Entre hambre y mariposas

Capítulo 9

Gabriel me aparta los dedos del mentón y sube su mano para apartarme el pelo de la cara. Nos quedamos un rato observándonos en silencio, pero soy yo la que decide apartarse. Espero a que el toque el tema pero para mi sorpresa no lo hace, no dice nada, talvez por arte del universo se le olvido, talvez estaba muy tomado y no se recuerda de nada, aunque eso ultimo lo dudo. Da igual, el no menciona nada así que yo tampoco lo hare. No se que hacer, no se que decir, estamos sumergidos en un silencio incomodo en el que ninguno de los dos dice nada, aparto la mirada porque ya no soporto ver esos ojos que me escudriñan completa.

-Pensaba pedir comida para cenar ¿alguna petición?- dice por fin rompiendo el silencio.

-Pide lo que quieras, me da igual- respondo al tiempo que me encamino hacia el refrigerador para sacar la jarra de agua fría. Me sirvo un poco en un vaso y empiezo a tomarlo de manera desesperada para asi intentar calmar el hambre que siento.

Me siento agotada, sin fuerzas, mis piernas pesan y tengo la sensación de que podría quedarme dormida de pie. De pronto todo me da vueltas, Me agarro fuerte de la encimera antes de que me caiga al suelo, mi respiración esta agitada y me duele demasiado la cabeza.

-Ava…

-Estoy bien- me apresuro a decir- solo me maree. Intento separarme de la encimera para demostrarle que puedo sostenerme por mí misma, pero apenas doy un paso cuando el suelo vuelve a moverse bajo mis pies. Gabriel reacciona antes de que pueda caerme.

-Siéntate- su tono suena preocupado. Obedezco porque empiezo a ver todo negro y me duele la cabeza horrible. Me dejo caer sobre la silla y cierro los ojos con fuerza, esperando que el mareo desaparezca.

-Ava, mírame- dice mientras sus manos suben a mis mejillas. Abro los ojos para encontrarme con esos ojos color miel.

-Estoy bien, ya paso- digo poniendo mi mejor sonrisa aunque todavía siento como si fuera a desvanecerme.

- Ava estas temblando

De pronto la vista se me nubla tengo los ojos llorosos y mi labio empieza a temblar, mi respiración se vuelve más agitada, más pesada de lo normal.

-Yo…yo- intento decir algo pero no puedo. Es enserio Ava un ataque de ansiedad aquí.

-Colocha mírame, mírame Ava. Necesito que respires profundo

-No…no puedo

-Claro que puedes, respiremos juntos ¿sí? Vamos, Ava

Sacudo la cabeza mientras intento tomar aire, pero siento que mis pulmones no se llenan. Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas.

—No puedo… no puedo respirar.

—Sí puedes. Estás respirando. Mírame. -Levanto la mirada con dificulta – Inhala conmigo.

Lo intento. Una respiración corta y temblosa es lo que consigo.

-Bien, ahora otra vez

Vuelvo a respirar profundo, me tomo mi tiempo. Respiro una y otra y otra vez hasta que por fin logro estabilizarme. El aire vuelve poco a poco a mis pulmones y siento cómo el peso que tenía sobre el pecho comienza a desaparecer. Me limpio las lágrimas con el dorso de la mano y bajo la mirada, avergonzada.

-¿Mejor?-pregunta suavemente

-Sí, gracias por ayudarme

-¿Desde cuando tienes ataques de ansiedad?

-No se, no desde hace mucho-digo mientras intento restarle importancia

-Ava, Creo que algo te está pasando y deberías hablar con tu mamá.

Aquí vamos, no quiero que toque ese tema, no quiero darle explicaciones.

-Estoy bien, solo estoy un poco estresada por algunas cosas pero estoy bien.

-Ava…

-Gabriel, por favor no te metas en esto y por favor no le digas nada a mi mamá. Esto es un asunto mío y de nadie más.

Gabriel no dice nada, se queda en silencio así que yo opto por levantarme de la silla para ir a mi habitación.

-Gracias por ayudarme- digo antes de salir por la puerta. Camino hacia las escaleras intentando mantener la respiración tranquila, aunque todavía siento el cuerpo débil y las piernas un poco inestables.

Me cuesta demasiado aprender a calmar mis ataques de ansiedad. Últimamente son más constantes y cada vez más fuertes.

Por fin llego a mi habitación y cierro la puerta con cuidado, apoyo la espalda contra ella y cierro los ojos. Ese nudo en el pecho vuelve a aparecer y las lagrimas empiezan a caer por mis mejillas.

-Estoy bien- susurro para mi misma, para tratar de convencerme de que todo esta bien

Me separo de la puerta y camino hasta mi cama. Me siento en el borde y escondo el rostro entre mis manos. Las lagrimas siguen saliendo ese dolor en el pecho permanece ahí. Por qué no puedo simplemente estar bien?

Intento respirar nuevamente, pero esta vez cada respiración viene acompañada de un pequeño sollozo. Me limpio las mejillas, aunque es inútil. Las lágrimas continúan cayendo.

Levanto mi sudadera para ver las marcas que están en mis brazos, algunas están cicatrizando otras son más recientes . Esta es mi manera de liberarme aunque se que no esta del todo bien.

Nadie sabe de mis marcas, solo Gabriel porque las vio, ni siquiera le he dicho a Sofía porque tengo miedo de como me mire después, no me gusta que me miren con lastima, no quiero que piensen que esto lo hago solo para llamar la atención.

Bajo mi sudadera rápidamente y me quedo mirando mis manos. quiero dejar de sentir todo esto por unos minutos. Quiero que mi cabeza se calle, que deje de recordarme cada cosa que hice mal, cada palabra que dije, cada vez que me miré al espejo y no reconocí a la persona que estaba frente a mí. Es complicado porque por más que quiera desahogarme con alguien no puedo, algo dentro de mi me dice que mis problemas son solo míos y que no debo de molestar a los demás con mis cosas.

Me recuesto y hundo mi cara en una de mis almohada, siento como el cansancio termina venciendo cada unos de mis pensamientos. No se en que momento me quedo dormida pero cuando vuelvo a abrir los ojos, la habitación está casi completamente oscura. Por un instante no sé dónde estoy. Parpadeo varias veces y miro hacia la ventana. El cielo ya tiene ese tono oscuro que anuncia que la noche ha llegado.




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