madre!— 

Fué ahí, que su corazón y alma hicieron una inmensa colisión de sentimientos al darse cuenta que el hombre al que hace unas horas le suplico hasta quedar desmayada era quién había disparado al aire e intervenido y dado aquél grito desde lo más profundo de su alma. 

Abrió los ojos y, lentamente levantó su desgastada mirada quedando frente a frente con aquellos ojos relucientes que le habían contando mil y una historias y sus días más oscuros y desolados los había iluminado. Era Sasha. 

Él, la miró y quitó de inmediato su penetrante mirada de los ojos de Laia al sentir morir y ser despedazado por aquellos ojos que ahora, destilaban sufrimiento y agonía a más no poder. Ella volvió a bajar la mirada y el entendió que aquella Laia que había conocido se había ido, aquella dulce muchacha había sido enterrada bajo los escombros de una vil venganza. Quiso romper en llanto y soltar gritos de clemencia a Laia pero, se abstuvo para no verse débil. Aquello era lo último que necesitaba en ese momento. 

—¿¡Qué acabas de decir!?— Le hizo la pregunta, Azra, en tono áspero y fulminante. 

Sasha se lamió los labios y miró de reojo a los Yilmaz que se mantenían tomados de las manos, menos Osgur. 

—Lo que escuchaste, madre. No voy a permitir que mates a Laia. —Replicó en tono arisco, viendo a los ojos de Azra que, al igual que los suyos parecían un par de cuevas. 

—¿¡Te has vuelto loco!?— 

—No, madre. Ya es suficiente, Laia no merece lo que le hemos hecho, mucho menos merece ser asesinada. 

—Pues ya es muy tarde. ¡La jovencita tiene que morir!— Protestó a gritos y con determinada rapidez apuntó a Laia con la pistola y al unísono que lo hizo, Sasha, en un santiamén apuntó su pistola a la cabeza de Azra. 

—¿¡Acaso matarás a tu madre!?— Preguntó, sorprendida. 

—Lo haré si es necesario.— Respondió, firme y decidido. 

—¿Entonces amas más a esta mujer que lleva la sangre de tus enemigos que a tu propia madre?

—No he dicho aquello. Solo que no permitiré que Laia sea dañada más de lo que ha sido ultrajada. 

—Siempre la amaste, siem...— Las palabras de Azra se vieron interrumpidas por Sasha que a gritos descontrolados confesó:

—¡¡¡Sí, si madre, siempre amé a Laia!!! Y si jalas ese gatillo, juro por Dios que dispararé. 

Azra ladeó un poco la cabeza y en ese breve descuido Sasha le arrebató el arma de las manos y, como si el cuerpo de Laia pesara como una pluma, la tomó en sus brazos y corrió hacía la camioneta. Los guardias de Azra amagaron en disparar, pero esta hizo que bajaran sus armas. Viendo como Sasha cruzaba la multitud para finalmente, subirse a la camioneta que era manejada por Osman. 

Azra sonrió con amargura y volteó su atención a los Yilmaz. 

—Escuchen familia Yilmaz. Azra Meier ha vuelto, despojada del luto que me causaron y ha venido con látigos de amargura y dolor que azotará sin compasión en sus espaldas— Detuvo sus palabras y miró a Gözde con una alegórica sonrisa de victoria— Sus días en el infierno han empezado, Azra Meier será su juicio final. — Anunció a gritos frente a toda Turquía y sin más, se fué. 

La multitud empezó a murmurar en contra de los Yilmaz y estos sin otra alternativa a excepción de Osgur que tomó una camioneta y arrancó subieron a sus autos y se retiraron del lugar. 

 

 

Autopista

La camioneta de Sasha iba a una velocidad mayor a la estipulada. Mientras el pelinegro, soltaba las sogas que amarraban a Laia. La miraba con vergüenza y culpa mientras que ella, no se inmutaba ni siquiera en tirarle una mirada de odio. Solo lo veía, sin expresión alguna. Parecía no tener alma, parecía un cascarón, vacío y desolado. 

Osman veía de reojo por el retrovisor la situación, haciéndole imposible no sentir pena por Laia que parecía estár fuera de su cuerpo. 

Se dirigían a una cabaña abandonada que había sido propiedad de los Meier hace mucho tiempo. Allí, se alojarían el tiempo que fuera necesario. Detrás de ellos venía una camioneta a una velocidad impresionante y sin ellos darse por enterados, esta los rebasó y con brusquedad les obstruyó el camino. Haciendo que Osman frenase en seco y la camioneta se deslizara unos metros sobre la autopista. 

De manera inmediata la puerta de la camioneta que les obstruía el paso se abrió de un fuerte empujón y bajó con arma en mano y apuntando a Osman, Osgur. 

—¡No seas cobarde, Sasha, baja y da la cara!— Protestó a gritos. 

Osman volteó a mirar a Sasha sin saber que hacer y este con la mirada le dió a entender que bajaría y así lo hizo, también con arma en mano. Laia levantó la mirada y quiso salir pero, Osman la detuvo y cerró desde su asiento las puertas y ventanas. 

—¿Qué quieres, Osgur?— Preguntó 

—¡Quiero a mi hermana! —Respondió 

—Tu hermana será asesinada de inmediato si queda a disposición de Gözde. —Le explicó. 

—No la llevaré con mi madre, se irá conmigo a dónde tenga que irse para protegerla.

—Eso no pasará, Osgur. Laia se va conmigo. 

Osgur quitó el seguro de la pistola y reafirmó su puntería. 

—¿¡Para qué la quieres, Sasha Meier. Para hacerla sufrir más de lo que la has hecho sufrir!?

—No, la quiero para protegerla de tu madre y de mi madre. 

— Supongo que no solo de ellas, sino también de tí. ¿¡Acaso crees que no escuché lo que dijo la señora Azra!? Sé todo, Sasha, sé que utilizaste a Laia como instrumento formidable de tu venganza. 




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