Entre la Filosofía y la Ingeniería

Capítulo 1

Me levanté por el sonido de la alarma, sería un nuevo comienzo en mi vida, papá dice que estudiar una universidad me ayudara a tener un buen trabajo y con eso una buena paga pero no estoy tan seguro, trabajé lo suficiente hasta conseguir un carro y tengo dinero tanto para gastar como guardado, aunque a veces mi mamá o abuelos me dan así que estoy bien, pero aquí estoy, levantándome a las 6 de la mañana para ir a la universidad, ni siquiera son las clases normales, son solo cursos que dan dos semanas antes de entrar lo cual no entiendo pero allá voy, mamá dice que pueden ser de ayuda y papá estuvo de acuerdo.

Después de bañarme y cambiarme agarro mi mochila ya preparada con lo que ocupo porque me gusta preparar todo antes, bajo y la pongo en el sillón mientras me dirijo a la cocina, no soy mucho de desayunar así que solo voy por mi bote que llené de agua por la noche. Checo mi celular y me encuentro con unos mensajes de mi mamá: “no vamos a estar, vete con cuidado”, con razón se siente tan tranquila y vacía la casa.

Salgo y cierro y me dirijo a mi camioneta, pongo mi música y me voy hacia la universidad, sin ganas. Tuve que salir con tiempo de sobra porque en la mañana hay mucho tráfico pero en el camino me voy dando cuenta que no está pesado, quizá porque todavía no inician clases para todos, así que voy calmado disfrutando de la música. Llego al estacionamiento del estadio y checo la hora 6:40am, me bajo y camino hacia FIME, escuchando Twenty One Pilots en mis audífonos.

Mientras camino voy viendo la universidad, es muy grande, sabía que es una de las más queridas de la UANL pero no sabía qué tanto, hay muchos alumnos alrededor, obviando que son más hombres que mujeres, camino en dirección a buscar mi salón.

Tocan mi hombro.

— Hola, ¿Sabes donde se encuentra el salón 101? — Volteo a mirarlo, es un chavo grande, más alto y más fuerte que yo.

— Si, de hecho justo voy a ese salón — no quería hablar, pero tenía que ser educado, además se ve que es una de las personas que no se te despegan. Seguí caminando.

— Asombroso, soy Diego — sentí que se puso a mi lado y empezó a caminar conmigo, significa que ya no tendré un inicio tranquilo.

— Luis —

— ¿Haces deporte? — ¿Es que acaso no se iba a callar nunca?

— No, no hago —

— A mi me gusta el fútbol americano, de hecho me voy a meter — siguió hablando pero la verdad no le puse atención, no tenía ganas.

Llegamos al salón y Diego se sentó a lado mío, llegó una chava y se sentó enfrente de él así que se la pasaron hablando y por fin me deshice por un momento de su plática, un chavo se sentó enfrente mío, Diego le comenzó a hablar, muy extrovertido de su parte.

— Hola, soy Diego, ella es Miriam y él es Luis — la chava “Miriam” lo saludó y yo solo me quedé viendo.

— Hola — sonrió — soy Javier — parecía tímido.

— ¿Te gusta el deporte?.

— Si, pensaba meterme al fútbol americano…

— ¡Genial! Yo también.

Y siguieron hablando y yo me volví a perder. No porque me molestaran, si no porque no me sentía tan entusiasmado ese día.

Para ser clases propedéuticas si que encargaron tarea y mucha, quizá nos vieron muy flojos, hubo momentos en los que nos tocó hacer equipos, entonces nos juntábamos los 3, al final Diego nos agregó a mi y a Javier a un grupo de WhatsApp, quiso agregar a Miriam pero ya tenía su propia grupito de amigos, así que Diego nos nombró como “el trío”.

Siempre que salíamos de clases nos poníamos a platicar o a jugar un rato o los acompañaba a su práctica de deporte, o simplemente sin hacer nada y yo estaba contento con eso, sabía que llegando a mi casa tendría que ponerme a hacer la tarea o a estudiar, “es por tu bien” decía mi papá pero a veces no lo entendía, no entendía a mi familia, pero fue la que me tocó, no tenía otra opción, aunque a veces no era tan malo, había risas y música y baile y pláticas buenas, cuando él no tomaba, si lo hacía había peleas, gritos, charlas que no siquiera entendía, tenía que quedarme callado y escuchar, después de rato uno entiende porqué no debería de decir algo.

— ¿Saben? Siento que este semestre será algo muy diferente, habrá mucha emoción — había dicho Diego en uno de esos días de pláticas después de clases. Además de platicador era muy filosófico.

— ¿Quizás porque estamos iniciando un nuevo y primer semestre? — siempre me sorprendía cuando Javier hablaba, era muy cálida su voz, pero nunca lo diría en voz alta.

— Pues si, así piensas ahorita porque todo es nuevo, ya después te acostumbras — era obvio.

— No lo entienden, siento algo dentro de mí que dice que habrá muchas cosas interesantes en este semestre. — cerró los ojos y sonrió.

Yo rodeé los ojos, una sonrisa se me quiso salir pero no la dejé, muy dentro de mí sentí una chispa, pero fingí no notarla.

— ¿Cómo te fue está semana?.

Había ido a la cocina por un vaso de agua, me sentía cansado de estudiar y quería refrescarme, mi mamá estaba ahí, sentada mientras veía un catálogo y anotaba en él lo que quería.

— Bien.

Siempre fuí de pocas palabras y más con ellos, me sentía incómodo en su presencia y sentía que hablar de más sería un error.



#7483 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 16.01.2026

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