Entre hambre y mariposas

Capítulo 7

Gabriel

El almuerzo de ayer todavía me da vueltas en la cabeza. La hermana de Hanna es súper amable y, por lo que vi, ella y Ava tienen una bonita relación.

El día transcurre rápido y, cuando me doy cuenta, ya son las 7:03 p. m.

Suelto un suspiro mientras me levanto de la cama. Me estoy cambiando para ir a la fiesta de Mauricio; mi amigo dijo que nos había invitado a todos. Supongo que Ava estará ahí, ya que Mauricio y ella son muy amigos. Me ajusto la camisa, me miro al espejo un momento más de lo necesario y luego aparto la vista.

Salgo de la habitación con las llaves en la mano, salgo de la casa y el aire de la tarde me pega de golpe. Camino hasta donde está el carro estacionado. Me detengo un segundo frente a la puerta del conductor, respirando hondo antes de subir.

Abro, me siento y cierro la puerta, bajo un momento la mirada al tablero antes de encenderlo. Arranco el carro y salgo despacio de la casa.

Cuando llego a la casa de Mauricio, desde afuera ya se escucha la música.

—Vaya que iba a ser pequeña la reunión —murmuro para mí mismo.

Abro la puerta del carro y el aire de la música me envuelve apenas bajo, y cierro la puerta detrás de mí. Por un segundo me quedo quieto, escuchando el murmullo de la fiesta mezclado con el bajo.

Ava de seguro ya está adentro; ella salió un poco antes que yo, la oí salir de la casa.

Camino hacia la entrada , cuando entro Mauricio me recibe con un apretón de manos.

—Los demás están en la parte de atrás, en el jardín.

Asiento y me encamino hacia el jardín. Las luces del jardín están encendidas, hay gente sentada en grupos, otros de pie con vasos en la mano, y la música se siente más fuerte ahora, más viva.

—¡Al fin! —dice Robin levantando su vaso.

Me acerco y saludo con un choque de manos, luego me dejo caer en la silla libre. Hay botellas, vasos y algo de comida en el centro de la mesa, todo mezclado con risas y conversaciones que ya venían en curso.

—¿Qué onda? —pregunto, apoyando los codos en la mesa.

—Pues aquí —responde Mateo—. Ya sabes cómo es Mauricio, dice “tranqui” y termina en esto —dice con una sonrisa en sus labios.

Me río un poco, pero mi mirada vuelve a moverse sin querer, recorriendo el jardín otra vez, entre la gente que va y viene, buscándola a ella.

Mi mirada se detiene en un punto fijo, en una mesa que no está muy lejos de la nuestra y ahí está ella.

Está bailando con Mauricio, lleva unos pantalones de lona y un top color negro junto con una chaqueta de cuero del mismo color. El cabello ondulado se le mueve con cada paso.

Trago saliva y aparto la mirada apenas un segundo… pero vuelvo a verla. Se ve tan preciosa.

—¿Entonces ya sabe que se dieron un beso? —dice Robin recostándose en la silla con una sonrisa curiosa.

—Le dije que si quería lo podíamos repetir.

Robin suelta una carcajada.

—Sí que quieres volver a besarla —dice señalándome con el vaso.

Me río por lo bajo, negando un poco con la cabeza, pero no lo niego del todo, tampoco hace falta.

—No es así —respondo, aunque mi voz no suena tan convincente como debería.

Robin y yo giramos la cabeza al oír gritos de la otra mesa donde está Ava, Sofía, Mauricio y no recuerdo el nombre del otro chico.

—¡FONDO, FONDO, FONDO, FONDO, FONDO! —gritan los cuatro al mismo tiempo.

Ava tiene un vaso en la mano y se lo lleva a sus labios mientras sus amigos siguen gritando. Cuando por fin se lo termina, levanta el vaso en el aire y se empieza a reír.

—Podríamos sugerir jugar a la botella y con suerte capaz y te toca besarla.

Niego con la cabeza.

—No, Robin, eso no puede ser.

Él suelta una risa corta, como si le divirtiera más mi reacción que la idea en sí.

—¿Por qué no? Es una fiesta, bro.

Me paso una mano por la cara, mirando de reojo hacia la otra mesa. Ava sigue ahí, rodeada de risas, completamente en su mundo.

—Tú sabes por qué.

—Como digas.

No le respondo, solo me recargo en la silla otra vez, mirando hacia el jardín, mientras la música sigue sonando y la fiesta sigue como si nada.

Robin está diciendo algo, pero su voz se pierde entre el ruido y entonces la veo otra vez.

Camina entre la gente con pasos un poco desordenados, riéndose de algo que dice Sofía a su lado. Lleva el vaso aún en la mano, aunque ya casi no parece importarle si está lleno o vacío. Su chaqueta de cuero abierta, el cabello un poco más revuelto, los ojos brillándole distinto bajo las luces del jardín.

No tarda mucho en notar que la estoy mirando, sus ojos se encuentran con los míos. Y por un segundo, todo lo demás desaparece.

Ava sonríe, pero no es la misma sonrisa de antes. Es más lenta, más suelta… como si el mundo le pesara menos de lo normal.

Me levanto de mi asiento y voy directo hacia ella. Siento la mirada de Robin encima, pero la ignoro.

Ava me ve acercarme y sonríe otra vez, como si no entendiera del todo la tensión que hay en el aire.

—Gabriel… —repite, más suave ahora.

De cerca se nota el leve desequilibrio al estar de pie.

—Ava, estás demasiado tomada.

Ella frunce el ceño.

—Claro que no, ¡estoy súper bien! —dice Ava mientras se lleva el vaso a los labios.

—Ava, creo que ya fue suficiente —digo mientras le quito el vaso.

Ella suelta un quejido de protesta.

—Dámelo —dice al tiempo que intenta alcanzarlo otra vez.

Me muevo un poco hacia atrás para evitar que lo agarre y ella se tambalea, yo la sujeto por la cintura para evitar que se caiga.

—Bueno, tal vez puede que haya tomado un poco, pero estoy bien.

—Un poco —repito arqueando una ceja.

—No exageres.

—Vámonos, ya es tarde y estás demasiado borracha.

—Vete tú, yo me quedo otro rato más.

Ella intenta soltarse de mi agarre pero yo no se lo permito y empiezo a caminar con ella hacia la salida.

—Ava, no estás en condiciones de quedarte —digo con calma, aunque firme.




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