Entre la Filosofía y la Ingeniería

Capítulo 12

Era mucho que sentir, salí de la camioneta después de manejar por un rato más, corrí, sentía la lluvia pero no me importó. No sabía qué hacer. Pensé en Santiago, en su sonrisa y caí de rodillas, no sabía si estaba llorando o era la lluvia, quizá las dos. Lo entendí, entendí todo, porque lo odiaba tanto, porque no lo soportaba, porque nunca había visto cómo era, porque nunca lo dejé entrar, porque no era feliz con Vanessa aún cuando la quería y era porque no quería pensar en él aún cuando terminaba pensando en él, en como su nombre en mi mente pasaba de ser Santiago a Santi y luego otra vez a Santiago y otra vez a Santi, no quería darme cuenta, ese pensamiento estaba cerrado con muchos candados que nunca me dí cuenta cuando empezó a liberarse, me tiré al piso, a la calle, en la noche, en la lluvia, no me importaba que me pasara algo. “Wasteland” fue como me sentía en ese momento, era de una serie del juego LOL, pero la sentí mía en ese momento.

“This world is a wasteland where nothing can grow
I used to have strength, but I ran out of hope
I know it's my fault that I'm here all alone
This world is a wasteland

Please let me go…”

No me había dado cuenta que me había quedado dormido hasta que un carro me pitó, me levanté y el señor del carro pasó a mi lado, me gritó un montón de cosas y luego se fue, me subí a mi camioneta y llegué hasta mi casa, las luces estaban prendidas pero no me importó, tenía el vape en mi mano pero no me importó, entre mojando el piso pero no me importó, hasta que vi a mis padres en la sala, los dos enojados, los dos mirándome, me di cuenta que en la mesita estaba otro vape mío y una carta que nunca había visto, me acerqué y pude darme cuenta que estaba el nombre de Santiago, pero no llegué a ella porque sentí algo en mi mejilla, algo que hizo caerme al piso, una cachetada, ví a mi mamá llorar mientras se preguntaba cómo es que pudo dar a luz a un hijo así y que si su dios la estaba castigando, lo entendí antes de sentir como mi papá me agarraba del cuello y me zarandeaba.

— ¡Te dimos una casa, te cuidamos, te dimos de comer, dinero, un lugar! ¿Así es como nos lo pagas? ¿Sabes como es sentir que tu hijo es un marica de mierda y que además se pudre el cuerpo? — me seguía zarandeando mientras me gritaba, cuando recuperé la fuerza de mi cuerpo me lo quité, no importaba si no quería que yo hablara, lo iba a hacer, porque estaba cansado de tener miedo, estaba cansado y no me iba a dejar, ya no.

— ¿Qué? ¿Estás enojado porque yo si pude fumar y mamá no te deja hacerlo? Porque si no sabías gritan lo suficientemente fuerte como para que todos los escuchen y que si soy un marica, tu eres un metiche y un pinche chismoso y ahí nadie te dice nada, alguien que solo le importa así mismo y nadie más, dejame decirte algo, soy tu hijo, soy igual de podrido que tu, soy igual de creído que tu, por algo nunca te caí bien — escupí cada palabra con dolor, con enojo, con sangre en mi labio mientras sonreía con enojo.

— ¡Callate! ¡No me respondas! — me dió un puñetazo, pero la herida ya estaba abierta, la presa rota, ya no me iba a callar incluso si me mataba, si quería hacerlo que lo haga, pero sabrá mi sentir antes de y se quedara con eso por toda la vida.

— ¡Si! ¡Hagamos eso! ¡Callense para siempre! ¡Calla a mamá y dile que es su culpa! ¡Callame a mi y dime que es mi culpa! Porque siempre es culpa de otra persona, pero nunca es la mía y si me quieres golpear entonces hazlo, es más — pongo la otra mejilla — te falta aquí y todo mi cuerpo, haz lo que sabes hacer, porque es lo único que haces y ni tan bien porque aquí sigo vivo — miré a mi madre y le sonreí, aunque quizá solo me vea como un maldito loco, les cumpliré sus pesadillas — si ma, ya viste, soy un maldito marica, es cierto que tu dios o esa basura te está culpando por tus pecados, ¿qué me harán? Aquí estoy — les digo mientras me rió.

Ella me dió una cachetada mientras lloraba, la segunda cachetada que me daba en la vida, nunca fuimos una familia, pero hoy me di cuenta de eso, él me agarró y me llenó de golpes, los dos seguían gritando, a veces me golpeaba uno, a veces otro, a veces yo golpeaba a alguien, esto terminó cuando se dieron cuenta que me andaba desmayando, porque no querían a un muerto en su piso, ya no me querían ahí.

— Recoge tus cosas, tu ya no vives aquí y cuidado si te vemos regresar porque la madriza que te puse ahora no es nada comparada a lo que te haré si te vuelvo a ver, a partir de aquí tú ya no tienes nada que ver ni con nosotros ni con nuestra familia, ya no eres nuestro hijo.

Escupí sangre y los miré, sus caras enojadas, con tristeza, llorando, con sangre en las manos, sabía que esto pasaría, pero aún así me dolió, ellos se fueron, no ví bien a dónde, pero sé que se fueron y cuando pude levantarme fuí por una mochila, empaqué lo necesario, me llevé mi vape, las llaves de mi camioneta, mi celular, mi cargador, alguna ropa y algunas libretas, me despedí de mi cuarto y cuando fuí a la sala y ví hacía la mesita, dejé ahí el vape, quizá para que ellos se recordarán la basura de hijo que tenían, me reí, agarré la carta, la estudié por un momento y luego la guardé, no quería leerla en este estado; salí de la casa y la ví por última vez, tantas cosas pasaron ahí, buenas y malas, fue mi casa pero no mi hogar, lágrimas salieron de mis ojos, pero no las oculté, las dejé salir, era mi despedida.

— Adiós, para siempre — dije y me dí la vuelta y caminé hacia mi camioneta, me alejé de ahí, pero esta vez para siempre.

No me había dado cuenta la hora, el cielo estaba aclarándose, me fijé en mi celular, eran las 6 de la mañana ¿Cuánto pasé afuera? ¿Cuánto pasé en esa casa? Me fuí a la universidad, no porque no tuviera a nadie, si no porque quería un momento para mi solo, nadie me vió, me senté y me quedé ahí, jugando con mi vape, a veces recostando mi cabeza en la mesa, era un viernes, no entré a las clases por primera vez, a veces me dormía, después de horas me encontraron Diego y Javier, nos fuimos a mi camioneta y yo me acosté en los asientos de atrás, Javier nos llevó a la casa de Diego, entre los dos me curaron, me dejaron dormir por horas y cuando desperté les conté lo que pasó, Diego me dijo que podía quedarme en su casa, me obligó cuando yo empecé a negarme, le dije que si después de reirme, me quedé en su sillón por algunas días mientras me recuperaba, sabía que él me iba a dejar quedarme todo el tiempo que quisiera y aunque estaba agradecido no quería, no porque lo odiaba ni nada de eso, si no porque quería aprender a valerme por mi mismo, volví a encontrar trabajo, también empecé a ir con el psicologo, encontré uno bueno en el centro de Monterrey, cerca del trabajo, así que iba ahí una vez por semana, en el trabajo lo entendieron, era algo que tenía que ver con mi carrera, así que cuando me tocarán las prácticas podría meterlas ahí; ir con el psicologo no era fácil, a veces no hablaba, otras veces hablaba y hablaba que me terminaba agitando, no sabría decir si estaba mejorando o no, pero tenía que tomar pastillas, no eran fuertes ni nada, pero había descubierto que tenía ataques de ansiedad, entonces eran pastillas y en secreto el vape, aunque ya casi no lo usaba, solo lo tenía ahí, me costaba dormir, pero ahí si no me dieron pastillas, porque ya llevaba muchas.



#10106 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 23.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.