Entre la Filosofía y la Ingeniería

Capítulo 11

No fue fácil, nunca sería fácil pedir ayuda, ni entender que estás mal, pero por lo menos ya no intentaba ocultarme, aún me costaba pero era más fácil abrirme y además los tenía a ellos. Tenía a Javier y a Diego a mi lado, siempre estaban conmigo y siempre teníamos la suerte de tocar en los mismos grupos, los iba a ver a sus partidos con Santiago, también estaba agradecido de tenerlo a él, aunque a veces la duda aparecía ¿Por qué seguía siendo mi amigo? Si se supone que era amigo de Vanessa entonces ella le hubiera contado como pasó todo y entendería que no me hablara, pero nunca dijo nada y yo por alguna razón tenía miedo de saber.

Mis papás pasaban menos tiempo en la casa, así que aprovechaba y los llevaba ahí, nos poníamos a ver películas, a veces se llevaban videojuegos y jugábamos, otras veces salíamos; también estaban los momentos donde me sentía mal, donde no quería salir de la cama, pero no me dejaban solo, no entraban los tres, siempre era solo una persona qe me preguntaba cómo me sentía, se sentaba a mi lado y se quedaba ahí, a veces hablábamos, a veces no hacíamos nada, pero nunca me abandonaron, supe que tendría que mejorar, por ellos y por mí.

Un día, yo estaba en una mesa de la universidad, estaba solo ya que Diego y Javier se habían ido por un partido, como estaba concentrado en lo que hacía no me sentía mal por no tener a nadie, me habían salido anuncios sobre psicólogos y estaba buscando, comparando entre los que había en la universidad tanto como otros, buscaba información sobre cómo era, sólo quería revisar por si acaso, una curiosidad que crecía en mí, no recordaba que tenía amigos chismosos.

— Creo que depende también de cuánto tiempo y dinero vas a invertir — escuché que alguien decía a mi lado, me sobresalte y volteé a mirarlo, era Santiago, inconscientemente puse mi mano en mi pecho mientras me calmaba.

— ¿Qué? — pregunté cuando pude respirar con normalidad.

— Si buscas un psicólogo tienes que saber que tomará horas de tus días, si no tienes dinero las universidades tienen psicólogo, pero quizá sea difícil encontrar una hora, estarán llenas, pero si piensas comprar tienes que buscar una que sea buena, hay psicólogos que tienen la célula pero no sirven para nada — Santiago seguía explicando y yo solo lo miraba con confusión.

— Bueno, solo estaba viendo, no es como si quisiera ir o algo — dije mientras cerraba las páginas en la laptop voltee a verlo estaba sonriendo y yo solo tosí — ¿Ya no tienes más clases o algo? — pregunté mientras veía hacia otro lado con vergüenza.

En eso llegaron Diego y Javier y no supe si sentirme alegre o nervioso por su llegada.

Hace mucho que no podía respirar sin sentir que me estaba ahogando, ¿Cómo es posible que unas personas me hagan querer vivir y sentir tanto? Lo bueno es que Santi no dijo nada sobre lo que estaba buscando, aunque creo que no me sentiría mal si ellos lo supieran, no es como si me criticaran o algo. Las horas pasaron mientras los cuatro platicabamos, hasta que se tuvieron que ir, Santi fue el último, me miró y tocó mi hombro.

— Nadie te va a juzgar si quieres ir al psicólogo, es una forma de sanar — me dijo mientras sonreía y yo solo me le quedé viendo mientras asentía, me dió un pequeño apretón en el hombro y después se fue. Me quedé viendo por un tiempo el lugar por donde se fue y luego tragué, negué con la cabeza y me puse los audífonos, escuché a Aurora cantando “Running with the wolves” mientras volvía a buscar psicólogos por todo Monterrey.

Sabía que llegaría el momento en donde tenía que hablar con los demás, con Diego, con Javier, con Santiago, tenía miedo pero por el momento lo sentí bien, iba en mi camioneta escuchando a Pink, su canción “Try” me decía algo, así que fuí de camino a la casa de Diego, sabiendo que Javier estaría ahí, era el momento, quizá mis manos temblaban pero no quería seguir pasando los días sin abrirme con ellos, si ellos me aceptaron ¿Por qué no dar el siguiente paso?

Llegué, ellos estaban afuera, platicando pero por alguna razón sentí que también me estaba esperando, era ahora o nunca, tomé un gran bocado de aire y luego lo solté, estacioné la camioneta y le dí un soplido a mi vape, bajé y caminé hacia ellos, no me vieron hasta que estaba a cinco pasos de ellos.

— Hola — les dije y por dentro me morí de vergüenza porque ¿Quién saluda a sus amigos así?

— ¿Por qué tan diplomático? — me dijo Javier mientras los dos reían y yo sonreí, nos saludamos y me senté con ellos, por algunos momentos no hablamos de nada, solo nos quedamos viendo hacia enfrente, viendo pasar a la gente, los carros, sintiendo el aire, es como si me dieran un momento para pensar, para tranquilizarme, siempre estaré agradecido con ellos, después de unos momentos me solté, más relajado, con miedo pero me volví a soltar con ellos.

— ¿Por qué nunca nos lo contaste? — cuando me preguntó eso me acordé a cuando estábamos en el hospital y conté todo y me dolió volverlo a escuchar porque se escuchaba dolido y tenía razón, los alejé de mí, no permití que entraran en mí, solo me dejé llevar, me concentré tanto en mí que no pensé en nadie más.

— Creo que seguía teniendo miedo, sigo teniendo miedo, me la pasé viviendo en una familia que nunca hablaba sobre sus sentimientos, que los abrazos solo pasaban en fiestas, que los “te quiero” solo ocurrían en eventos, que no supe como demostrarlo, que no supe como abrirme con ustedes, no supe ser un amigo y nunca me lo perdonaré y si ustedes me perdonan juro que empezaré a cambiar, dejaré de ser el mismo de siempre, seré más amigable, cambiaré.



#10106 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 23.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.