Entre el otoño y la primavera - Febrero 2026

3

Me desperté y lo primero con lo que me encontré fue con tus ojos, una sonrisa en tus labios y tu mano recorriendo mi rostro con delicadeza.

— ¿Cómo dormiste? ¿Te encuentras mejor? —preguntas preocupado, yo sonrío.

Luego me muestras tu pecho, amplio y cómodo, me indicas que puedo seguir recostada un poco más. Lo hago. Acaricias mi cabello tanto como me gusta y antes de dormirme de nuevo te escucho.

— Eres tan bonita, pequeña y calentita. Te amo mucho.

Sonrío.

Sigo comiendo las papas de mi plato, te veo en el celular revisando nuestro itinerario. Hoy tenemos una cita, es el estreno de mi película favorita y planeaste que sea un día inolvidable.

Empezamos comiendo en mi local de comida rápida favorita y pedimos un combo max para poder darnos un gusto, estoy feliz así que me limito a comer mientras me muevo suavemente haciendo un baile de felicidad, a lo que me miras y sonreís.

— Te gustan tanto las papas, habría que comprar de esas para casa.
— ¡Sí! —respondí rápido, lo miré fijo y sonreí de nuevo—. Son mis favoritas.
— Lo sé. Come tranquila, aún nos queda tiempo.

Asentí y seguí comiendo lentamente, de momento levantaba mi vista y lo veía, en sus pequeños labios había una sonrisa y aunque la ocultaba por su celular no se evaporaba.

Alguien se acerca a la mesa, habla.

— Señorita, sabe que necesito para comer, no tendrá algo.
Dejó de masticar y busco la mirada de Leandro.
— Señorita, por favor —dice con un tono suplicante, yo me quedé inmóvil—. ¿Señorita es usted una mala persona? Le pido ayuda.
— Yo… —busco algo en mi bolso, siento el sonido de Leandro, él se levantó y se puso junto a él.

— Toma —le entregó dinero y lo vio fijo.
— Gracias señor y señorita —estaba totalmente agradecido, yo vi aliviada a Leandro.
— No molestes a la señorita de nuevo.

Esa persona asiente y yo tragué saliva.

Tomas mi mano.

— No paso nada, sigue comiendo feliz.
— Gracias.
— No agradezcas, yo me encargo de esto. Todo por verte tranquila.

Pasa un tiempo. La música del lugar me mecía, realmente todo estaba bien.

— Me alegra que vengamos —dices repentinamente—. Es algo que hacemos desde siempre.
— Sí, yo también soy feliz.
— Aunque me salís algo carita —me quedó en silencio. Luego oigo tu risa y río.

Tragué.

Algo no estaba bien con mi garganta. Traté de levantar el vaso de gaseosa, pero se me resbaló de las manos. El sonido que provocó esto hizo que cerrara mis ojos de inmediato, temblé.

Los abrí de a poco y te escuché.

— No pasa nada —miras a todos lados—. Tus manos son pequeñas, ibas a tirarlo seguro.
— P…pero —comencé a tartamudear y miré a todos lados nerviosa. Me miraste y tomaste mi brazo.
— Cálmate, ya está. Lo tiraste. Yo tampoco pensé que ibas a hacerlo —reíste—. Iba a pasar y pasó.

No me reí.

Me miraste serio.

— Ve y habla con la encargada así limpia.
— Yo —me sentía nerviosa.
— No lo voy a hacer por ti, aprende a hacerte cargo de lo que haces. Y apúrate porque nos estamos demorando.

Me levanté de la mesa y camine hacía una de las encargadas, tragué saliva y le hablé con una sonrisa en mi rostro.

— Lo siento, derramé mi gaseosa sin querer, ¿hay algo con lo que pueda limpiar?

Ella me vio sorprendida, por un segundo se quedó en blanco y me respondió con una sonrisa mientras tocó mi hombro, me sobresalté.

— No pasa nada, cariño. Ya lo limpiaré, gracias por avisar.

Su voz, tan dulce, parecía tan distante. Me alejé agradeciéndole y caminé hacia Leandro quien ya estaba en la salida.

— ¿y?
— Ya está solucionado.
— Bien, esa es mi chica valiente.

“Sí”
Me giré por un segundo hacia esa chica que aún me miraba con una sonrisa, pero, no era felicidad… parece que no me di cuenta de nuevo, yo… lo dejé salir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.