El aire estaba cargado de humo y magia, y cada golpe de mi espada contra la suya hacía que las chispas saltaran como pequeñas estrellas que querían devorarme. Argyros estaba frente a mí, firme, implacable… y jodidamente hermoso en su arrogancia.
—¡Nunca dejaré que tu reino siga en pie! —gruñó, su voz resonando entre el estruendo de la batalla.
—¡Y yo nunca dejaré que destruyas el mío! —respondí, esquivando un ataque que habría partido a cualquiera en dos.
El choque de acero era música para la guerra, pero en algún lugar dentro de mí, algo latía diferente. Mis manos temblaban, sí… pero no era solo por la tensión. Era él. Argyros. Cada movimiento suyo me hacía dudar de todo lo que creía: odio, lealtad, deber… y algo prohibido que no podía nombrar.
“Cada historia tiene dos caras… y tú solo viste la que brillaba,” pensé, mientras esquivaba otro ataque y sentía cómo el calor de su magia se filtraba en cada poro de mi piel.
Sus ojos me atravesaban como un rayo. Fríos, calculadores… y, por un instante que juraría que nadie más en el mundo podría ver, vulnerables. Deseo. Confusión. Odio mezclado con algo que no entendía y que me aterraba admitir.
El suelo temblaba bajo nosotros, los reinos ardiendo a lo lejos, y mientras nos lanzábamos en un choque que podría decidirlo todo, comprendí algo aterrador: esta batalla no era solo por el trono… era por nosotros.
Un rugido cortó el aire. Un enemigo desconocido apareció en la distancia, su sombra cubriendo parte del cielo. Por primera vez, nuestras miradas se encontraron no como enemigos, sino como dos soldados obligados a enfrentarse al mismo peligro.
—No… no puede ser… —susurró Argyros, y yo entendí que estábamos atrapados.
En ese momento, el mundo dejó de ser solo guerra y odio. Se volvió magia, pasión y un peligro que nos uniría… aunque ninguno quisiera admitirlo.
#1310 en Fantasía
#5323 en Novela romántica
magia, lealtad romance, romance acción drama fantasia aventura
Editado: 21.02.2026