Entre Harina y Orgullo || : El Perdon Del Olimpo

Capítulo 4: La Decisión del Consejo Familiar

Esa noche, el ambiente en la casa de los Moretti era de profunda reflexión. Sentados a la robusta mesa de madera de la cocina, después de cenar y de que el pequeño Leo se quedara profundamente dormido tras escuchar su cuento favorito, Dimitris le contó a Alessa cada palabra de la tensa conversación que había tenido con su padre en la oficina.

Alessa lo escuchó en silencio, manteniendo su mano entrelazada firmemente con la de él sobre la mesa. Ella sabía cuánto le había costado a Dimitris construir su propio camino, alejarse de la sombra de su apellido y forjar su identidad. Podía sentir la tensión en los músculos de su brazo.

—Si tú no quieres ir, Dimitris, no tenemos nada que buscar allá —dijo Alessa con dulzura, mirándolo con esos ojos castaños llenos de un amor incondicional—. Aquí lo tenemos todo. Tenemos nuestro trabajo, nuestra casa, a mi padre y, lo más importante, somos felices. No necesitamos su dinero ni su aprobación.

Dimitris suspiró profundamente, pasándose una mano por su cabello oscuro e indomable, un gesto que delataba su conflicto interno.

—Lo sé, amor. Sé que tu familia me dio todo el amor del mundo y me enseñó lo que realmente importa —respondió Dimitris, mirando hacia la ventana—. Pero él es mi padre. Está viejo, y aunque su orgullo no le permite admitirlo, vino a buscarme. No quiero que el orgullo, ni el mío ni el de él, destruya la que podría ser la última oportunidad de hacer las cosas bien, de que él conozca a Leo.

Alessa sonrió con esa determinación y valentía que a él tanto lo volvía loco desde el primer día que la vio defendiendo la pizzería.

—Entonces, vamos a ponerlo a prueba, Dimitris —dijo Alessa, su voz firme pero llena de esperanza—. Viajemos a Grecia. Aceptemos la invitación, pero bajo nuestros propios términos. Vamos a ver cómo nos tratan allá, cómo me tratan a mí y, sobre todo, cómo tratan a nuestro hijo. Si tu familia está lista para respetarnos como la familia que somos, abriremos esa puerta a la reconciliación. Si no, si solo hay desprecio y frialdad, nos regresamos en el primer vuelo disponible y nos olvidamos del Olimpo para siempre.




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