Entre la ficción....y yo

La Maldición

En la Inglaterra de 1811 vivía Lizy, una chica de clase alta que solía visitar el campo con sus amigos. Lizy, de once años de edad, amaba jugar junto al río.

Uno de esos días, mientras jugaban a ser libres, sin querer una niña la empujó, por lo que casi cae al río. Lizy, al darse cuenta de quién la había empujado, solo esperó a que los otros niños se fueran.

Y como si una energía oscura se metiera dentro de su alma, tomó una piedra cerca del río y, cuando la niña estaba distraída, la golpeó varias veces en la cabeza.

Lizy, quien después recobró el sentido y vio lo que había hecho, no tuvo más remedio que correr.

La chica parecía dulce y muy encantadora.

Cada día que pasaba, Lizy se enamoraba más de la joven.

Un día pasó de visita una tía de ella.

Le regaló una muñeca de porcelana.

La joven estaba tan contenta.

La joven llevó la muñeca a su cuarto.

Y al filo de la medianoche… la muñeca habló.

La muñeca:

—Hola, Blair. Soy Casandra —susurró cerca de su cama.

Blair se levantó aún dormida.

Pensó que era parte de alguna pesadilla.

Casandra:

—Hola —la muñeca había saltado a su cama.

Blair, perpleja, solo abrió sus ojos de par en par.

Su respiración era más veloz.

Casandra:

—Cariño, estoy aquí porque quiero que una persona se vaya al infierno —dijo. Su voz sonaba rencorosa; Blair tembló al escuchar esas palabras —. Te contaré la historia: mi nombre es Casandra Peters. Solía tener 9 años — dijo —. pero una maldita rata me golpeó en la cabeza —cuando dijo aquello su voz se tornó tenebrosa, parecida a la de un ogro —. Estaba sola en el río con otra niña, era mayor. La había empujado sin querer y ella simplemente me golpeó hasta la muerte. Todos me dejaron por eso. Los destruiré… Me ayudarás, ¿verdad?.

Blair estaba sin palabras.

Ni un segundo había pasado cuando Casandra se abalanzó sobre Blair.

Blair luchaba con sus fuerzas para quitarse a Casandra de encima. Tristemente no pudo.

Solo un: “¡AHHHHH!” se escuchó como eco por toda la casa.

Nadie escuchó…

No mucho después de aquello… llegó una amiga de Lizy a saludarla.

Lizy y su amiga conversaban cerca de la entrada de la mansión.

Blair, quien estaba cerca de las escaleras, escuchaba la conversación.

Reconoció al instante a la chica con quien hablaba Lizy; era nada más y nada menos que una de las chicas que estuvo el día de la tragedia de Casandra.

Casandra, ahora dentro de Blair, se revolcaba de rencor.

Minutos más tarde, cuando la amiga de Lizy se había marchado y ya muy noche, Casandra, dentro de Blair, empezó a planear la forma de vengarse.

Salió de la mansión.

Entró a su casa y la asfixió con una almohada.

Al día siguiente Blair se levantó con total tranquilidad.

Mientras a Lizy le llegaba la noticia de que su amiga había sido encontrada muerta en un río cerca de Yorkshire.

Fue un golpe duro para Lizy.

Pero poco a poco eso iría desapareciendo gracias a Blair, que al parecer gustaba de coquetear.

Cuando menos lo había pensado, Lizy se había enamorado de Blair.

El plan de Casandra había salido a la perfección.

Un día, mientras Lizy y Blair tenían un encuentro fogoso en su cuarto, la mamá de Blair entró por la puerta. Furiosa, tomó a Lizy de los pelos y se la llevó de ahí.

“¡AHHHH!” se escuchaban los gritos de Lizy, quien estaba siendo golpeada fuertemente por la mamá de Blair. Casandra, dentro de Blair, se reía a carcajadas.

Blair Thompson:

—¡JAJAJA, JAJAJA! —se reía horrorosamente—. Todo ha salido. Pero falta el final.

Los gritos cesaron.

En la mañana, Lizy se levantó adolorida.

Pero le pareció tan extraño no escuchar ruidos.

Lizy salió a gatas y llegó a la sala, pero no encontró a nadie.

Entonces siguió su camino hacia la cocina.

Lo que encontró allí fue una escena macabra.

La mamá de Blair estaba muerta en el piso; tenía puñaladas en sus partes y estómago.

Blair Thompson:

—Hola, Lizy.

Lizy apenas escuchó la voz de Blair y dio un salto que casi llega al techo de la mansión.

Blair Thompson:

—¿No te acuerdas de mí? De tu amiga Casandra Peters.

Cuando Lizy escuchó ese nombre empezó a vibrar de miedo.

Blair Thompson:

—¡JAJAJA! Así te quería ver — una sonrisa diabólica salía de ella.

Blair se elevó sobre sus piernas y se acercó a Lizy.

Blair Thompson:

—Querida Lizy, vamos a hacer un negocio. Tú te sientas ahí y yo te amarro.

Lizy Evermore:

—Y-o… Blair, ¿qué ha sucedido? —decía; mi mandíbula temblaba.

Blair sacó el cuchillo que tenía escondido y lo elevó a la cara de Lizy.

Blair Thompson:

—Si no haces caso, yo te deformaré la cara —tenía mirada siniestra.

Lizy no tuvo otra opción que sentarse y esperar a que Blair la amarrara.

La cuerda se tensó alrededor de sus muñecas.

Blair inclinó la cabeza con una sonrisa que no le pertenecía.

Después de haberla amarrado…

Blair sostuvo la mirada de Lizy unos segundos más.

Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

Blair Thompson:

—No te muevas —susurró con dulzura.

Se dio media vuelta.

Sus pasos descendieron lentamente por el pasillo.

La casa crujía.

La cuerda raspaba las muñecas de Lizy cada vez que intentaba soltarse.

Lizy inhalaba y exhalaba con desesperación, tratando de mantener la calma.

Contenía el llanto.

Pero la ansiedad que sentía… la estaba enloqueciendo.

Desde la cocina se escuchó el sonido de un cajón abriéndose.

Metal contra madera.

Un silencio.

Luego… el leve roce de una caja de fósforos.

Lizy dejó de respirar.

Blair regresó.

En su mano, una pequeña caja.

En su mirada… algo que ya no era humano.

Blair Thompson:

—Oye, Lizy… regresé — tenía una mirada macabra.




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