Entre Fuego y Cristal

Capítulo 7

Entre el fuego y las sombras

La Vetreria Vitale estaba más silenciosa de lo habitual.

Desde primera hora de la mañana todos los artesanos trabajaban concentrados en la nueva colección que Alessandro había anunciado.

Nadie quería decepcionar al heredero de la familia Vitale.

Mucho menos con compradores franceses a punto de llegar.

Isabella respiró hondo antes de colocarse la gorra.

Frente al pequeño espejo de su habitación volvió a esconder su cabello.

Vendó cuidadosamente su pecho.

Después contempló su reflejo.

Isabella desapareció.

Valerio había vuelto.

Era curioso.

La noche anterior había dormido sintiéndose mujer por primera vez en meses.

Aquella mañana debía volver a esconderse.

Y dolía más de lo que esperaba.

Cuando llegó al taller, Alessandro ya estaba trabajando.

Tenía las mangas remangadas y sostenía una caña de soplado mientras una esfera de cristal líquido giraba lentamente frente al horno.

No levantó la vista.

—Llegas tres minutos tarde.

Ella sonrió.

—Buenos días para usted también.

Él ocultó una sonrisa.

—Acércate.

Los demás artesanos apenas prestaban atención.

Para todos era una jornada de trabajo normal.

Solo Giovanni parecía observarlos de vez en cuando.

Isabella tomó otra caña.

Los dos comenzaron a trabajar uno frente al otro.

Sin palabras.

Solo el lenguaje del cristal.

Cuando Alessandro necesitaba unas pinzas...

Ella ya las tenía preparadas.

Cuando Isabella dudaba en un giro...

Él corregía apenas el ángulo con un movimiento de la mano.

Era una coordinación casi perfecta.

Giovanni dejó de trabajar para contemplarlos.

Frunció el ceño.

Aquello no era normal.

Dos personas no podían entenderse así después de apenas unas semanas.

—Valerio.

La voz de Alessandro rompió el silencio.

—Ven.

Ella se acercó.

Él colocó una pieza todavía caliente sobre la mesa.

—Quiero que grabes el borde.

Ella asintió.

Se inclinó sobre el cristal.

El buril resbaló ligeramente.

Alessandro reaccionó al instante.

Sujetó su muñeca.

—No tan fuerte...

murmuró.

Su mano permaneció unos segundos sobre la de ella.

Lo suficiente para que ambos olvidaran dónde estaban.

—Señor Vitale...

La voz de un artesano los hizo reaccionar.

Alessandro soltó la mano inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—El proveedor de Venecia acaba de llegar.

—Voy enseguida.

El hombre se marchó.

Cuando quedaron solos otra vez, Alessandro sonrió apenas.

—Tendremos que aprender a fingir mejor.

Isabella bajó la mirada.

—Anoche pensé que sería más fácil.

—¿Y lo es?

Ella negó lentamente.

—No.

Al mediodía, Giovanni encontró a Alessandro revisando unos antiguos planos.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Depende.

—¿Qué ocurre con Valerio?

Alessandro continuó leyendo.

—Es un aprendiz.

—No.

Giovanni cruzó los brazos.

—Es mucho más que eso.

Alessandro levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué quieres decir?

—Llevo cuarenta años viendo hombres enamorarse entre estos hornos.

Reconozco esa mirada.

Alessandro soltó una pequeña risa.

—Estás imaginando cosas.

—Ojalá.

Giovanni guardó silencio unos segundos.

Después añadió:

—Solo ten cuidado.

Las personas que más nos cambian...




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