Ava
—¿Y está guapo? —pregunta Sofía; a través de la pantalla puedo ver esa sonrisa pícara que me dedica.
—No lo sé —digo con aburrimiento—. Sabes, se me hace conocido, pero no sé de dónde. Al principio creí que estaba loca y que me lo estaba imaginando, pero luego él me lo confirmó, solo que no quiso decirme de dónde nos conocíamos.
—Mándame una foto de él o dame su Instagram y yo lo busco.
Le doy el usuario a Sofía; obvio tenía que investigarlo, y más sabiendo que él y yo ya nos hemos visto. Intenté hacer memoria, pero nada, no recordaba dónde lo había visto.
Sofía lo busca, está compartiendo pantalla —siempre lo hace cuando investigamos a alguien o me quiere enseñar algo—. Se mete a su perfil y busca una foto.
—Madre mía, qué guapo y qué cuerpazo tiene.
—Sofía —grito mientras suelto una risa.
—Mmm, sabes, a mí también se me hace conocido —dice mientras sigue bajando para ver las demás fotos. Se detiene en una donde aparece él en una fiesta con dos chicos más, muy guapos también.
—Ava, Ava, creo que ya sé quién es —dice con un tono de susto en su voz—. No vayas a entrar en pánico, es solo una suposición, creo.
—Dime ya, Sofi.
—¿Te acuerdas cuando fuimos a la fiesta del amigo de Mauricio?
—Sí, ¿cómo olvidarlo?
—Supongo que también recuerdas cuando jugamos a la botella, ¿no es así?
—Sííí —respondo mientras intento descifrar a dónde va todo esto.
—Bueno, pues a ti te tocó besar a un chico, y yo creo que es él.
Repaso en mi mente las escenas de aquel día, como piezas desordenadas de un recuerdo que de pronto encaja demasiado bien… el ruido de la música, las risas, el giro de la botella… y ese beso, ese beso tan bueno.
—¿Crees que sea posible que yo…? —ni siquiera termino la frase.
—Yo creo que sí —responde Sofi con calma, como si estuviera completamente segura—. Pero ve el lado bueno; al menos no son tan desconocidos, porque ya compartieron saliva.
Me quedo en silencio.
La miro sin entender si está bromeando o si realmente está hablando en serio. El comentario me cae pesado, como si de pronto todo lo de aquella noche se hubiera vuelto más grande de lo que debería.
—No es gracioso —murmuro al fin, apartando la mirada.
Sofi suspira y cruza los brazos.
—No lo estoy intentando hacer gracioso. Solo digo lo que es.
El ambiente cambia. Ya no suena a conversación ligera, sino a algo que empieza a incomodar de verdad.
Trago saliva, intentando ordenar mis pensamientos otra vez… pero ese recuerdo vuelve a interrumpirlo todo, insistente, imposible de ignorar.
De pronto, unos golpes suenan en mi puerta.
—¿Puedo pasar? —pregunta mamá, interrumpiendo mis pensamientos.
—Sí, pasa.
Mamá entra en mi habitación y va justo hasta donde estoy.
—Ah, Sofía, ahí estás —dice mamá, saludándola con la mano.
—Hola Hanna, ¿cómo va todo? —dice Sofi con una sonrisa en los labios.
—Súper bien —contesta mamá, devolviéndole la sonrisa mientras mira alrededor de la habitación—. Solo vine a ver cómo estaban y a decirte si puedes bajar para ayudarme a cocinar unas galletas.
Lo que me faltaba: cocinar.
—Sí, claro, ahora bajo.
Mamá se despide de Sofi y sale de mi habitación.
—Oye, y cambiando de tema, ¿cómo vas con el tema de la…? —no dejo que termine esa pregunta.
—Sofía, no quiero hablar de eso, y lo mejor es que baje a ayudar a mi mamá. ¿Te parece si hablamos luego?
Sofía asiente y me dedica una mirada de preocupación. Me despido de ella y cierro mi computadora, me levanto de la silla y voy hacia la puerta para bajar las escaleras.
Cuando entro a la cocina, veo a Marcus y Gabriel platicando y sonriendo; por lo poco que he podido ver, creo que sí son cercanos.
Ellos levantan la mirada hacia donde estoy.
—Ava, qué bueno que bajaste.
Le dedico una media sonrisa. Voy directamente hacia donde está mi mamá, que ya tiene la masa lista para las galletas.
—¿En qué te ayudo? —digo mientras repaso con la vista todos los ingredientes.
—Ayúdame a hacer bolitas con la masa y a echarles chispitas de chocolate.
Chispitas de chocolate. Esa palabra resuena en mi cabeza y los pensamientos vienen a mí demasiado rápido.
«Las chispitas de chocolate tienen demasiada azúcar; estarían mejor si no les echáramos las chispitas. ¿Cuántas calorías tendrá una sola galleta?»
Bajo la mirada hacia el tazón, intentando concentrarme en lo que estoy haciendo, pero mi mente no coopera.
Aprieto la masa entre los dedos con más fuerza de la necesaria y me obligo a respirar hondo, como si eso pudiera callar el ruido en mi cabeza.
Empiezo a hacer las bolitas y las coloco en una bandeja. Mientras tanto, Marcus y Gabriel aún siguen hablando de cómo les ha ido en la universidad y un sinfín de cosas más.
Minutos más tarde, cuando ya tenemos todas las bolitas de masa hechas, mi mamá las mete en el horno.
El calor empieza a expandirse poco a poco por la cocina.
—Ahora solo hay que esperar —dice ella, limpiándose las manos con un trapo.
—Voy a subir a mi habitación.
—¿No vas a esperar a que estén las galletas? —pregunta mamá.
—No, luego bajo por ellas —digo, a la vez que me doy la vuelta para salir de la cocina y encaminarme hacia mi habitación.
Cuando llego a mi habitación, agarro mi móvil y entro al perfil de Gabriel. ¿Debería hablar con él sobre este tema o dejarlo pasar y hacer como si no recordara nada?
¿Él se acordará del beso? Obvio que sí; si se acuerda de mí, supongo que también de ese beso. No quiero ni imaginarme en los problemas en los que nos podemos meter si nuestros padres llegan a enterarse.
Voy hacia mi estantería y saco el libro que me estoy leyendo; lo primero que desempacaron fueron mis libros y los acomodé en el estante que pusieron en mi cuarto. Amo demasiado leer, es mi pasatiempo favorito; me encanta perderme en las páginas y en mundos diferentes, sumergirme en las historias de amor tan hermosas y soñar con que algún día algo así me pase a mí.
Me siento en mi escritorio para empezar a leer cuando unos golpecitos en la puerta me interrumpen.
—Pase —digo mientras busco mi resaltador y las notas adhesivas para marcar mi libro.
Escucho que abren la puerta, pero no volteo a ver quién es; supongo que será mi mamá.
—Tu mamá dijo que te trajera las galletas y un vaso de leche —dice una voz masculina; claramente no es mi mamá.
Y antes de voltear, ya sé de quién se trata.
—Gracias, déjamelas aquí —digo estirando mi brazo para tomar el plato con las galletas.
Él deja el vaso de leche junto al escritorio. De pronto lo siento demasiado cerca. Trago saliva; él se inclina junto a mí y escucho su voz muy cerca de mi oído.
—¿Qué haces? —pregunta mientras gira la cabeza para verme; yo también la giro, grave error, porque ahora sí estamos demasiado cerca.
—Iba a leer un poco —digo posando mi mirada en esos ojos color miel.
—Así que te gusta leer —dice; no ha apartado la mirada ni un segundo—. ¿Para qué es esto? —dice señalando los resaltadores y las notas adhesivas que están sobre el escritorio.
—Son para marcar el libro.
—¿Y para qué los marcas? —dice con intriga.
—Me gusta marcarlos, escribir lo que me hizo sentir esa escena o señalar las partes que más me gustaron; siento que así los hago más míos.
—Interesante —dice apartándose de mí mientras va hacia mi estantería—. ¿Puedo? —dice agarrando un libro.
Yo asiento y él empieza a hojearlo. No puedo ver bien qué libro es, pero espero que no se encuentre con nada subido de tono.
—Ya sé de dónde te conozco —digo finalmente, y luego me arrepiento de haberlo dicho.
Se detiene y voltea la cabeza para posar su mirada en mí. Se queda mirando en silencio, no dice nada, así que soy yo la que vuelve a hablar.
—En la fiesta del amigo de Mauricio; si no estoy mal, tú y yo…
—Jugamos a la botella —dice con una media sonrisa—. Y recuerdo muy bien lo que pasó después.
De pronto estoy nerviosa, no sé qué decirle, así que solo me quedo callada hasta que me surge una duda.
—¿Por qué no dijiste nada?
—Porque pensé que a ti no te importaba, que no te acordabas de quién era yo.
Lo miro, y por un segundo siento que el aire ya no me alcanza.
—Eso no es cierto —digo al fin—. Me acordaba, solo que no de todo.
Una sonrisa aparece en sus labios.
—¿Y qué es lo que recuerdas entonces?
Trago saliva. Él empieza a caminar hacia mí y por inercia me levanto de mi silla; él queda a unos centímetros de mí.
—Contéstame, ¿qué recuerdas?
Estoy demasiado nerviosa; él me pone nerviosa. Odio admitirlo, pero es demasiado atractivo. Mi mirada baja hasta sus labios.
—Yo… —De pronto me toma del borde del pantalón y me jala hacia él; estamos demasiado cerca, nuestros alientos empiezan a mezclarse. Su mano sube y acomoda un mechón de pelo detrás de mi oreja.
—Nos besamos —digo finalmente; siento cómo la sangre empieza a subirme por las mejillas, me estoy poniendo roja y él se está dando cuenta por la sonrisa que tiene en los labios.
—¿Siempre te pones roja como un tomate? —pregunta con una sonrisa burlona.
No le contesto, me quedo callada observándolo hasta que decido que lo tengo que apartar de mí, porque cada vez me cuesta más respirar.
Así que tomo asiento otra vez en mi silla y abro el libro ignorando su presencia, pero él se inclina hasta quedar cerca de mi oído.
—Recuerdo muy bien ese beso; cuando quieras lo repetimos —dice. No lo veo, pero puedo sentir su sonrisa en mi nuca.
Él camina hacia la puerta y sale de mi habitación.
Sus palabras siguen ahí, rebotando en mi cabeza como si no hubieran salido de su boca, sino de algún pensamiento que no debí escuchar.
«Cuando quieras lo repetimos».
Paso una página sin mirar, solo por hacer algo, por fingir normalidad.
—Dios… ¿Qué fue eso? —susurro para mí misma casi sin voz.
De pronto me fijo en el vaso de leche y el plato de galletas que tengo delante de mí. Me ruge el estómago, tengo hambre, demasiado hambre… pero no, no puedo comer, no debo comer.
Agarro el plato de galletas y el vaso de leche y voy directo al baño. Tiro la leche en el lavabo y envuelvo las galletas en papel para después echarlas a la basura.
Enseguida me siento culpable por haber tirado las galletas, pero es mejor así; prefiero cargar con esa culpa que con la que viene después de comer.
Salgo del baño sin mirar atrás; el libro sigue abierto sobre la silla.
Me siento de nuevo, pero esta vez no leo.
Solo me quedo ahí, quieta, escuchando el silencio de la casa y el ruido que no se oye, pero que no se va.
Editado: 05.06.2026