Entre hambre y mariposas

Capítulo 5

Gabriel

Han pasado cuatro días desde que vi a Ava correr de una manera tan desesperada, cuatro días en los que he intentado convencerme de que no significa nada.

Veo mi teléfono: son las diez de la mañana. Gracias al cielo, ya estoy en vacaciones, así que me puedo levantar un poco más tarde.. Me levanto de la cama todavía un poco adormilado y camino hacia la puerta.

Bajo las escaleras lentamente y entro a la cocina. Mi papá ya se fue al trabajo y Hanna dijo que tenía que salir temprano para hacer unas compras; supongo que Ava debe de seguir dormida.

En los días que he estado aquí me he dado cuenta de que no desayuna. Supongo que ya es algo normal, porque Hanna no le dice nada, así que Ava no se aparece por la cocina hasta el mediodía, cuando ya está listo el almuerzo.

Camino hacia el refrigerador para buscar algo de desayunar. Saco el jugo de naranja y unas rodajas de jamón para hacerme un sándwich.

Mientras busco el pan, escucho unos pasos suaves acercándose a la cocina. Levanto la vista y veo a Ava entrar lentamente.

Tiene el cabello un poco desordenado y lleva una sudadera enorme que casi la cubre por completo

—Vaya, milagro —digo apoyándome contra la encimera—. Pensé que no existías antes del almuerzo.

Ella rueda los ojos mientras se dirige al refrigerador.

—Qué chistoso eres.

Saca una botella de agua y empieza a tomársela tan rápido que, cuando menos me doy cuenta, ya está a la mitad.

—¿Qué? Tenía sed, ¿ok?

— Yo no te dije nada.

—Pues me estabas viendo raro —dice ella cerrando la botella.

—No te estaba viendo raro —respondo al tiempo que me recuesto sobre la encimera.

—Claro que sí.

—Me llamó la atención que nunca desayunas.

Ava hace una pequeña mueca y se encoge de hombros.

—Ah, sí. Es que desde pequeña me da náusea desayunar.

—Ya veo, eso es raro.

—No es nada raro, a muchas personas les da náusea desayunar.

Asiento despacio. Ella vuelve a tomar su botella de agua y evita mirarme directamente, como si el tema ya estuviera cerrado desde el principio.

—¿No te da calor siempre usar esa sudadera?

—No, de hecho soy demasiado friolenta.

Asiento despacio mientras termino de armar mi sándwich, aunque en realidad no dejo de observarla de reojo.

—Te la quitas cuando hace calor, ¿no? —pregunto sin darle mucha importancia, intentando sonar casual.

—Sí… claro —responde rápido.

Ava aprieta la botella entre las manos y da un paso hacia atrás, como si quisiera terminar la conversación ahí mismo.

—Voy a subir —dice de pronto.

—¿Ya?

—Sí.

No espera respuesta. Simplemente se gira y empieza a caminar hacia las escaleras.

Las horas pasan rápido, demasiado rápido, y sin darme cuenta ya es hora del almuerzo. Ya todos estamos en la mesa, menos Ava, que todavía no baja.

Hanna empieza a servir la comida mientras papá la ayuda a servir el refresco. Entonces la puerta se abre, Ava aparece, camina hacia la mesa en silencio y se sienta justo enfrente mío.

Hanna le pone el plato de comida y puedo ver cómo el rostro de Ava se tensa apenas un segundo.

—Te compré un vestido, para que lo uses el viernes en el cumpleaños de tu tía —dice Hanna mientras pone el plato frente a mí.

—Gracias, pero no me gusta usar vestidos.

Esas palabras me dejan pensando: ¿por qué no le gustará usar vestidos?

—No te lo he enseñado todavía, cuando te lo muestre lo vas a amar.

Ava asiente, no muy convencida, y empieza a comer. Come bastante rápido; me sorprende que no se haya atragantado ya. Cuando menos me doy cuenta, ya ha terminado.

—Ya terminé, voy a subir a mi cuarto. Es que quiero ir a leer un rato —dice mientras se levanta de la silla y agarra su plato para dejarlo en el fregadero.

Se mueve con prisa, como si necesitara salir de la mesa lo antes posible.

Dejo el tenedor sobre mi plato y la sigo con la mirada sin poder evitarlo.

No dice nada más. Solo deja el plato en el fregadero y se da la vuelta.

Sus pasos suenan rápidos en el pasillo mientras cruza la sala y se dirige a las escaleras.

—¿Nos vas a acompañar el viernes al cumpleaños de mi hermana? —pregunta Hanna.

—¿Qué es lo que le van a hacer?

—Vamos a ir a San Laurel a comer y ahí le cantaremos.

—Sí, está bien.

Hanna me dedica una sonrisa que deja ver que le hace ilusión presentarnos a su hermana.

Cuando por fin terminamos de comer, levanto mi plato y voy hacia mi habitación. Me dejo caer sobre la cama y agarro mi móvil; entro a Instagram y voy al perfil de Ava. Su cuenta está en privado. Me acuerdo de que le mandé solicitud hace unos días… y que la aceptó.

Abro su perfil.

No tiene muchas publicaciones. Algunas fotos sueltas, nada demasiado llamativo. Pero aun así, por alguna razón, me quedo viéndolas más de lo normal.

Es raro verla así, fuera de la casa, como si fuera otra versión de ella.

Cierro la app un momento y me quedo mirando el techo, con el celular todavía en la mano.

Y sin saber muy bien por qué, vuelvo a abrir su perfil otra vez.

Abro la historia destacada que dice “Con Sofí” y empiezo a verlas. Tiene fotos juntas, en otras hay bailes que hacen, o simplemente suben videos contando algo que les pasó. Siempre sale con una sonrisa en su rostro; se ve tan feliz, de una forma muy diferente a como la he visto estos días.

Le estoy sonriendo a la pantalla como un idiota. Y cuando lo noto, bajo un poco el teléfono, sintiéndome raro, como si me hubieran pillado haciendo algo que no debería.

Me quedo un segundo mirando la pantalla apagada, luego me levanto.

No debería, pero mis pies ya están caminando hacia su cuarto antes de que pueda convencerme de lo contrario.

Doy unos golpecitos en la puerta sin pensarlo mucho. Oigo unos pasos que se acercan y ella aparece cuando la puerta se abre. Ella se queda sorprendida; está claro que no esperaba que fuera yo el que tocara la puerta.




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