Entre la Filosofía y la Ingeniería

Capítulo 7

Al despertar sentí un poco de dolor en los hombros, entendía que era porque Vanessa se había acostado en mi hombro, pero, ¿el otro? ¿Habrá sido Santiago? Negué con la cabeza, no iba a dejar que eso pasara, estiré mis brazos e hice círculos con mi cabeza, para recuperarme un rato. Me fijé en los demás, Javier y Alonso parecía que seguían dormidos, Vanessa seguía dormida pero ahora su cabeza estaba recostada en la ventana, Santiago estaba leyendo, que curioso.

— Que sorpresa, un chico de Filosofía y Letras leyendo — le dije con voz divertida mientras tomaba un poco de agua. Lo vi rodando los ojos.

— Pensé que tendría un viaje tranquilo, me equivoqué — eso me dió risa.

— ¿Qué lees?

— Que metiche — ahora fue mi turno de rodar los ojos, ¿Por qué me tocó estar sentado a lado de él? Por lo menos ya no faltaba mucho para llegar.

— ¿Es algo… gay? — me sentí como un niño cuando me escuché decir eso, pero no me podían culpar, no por como me enseñaron.

Se me quedó viendo y no supe que encontró en mi cara porque después de un rato suspiró y me dió el libro, “Aristoteles y Dante descubren los secretos del universo” se leía en la portada, no lograba entender de que era, así que me puse a leer lo que decía atrás.

— Ya se que parece algo de filosofía y eso por los nombres y el título, pero es otra cosa, trata de amistad, romance, la familia, es bueno, por lo menos hasta donde voy.

Asentí mientras terminaba de leer, lo abrí y leí un poco el primer capítulo.

— Suena… Interesante — murmuré mientras se lo daba.

— ¿Te estás burlando? — me preguntó mientras me miraba y alzaba una ceja dudosa.

— No, de verdad suena bueno — voltee a otro lado incómodo, no sabía que me pasaba y decidí acostarme y cerrar los ojos, antes de hacerlo vi que Santiago quería decir algo pero mejor se quedo callado, mejor para mi; dormí lo que restaba del viaje porque luego me empezaron a hablar, al parecer ya solo quedaban unos minutos de llegada, suspiré y estiré mis brazos, después de los minutos bajamos, con todo y equipaje.

— ¿Ya tienen todo listo? No se les vaya a olvidar nada — Ya estábamos los 5 reunidos, con todo lo que llevábamos así que solo andaban pasando lista sobre las cosas — Bien, en unos minutos más vienen por nosotros.

Estábamos platicando un poco hasta que llegó una camioneta con caja abierta, creo que se llaman pick-up, de ahí salió un señor muy parecido a Diego, se saludaron y luego vinieron con nosotros.

— Chicos, él es mi padre Thomas, pa’ ellos son Javier, Vanessa, Luis y Santiago — mientras nos iba nombrando también nos señalaba.

— Mucho gusto — dijimos todos.

— ¡Vaya mijo! Uste’ si que tiene muchos amigos, un gusto — nos sonrió — pero subanse, adentro cabemos 3 en total, las maletas y los demás afuera.

Nos fuimos así: Vanessa, Javier y el padre de Diego dentro, Vanessa y Diego adentro porque no les gustaba tanto el aire en sus caras, afuera íbamos Diego, Santiago y yo. El camino fue tranquilo, cómodo, hablábamos de repente, más Diego ya que señalaba lugares y nos explicaba que era.

Llegamos a su casa, era grande, de dos pisos y de color hueso, nos bajamos y bajamos las maletas, nos adentramos a su casa, era espaciosa; ahí dentro estaba una señora que nos sonrió al vernos.

— Diego mijo, te extrañamos mucho — lo abrazó y lo llenó de besos, nosotros solo nos quedamos parados sin hacer nada, fingiendo que no existimos hasta que se separaron y voltearon a vernos.

— Ma, ellos son mis amigos, Javier, Luis, Vanessa y Santiago — nos iba señalando a cada uno mientras decía nuestro nombre, ella se acercó y abrazó a cada uno.

— ¿Cómo les fue en el viaje? Deben de estar cansados, acabo de preparar la comida, podrían quedarse a comer — se fue a la cocina y nosotros nos miramos sin saber qué hacer.

El papá de Diego nos dijo que dejáramos las maletas en la sala por el momento para ir a comer, entonces eso hicimos y fuimos a ayudar a poner las cosas en la mesa, cuando acabamos nos sentamos y esperamos; ellos se sentaron con nosotros y dieron las gracias por la comida, después empezamos a comer, era pozole, un plato que lleva elote, carne, caldo rojo por las especias y chiles y había otros platos con lucha, rábano, cebolla y limón por si querías ponerle al pozole.

No era muy especial con la comida, tuve que aprender a comer de todo así que podía con esto, no era mi platillo favorito pero estaba bueno, así que le eché de todo y empecé a comer, toda la comida estaba buena, de verdad me gustó.

— Vaya, nunca había probado esto, está muy bueno — dijo Nessa a lado mío y todos asentimos estando de acuerdo con que estaba bueno.

Después de eso nos fuimos a ver el lugar, Diego nos señalaba los lugares y nos explicaba, nos tomábamos fotos, paseábamos. Así iban nuestros días, gracias a que los padres de Diego prácticamente nos obligaron a quedarnos en su casa comíamos ahí y luego ibamos a pasar, tuve mis lindos momentos con Vanessa, como citas o veces en las que los demás nos tomaban fotos para burlarse de nosotros, aunque igual estaba feliz de que me pasaran las fotos ya que nos veíamos muy bien.

Pero también descubrí otras cosas que no quería saber y que terminé escondiendo de nuevo. Me desperté, el cuarto en el que estábamos era espacioso, así que aquí estábamos los 4, en cambio Vanessa estaba sola en otro cuarto, cuando me levanté de la cama vi a Santiago en el piso durmiendo, tenía la boca abierta y estaba de lado, me reí, fui al baño y luego bajé y estaba el papá de Diego viendo la tele, le saludé y él asintió con la cabeza.



#9713 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 07.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.