Entre la Filosofía y la Ingeniería

Capítulo 8

Los días siguientes eran raros, me despertaba pero no me sentía despierto, comía pero no sentía la comida, caminaba pero no sentía las piernas, me comunicaba pero no entendía lo que salía de mi, ¿Es normal sentirse así porque alguien te haya hablado? ¿Lo entenderé algún día?

Salía con todos ya que no me gustaba quedarme en la casa solo, creo que no dormía, era patético y lo sabía y sentía que los demás sabían pero no preguntaban nada, nunca me volví a encontrar con el papá de Diego. No quería que volviera a platicar conmigo como si me conociera.

Me tomó tiempo pero dejé de sentirme así, digo, estaba de vacaciones en una ciudad que no conocía, con amigos y una novia que quiero mucho, si Vanessa, Nessa por el monstruo del Lago de Ness como ella me había dicho, sonreí de solo recordar eso, no tenía porqué estar en otro mundo, ya que no soy de otro mundo, estoy en el presente y eso es lo que debo de hacer, vivir el momento.

Habíamos salido a un antro, miré con sorpresa a Diego ya que pensaba dos cosas, a poco había antros aquí y bueno, nunca había estado en uno y todos me miraron sorprendidos cuando les conté eso.

— ¿En serio nunca has ido a un antro? — me preguntó Santiago y yo lo miré mientras negaba con la cabeza.

— ¿Es malo no haber ido a uno? — dije sin sonar preocupado por no ir, nunca tuve las ganas de querer ir a alguno, Nessa apretó mi mano con suavidad y la miré, pero ella no me miraba.

— Pues vayamos entonces, tienes que conocer uno y disfrutar del lugar — decía Diego mientras iba liderando el camino, con Javier y Santiago atrás de él, Vanessa y yo seguíamos, por alguna razón nosotros no hablábamos pero yo no sentía nada incómodo, estaba curioso del antro, no voy a mentir, cuando llegamos al carro Nessa me soltó la mano.

Llegamos al antro, eran las 8 de la tarde y ya había gente, estábamos sentados mientras pedíamos que tomar y platicamos ya que la música no era tan fuerte y nos podíamos escuchar a todos.

— Tienes que probar esto — escuché que le decía Santiago a Javier y yo negaba con la cabeza divertido mientras tomaba.

Las horas pasaban y más nos divertíamos y más se nos pasaba el alcohol de las manos, en algún momento vi a Nessa, pero la veía rara.

— ¿Estás bien? — le pregunté mientras me acercaba a ella para que me escuchara.

— ¡¿Qué?! — me preguntó en un grito y yo volví a repetir lo mío — Si, es solo que quiero bailar — dijo mientras se tomaba lo que quedaba de su vaso y le iba a decir que yo podía bailar con ella, tal vez no sepa bailar, pero el alcohol ayudaba — ¡Santi vamos a bailar! — escuché que le gritaba a Santiago y las palabras se quedaron en mi boca, vi como lo agarraba de la mano y se lo llevaba a bailar. Algo dentro de mí se quedó pensando, pero antes de que lo procesara bien Javier me dió a probar de una bebida y me perdí.

No sabía qué hora era, solo me la pasaba bailando y tomando como si no fuera nada malo, pero hay algo diferente, porque yo nunca había hecho esto y si mi familia me viera no creería que era yo, pero bueno, no están aquí y yo tampoco estoy aquí. En algún momento sentí que alguien me jalaba del brazo y me decía algo, pero no lo entendía, hasta que dejó de hacerlo y vi a Santiago.

— Hola Santi — dije mientras sonreía y vaya que estaba borracho porque nunca habría hecho eso o tal vez si, no estoy en mi capacidad de pensar.

— Vaya, ¿Pues cuánto tomaste? — Me preguntó y yo me reí, me caía tan bien, le di pequeños golpes en el hombre.

— Me caes muy bien — le grité en su cara y él me alejó, yo me maree por eso.

— Te vas a enojar mucho si te enteras de eso sobrio — no le puse atención y acaricié su cabello, era tan suave, ¿Cómo le hacía para que se viera así? Santiago se separó de mí — Bien, ya entendí que estás lo suficientemente borracho como para pensar bien, hay que irnos.

¿Irnos? ¿Por qué alguien querría irse de un lugar que te hace alejarte del mundo verdadero?

— No quiero — dije con un puchero, Santiago me agarró la mano y nos fuimos, yo solo podía sentir que su mano se sentía cálida, pero diferente a la de Vanessa y quizá por el alcohol veía todo en cámara lenta y borroso, solo veía la espalda de Santiago. Después de unos minutos que parecían horas ví a los demás, abracé a cada uno.

— Vaya, si que eres débil al alcohol — dijo Diego con una sonrisa y yo solo me reí, después vi a Vanessa y la abracé.

— Vanessa, hola — dije sin dejar de abrazarla y ella se rió.

— Hola Lu — la escuché decir.

— Hola Lucer — le dije mientras me reía — ¿Sabías que Santi tiene las manos cálidas?

Vi como su cara cambiaba por un momento y la sentí como que quería decir algo.

— ¡Ya hay que irnos! — gritó Javier y todos lo seguimos a la salida o eso creo porque de repente sentí el aire fresco, me subí a la camioneta.

En algún momento me quedé dormido, porque desperté y estaba en el carro, tenía la cabeza en el hombro de alguien, sentí el perfume de Vanessa y sonreí mientras me volvía a dormir. Sentí que me movían y me desperté, entre voces me salí de la camioneta y me dieron un vaso con agua, me lo tomé lo más rápido que pude y entre resbalones me fuí a mi cama y me dormí sin quitarme algo.

Me desperté con un fuerte dolor de cabeza mientras me tapaba los ojos por el sol, ¿Cómo es que unos cuantos tragos me hacían doler la cabeza? No tengo ni idea pero pensar solo hacía que el dolor aumentará, me quedé un rato en la cama tratando de recordar lo que hice ayer y como fue que llegué a la cama pero mi mente estaba bloqueada. Cuando me sentí un poco mejor me levanté de la cama y salí hacía el baño, no recordaba verlo tan cerca pero no importa, me lavé la cara y me ví en el espejo, tenía el cabello en todas partes menos en donde debería de estar, así que lo mojé con agua y me lo traté de acomodar; después de eso bajé y los ví a todos comiendo.



#10106 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 23.05.2026

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