Entre el otoño y la primavera - Febrero 2026

I

¿Me dijiste que tu amor iba a durar para siempre? Eso… ¿acaso fue una mentira?

Nos miramos un segundo, mis suplicantes ojos esperaban una disculpa ante tus palabras, pero lo único que obtuve fue que acariciaras mi cabello, suavemente como te dije que me gustaba.
Me senté sobre la cama esperando escucharte, nada… no tenías nada que agregar.

— ¿Eso es todo? —pregunté, aún en esa espera que desespera. Me miraste cansado.
— Lilia, termina esto ya, no todo gira en torno a ti. Además, soy yo el que debería sentirse mal.

No pude responderte ante eso, me hice más chiquita y las palabras en mi mente resonaban una vez más fuerte “no todo gira en torno a ti”, “no seas esa niña caprichosa” justamente como mi madre y mi hermana siempre habían dicho, porque eso era lo que había aprendido.

Achícate, cede espacio, hay algo malo en si te niegas, nadie va a quedarse.

Te vi salir de la habitación, recogí mi ropa y tendí la cama, sentía el frío recorriendo mi cuerpo aún, las náuseas que se agolpaban en mi garganta. Esa noche, no era diferente a las anteriores, sin embargo, todo se sentía más insoportablemente doloroso, me odiaba.

Entré por la puerta a nuestro hogar, dejé la llave sobre la mesa y los vi, estaba Teo junto a ti, riéndose como seguramente hacen desde que son niños. Saludé respetuosa, sin acercarme de más para que no vuelvas a desconfiar de mí, él me ve e inmediatamente me pregunta por el libro que he dibujado, lo tenía entre sus manos.

— ¿Esto lo copiaste de un lado? Digo, es un libro de cuentos, pero…

Yo niego con mi cabeza felizmente. Teo muy expresivo arquea sus cejas y en su rostro se forma una sonrisa, una que disgustó definitivamente a Leandro.

— El dibujo está hecho por mí en acuarelas.
— Ah, es el cuento de niños que creaste —dijiste tomándole importancia y sé que la razón es porque no quieres quedar mal frente a él.

La misma persona que dijo: podemos salir, no debes tomarlo tan a pecho, total tu compañera no hace nada del trabajo, si te sale normalito todo puede ir bien.

Te miré esperando entender porque ese interés repentino solo se ve cuando alguien me ve… ¿por qué necesitas validación de otro para recién quererme?

— ¿Cuento de niños? —dijo Teo mirándolo incrédulo—. ¿Viste realmente el libro? los colores, el mensaje sutil que manda, esto definitivamente no es un libro de cuentos liviano.
— No —contestó de inmediato, atropellándome con mis palabras. Rápido, tenía que apurarme para que no lo malinterpretara—. Leo me acompaño en el proceso, él sabe.
— Deja eso, ¿vamos a ver el show? —él quito el libro que por ese momento Teo sostenía y lo dejó en mis manos. Leo sin mirarme me habló—. Vas a darte un baño y unirte.
— Sí.
— Bien, te estaremos esperando.

Abrazando mi libro en mi pecho camine a mi habitación. Las personas no pueden verme, no deben, si lo hacen notarán lo patética que soy.

Caminando por las escaleras, me detuve y eche una mirada a la sala, Teo y Leandro comiendo mientras veían la tele, justo como hicieron antes de que yo llegara a su vida.

Sí, debo fingir mejor, fingir que aún no sé qué te has cansado de mí y que no sabes que hacer.




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